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Editorial | Frente de Todos, la campaña a contramano

La campaña chaqueña del Frente de Todos va a contramano de la retórica de “es con todos” de les Fernández. La letanía llorosa de Domingo Peppo y la autosuficiencia de Jorge Capitanich, que incluso milita fuera del PJ como si no necesitara a nadie, han llevado las cosas demasiado lejos.

Peppo nunca quiso ir a una interna contra Jorge Capitanich. Lleva las de perder desde la historia, la coyuntura y el carisma. Y los números lo confirman. Peppo va a perder. Según él, por poquito, pero otros dicen que por escándalo (un eminente dirigente radical ya apostó varios asados a que en el global de las PASO Mingo termina tercero cómodo atrás de Víctor Zimmermann).

Por las dudas el villangelense se ataja: “El eje político de las primarias es nacional, no una interna chaqueña, y el principal objetivo es sumar muchísimos votos que se van a necesitar”, dice, y a su modo adelanta que el desglose de los números duros de las PASO no deberá leerse como una paliza de Coqui sino como un aporte al triunfo de Alberto y Cristina.

A este proselitismo melancólico, pasado de moda, sólo le faltan carpetazos (las candidaturas testimoniales y las chicanas ya están). En frente –y cuando decimos “en frente” no hablamos ya del Chaco–, el sofisticado ejército de aniquilación de Cambiemos edifica una campaña virulenta y global a través de los medios tradicionales, de las redes sociales, de los mensajes de texto y de los metamensajes transversales a todas las plataformas y formatos; utiliza agencias nacionales y extranjeras, herramientas legales y paralegales y produce circuitos de tensión psicológica que promueven un desquicio primitivo.

INCEPTION

Por su alcance global, esta ingeniería afecta a todos; es una bola que se echó a andar y que se lleva puesto lo que encuentra en su camino. Un chaqueño de Colonia Elisa masculla tanto odio como un cordobés de Río Cuarto o un porteño de Almagro. Están locos como cabras puteando todo el día en Facebook, viralizando mensajes de Whatsapp que nadie sabe quién largó primero, espumando rabiosos.

Y todavía algunos intelectuales progresistas creen que el macrismo es chato porque carece de profundidad; que le falta una dimensión. Confunden la parte con el todo: no es lo mismo el macrismo que los macristas.

Por ejemplo Fernando Iglesias, que es bien chato, no es el macrismo: es un agente del macrismo que logró notoriedad provocando en las redes y en la tele, pero mientras él dice estupideces sus socios hacen metástasis en las instituciones, cooptan jueces y alinean periodistas.

Lo mismo Elisa Carrió cuando denuncia que Cristina viaja a Cuba para reunirse con agentes rusos porque tiene un acuerdo con Vladimir Putin para instalar una sucursal de Venezuela en el Río de la Plata y alterar el orden geopolítico del Mundo Libre.

Y los macristas aspiracionales como Alejandro Fantino, que se subieron al barco por problemas de autoestima; o Humberto Tumini, herido pero aún en pie, que anotó la pyme en la agencia de Juan Manuel Urtubey y terminó en el macrismo culposo de Roberto Lavagna. Son soldados y coreutas.

Una “noticia” generada por los think tanks del macrismo puede arrancar indistintamente en las empresas del Grupo Clarín, en la agencia de noticias Télam, en el cruce callejero con un notero para la tele o en la cuenta de Twitter de Carrió, Iglesias u otro “influencer”.

A diferencia de Coqui y Peppo, en el macrismo todos están avisados y trabajan coordinadamente, como apuntó con lucidez Eduardo Aliverti en Página|12. Los candidatos cambiemistas “se adaptan a la campaña y no al revés”.

Por eso, ahora que el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, arranca en Argentina su gira latinoamericana para “fortalecer las alianzas con el Hemisferio Occidental sobre desafíos regionales y globales”, que el peronismo chaqueño siga haciendo política como si estuviéramos a mediados de los ochenta -no importa que gaste fortunas en publicidad, en redes y en asesores- es criminal si de verdad se quiere cambiar el rumbo de la historia.

El macrismo, que se llama distinto en Brasil o en Venezuela, es la expresión local de la política exterior de EEUU y sus avances continentales; el macrismo se lleva puestos presidentes y proyectos. Parece que algunos no entienden la urgencia de la consigna “Es con todos”.