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Editorial | Podar la ligustrina

Años antes de que existieran las redes sociales, el ideólogo rozista Carlos Carossini sostenía que el Chaco es chato: geográfica, económica, cultural y espiritualmente chato. Decía que al que levantaba la cabeza, al que se salía de los límites, para garantizar el imperio de esa chatura, se la cortaban. Era como podar una ligustrina. Y él era el jardinero. En pocos años instrumentó un sistema de propaganda formidable y eficaz, y sentó las bases de lo que serían las políticas comunicacionales de los siguientes gobiernos tanto en los contenidos cuanto en las relaciones carnales con la prensa.

Desde las cero horas de este domingo está prohibido hablar de números, por la veda, así que hablaremos de cómo durante toda la campaña el aparato sobrepasó a la palabra, a la propuesta, a la realidad, al sentido. Del triunfo de la futilidad. De la chatura.

La Internet ya no es la misma que cuando arrancó. Antes representaba idealmente la democratización de la comunicación por su estructura descentralizada y por su horizontalidad para distribuir los contenidos de voces invisibilizadas por la concentración privada de los medios tradicionales. La Internet post-Twitter, post-Facebook y post-Whatsapp volvió a centralizar todo en dos o tres empresas y en dos o tres formas de decir las cosas. Chau democracia.

Durante esta campaña “la palabra” estuvo cifrada en los términos durambarbescos de las Agencias de Recomendación con casa matriz en Baires, cosa que a nadie le importó. Se quedó sin tildes y signos de puntuación y perdió su valor de verdad. Se hizo hashtag y emoji. Se transformó en un recurso de diseño gráfico y en un estímulo sensorial que no admite respuesta, o es al pedo ensayarla porque ya se pasó al siguiente eslogan.

Desde su cuenta de Twitter Marín Pilatti Vergara, “la diputada rolinga”, es un buen ejemplo de la insustancialidad de la palabra en esta campaña: “Este 11 de Agosto nos encontrará contando votos de confianza y será el momento de cosechar esperanzas y sueños de miles de hermanos para hacerlos realidad”. Una imagen de tarjeta postal a mitad de camino entre el plotter del “Ministerio de Ciencia y Tegnología y una promesa de campaña del Presidente de los Estados Unidos Dwayne Elizondo Mountain Dew Herbert Camacho en Idiocracy. Salvo por las puteadas.

Por su carácter efímero y por la tiranía del posteo, la Internet de Redes también sirve para hacer afirmaciones sin contexto, emitir juicios categóricos sin referencia espaciotemporal y dejar al ciudadano, que no tiene chance de responder, frustrado y cargado de indignación.

Ejemplo de esto es Gustavo Martínez hablando de no devolver el golpe, de ir por la positiva. Sí, el Gustavo que movilizó a la tropa de Sameep y marchó por la ciudad como el líder de un ejército de ocupación para reventar el depósito de “chips” de la Cámara Electoral cuando perdió con Aída. Y no es que no tenga derecho a redimirse. No le importa.

Otro ejemplo es el peppista Ricardo Sánchez, que acusa a la lista de Capitanich de abortera y pide transparencia en el discurso. No parece el mismo que hace unos meses quería dejar a Domingo Peppo sin ministro de Infraestructura. O la Graciela Aranda que promete representar a todos los trabajadores en el Congreso de la Nación mientras hace silencio ante el decreto de Peppo del triple de aumento para los jueces que para los empleados judiciales.

Lo único que hay que hacer es decir, ante una opinión pública adormecida, hastiada, sin capacidad de respuesta, descorazonada.

En la vereda de enfrente, Víctor Zimmermann festeja el incremento de la coparticipación al Chaco como contraprestación por haberle firmado a Macri el Presupuesto y todas las leyes que pidió (justamente, las leyes que licuan la masa coparticipable y auspician la pobreza y la desocupación). El fontanense se congratula de la ayuda extraordinaria del gobierno nacional para atenuar el impacto de la quita de subsidios al transporte y a la energía… como si los subsidios los hubiera quitado el sultán de Brunei. ¿Cinismo o pragmatismo? A nadie le importa.

En su campaña vintage, Carim Peche, el “dos veces intendente de Sáenz Peña y candidato a Gobernador” no se cansa de repetir que Nación está haciendo un gobierno bárbaro (ahora a Macri no se lo nombra, como piden las Agencias de Recomendación). El problema es que Peppo y Coqui son unos corruptos y hacen mierda cada peso que entra.

Nobleza obliga, Jorge Capitanich arrancó con una presentación kilométrica, técnica, numerada, cacofónica y por escrito de cómo planeaba tranformar la provincia desde el Congreso junto a Marín Pilatti Vergara y Lucila Masin. Es un buen gesto aún sabiendo que a nadie le importa. Y mejor así, porque es justamente él quien tiene la llave para reconstruir la Provincia beneficiándose de un gobierno nacional -el que arranca el 10 de diciembre- de amigos entrañables.

Alguien tendría que juntar en un listado la sarta de disparates que se dijeron de un lado y del otro para evitar “la grieta”, para no hablar de Venezuela o de economía, para encubrir el fracaso, para no ofender. Hay que aplaudir la capacidad de Jaime Durán Barba de desovar tanto en el patio de la derecha como en el del progresismo. Y esto recién empieza.

|Por Cristian Muriel.