Press "Enter" to skip to content

Terrorismo económico para frenar el “Riesgo Fernández”: el jardín de las operaciones que se bifurcan

El 4 de diciembre de 2001, cuando se puso en marcha el Corralito y faltaba nada para la catástrofe, Clarín titulaba en tapa: “La gente con dudas, los mercados mejor”. Este viernes, 18 años después, dejavú: “Si los mercados votan, votaron ya por Macri”.

“En un día en que las bolsas del mundo terminaron para abajo, las acciones argentinas volaron acá y en Wall Street, algunas por arriba del 10% y encima mejoraron los bonos de la deuda y el riesgo país cayó casi el 4%. Ahora hace falta que vote la gente”, escribió Ricardo Roa, editor de Clarín, en un vergonzante intento de convencer al electorado mediopelo de acompañar a Macri para no irse al infierno.

Podría decirse que Roa tenía razón: tras el golpe de este domingo, los mercados, que habían sido persuadidos de que Macri ganaba o perdía por poquito, castigaron a las acciones argentinas y este miércoles el Riesgo País se disparaba por encima de los 1900 puntos básicos, el mayor del mundo después de Venezuela.

Y mientras el dólar seguía subiendo y los analistas internacionales proyectaban que en un par de meses la divisa llegaría a ochenta pesos, Jair Bolsonaro, el presidente ultraderechista de Brasil, aseguraba que “bandidos izquierdistas hundirán a la Argentina en un caos”.

“¿Qué pasó en las elecciones de ayer? La banda de Cristina Kirchner, que es la misma que la de Dilma Rousseff, que es la misma que la de Maduro y Chávez, y la de Fidel Castro, dio una señal de vida”, dijo en un acto este miércoles, y añadió: “Pongamos fin a la caca de Brasil. La caca es esta raza de corruptos y comunistas. Vamos a barrer a esta pandilla roja de Brasil. Ya que Venezuela está bien, enviaré a este grupo allí. Quien quiera ir un poco más al norte, que vaya a Cuba”.

Los medios alineados con el gobierno montaron toda clase de operaciones en pocas horas: que Alberto Fernández prepara una purga en la Justicia para desplazar a los jueces que investigan casos de corrupción, que Alberto Fernández se niega a hablar con Macri para ver cómo se sale de esto, que según los expertos la forma de revertir el camino al default es dando continuidad a las políticas de ortodoxia monetaria y fiscal de los últimos ocho meses.

Los anuncios de Macri de una serie de medidas de corte populista para intentar no ya revertir la paliza electoral del domingo sino llegar al 10 de diciembre sin tener que poner en marcha el helicóptero, no deben analizarse como respuesta a una movida del Demonio K ni a la obcecación de un electorado que no entiende nada, sino a una derrota autoinfligida, escrupulosamente edificada durante tres años y medio.

Para colmo, las medidas anunciadas (elevación de la base imponible de Ganancias, $1000 por hijo para la AUH y aumento de sueldo a estatales, así como una moratoria para pymes, congelamiento del precio de los combustibles, entre otras) terminarán licuándose con la devaluación que ya llevó al dólar a $63 y un nuevo pico inflacionario que elevó los precios de los alimentos en torno al 20 por ciento en una sola jornada.

La buena noticia es que finalmente Alberto le atendió el teléfono al Presidente.