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La lista del Frente Chaqueño: el sistema de premios y castigos de Coqui

Por Cristian Muriel | En una buena elección para un frente peronista chaqueño podríamos hablar de 9 a 7. Muy buena: 10 a 6. Ya más es humillación. Por eso el noveno lugar que Jorge Capitanich le asignó a Gustavo Martínez, y éste le entregó a Élida Cuesta, con todo y que es un sopapo político, es “entrable”.

Con picardía, Peppo se bajó primero y se quedó con el cuarto y el séptimo lugar, que ofrendó a Roberto Acosta y Jéssica Ayala respectivamente, sus colaboradores en la última pendiente de la montaña rusa. Sus meteóricos ascensos fueron la otra cara de la caída en desgracia de Horacio Rey y Roberto Lugo. Nada mal.

Para Capitanich la decisión de encabezar con Claudia Panzardi habrá sido un plato que se come frío. Panzardi fue la más atacada de las leales, y no por la oposición sino por sus compañeros del gustavismo. Barbaridades le dijeron. La sigue Hugo Sager, “rey de las pruebas de regularidad” tanto en el parlamento como en Puerto Tirol, y posiblemente el próximo presidente de la Cámara de Diputados.

En el tercer lugar empieza el reparto más o menos parejo para aliados estratégicos (en general del progresismo) y aliados del PJ (los que se bajaron porque no les daban los números).

Arranca con Tere Cubells, histórica referente de género del Frente Grande y de Unidad Ciudadana. Sigue el peppista Roberto Acosta, luego Elsa “Lela” Insaurralde, que regresa tras algunos años en el Concejo de La Leonesa.

En sexto lugar aparece Rodolfo Schwartz, del PTP (Partido del Trabajo y del Pueblo), después Jéssica Ayala; Nicolás Slimel, joven dirigente sindical de ATP; Élida Cuesta (CER), actual presidenta de la Legislatura; vuelve Raúl Acosta, de FORJA; se suma Johana Duarte, del Movimiento Evita; Gastón Navarro, Julieta Campo, Juan Chico (Presidente de la Fundación Napalpí, investigador); Patricia Rodas y Miguel Gómez.

Varios de estos legisladores podrían pasar alguna temporada en el Ejecutivo, por lo que los lugares “entrables” se estiran un poco.

PREMIOS Y CASTIGOS
Durante cuatro años Jorge Capitanich fue ninguneado, saboteado y denostado por sus aliados. Era el viudo de Cristina, esa mujer. Aún así nunca perdió de vista quién era el enemigo y no perdió tiempo atacando a quienes más tarde o más temprano terminarían pidiendo la escupidera.

Quien escribe esta columna es un convencido de que en 2015 una parte chiquita pero muy bochinchera de la clase media se había beneficiado de la movilidad social de la década ganada, y habiéndola juntado con Cristina estaba lista para llevársela con Mauricio. Básicamente estaba votando el levantamiento del cepo al dólar.

No se les puede achacar a esos compatriotas la responsabilidad ni de la monumental fuga de capitales que sobrevendría, ni de la crisis prohijada por Macri. Eran tilingos dulces, con plata en el bolsillo, y no les importaban las profecías sobre tiempos oscuros. Después de segar las mieses se venía la multiplicación de los panes.

Así que nadie puede alegar desconocimiento: las cosas no empezaron a salir mal de un día para otro o en alguna fecha incierta del segundo año. La ruina planificada fue profetizada, fue advertida, fue descrita con lujo de detalles, etapa por etapa, y se puso en práctica desde el día uno.

Macri cumplió en levantar el cepo, arregló con los fondos buitre, quitó subsidios a la energía y dolarizó tarifas, creó lebacs y leliqs y financió la más escandalosa fuga de capitales de la historia con una deuda externa que los argentinos tardaremos un siglo en pagar. Todo matizado con una inflación de más de 50 puntos por cada año de gestión.

¿Qué hicieron los aliados de Capitanich, los que ahora pidieron la escupidera, en esa etapa? Votaron el arreglo con los buitres, firmaron un pacto de responsabilidad fiscal y consintieron un reembolso espurio de puntos de coparticipación mientras millones de argentinos se hundían en la pobreza, no podían pagar la luz o comprar remedios (sin ir más lejos, hoy mismo hay 50 mil jubilados de Pami en Chaco que no saben cómo hacerse tratar porque la obra social nacional les hizo una manganeta criminal).

A horas del cierre de presentación de listas, y todavía pegando algunos gritos para la tribuna, los aliados de Capitanich se fueron acercando de a uno y fueron arreglando. Tal vez Capitanich hubiera preferido soltarles la mano, pero Alberto y Cristina le habrán dicho: “Coqui, ¿de qué unidad del peronismo y del campo popular estaríamos hablando si no somos capaces de juntarnos en Chaco?”.