Press "Enter" to skip to content

Respectivas tormentas | Opinión

Por Cristian Muriel | El 1998 un Cabra lleno de bronca atisbaba el fin de ciclo: “Ellos tienen el poder y lo van a perder”, y la Bersuit apostillaba: “Se viene el estallido”. Pero la banda del P.O. y la del abuseta publicaban “Arriba las manos, esto es el Estado” y “Libertinaje” a través de Universal, el segundo sello musical más importante del mundo, con sede en Santa Mónica, California.

Michel Foucault exponía la complejidad del poder, al que ponía por encima del burdo reflejo del poder estatal, de la economía o del mercado, para sostener que no sólo constriñe, sino que también origina: ocasiona efectos de verdad y produce saberes. Viene bien considerarlo porque si sos El Cabra, con una claridad política meridiana, trosco y sensible, y caés, allende la manganeta del pelado Cordera, en la seducción de Universal Music, porque de alguna manera estás vendiendo el alma al diablo y lo intuís, entonces no hay forma de que ellos tengan el poder y así sin más lo pierdan y se vayan a la casa. Lo recontratienen.

El fin de ciclo llegó, eso sí, con estado de sitio, sangre -más de treinta muertos en dos días-, una sucesión alucinante de presisladores corte Carlos Saúl como Ramón Puerta y el Rodríguez Saá fiestero, y una crisis que por algún tiempo empujó a sectores bajos y medios a vivir del trueque, después al canibalismo y al final al extraño mundo de Jack, el ministerio de los planes sociales, del que no hubo forma de salir por arriba porque antes de crecer la derecha neoliberal había vuelto.

Filósofos. En 2007 José Pablo Feinmann formuló un concepto del que después casi no volvió a hablar: el “corleonismo”. Decía que no habían muerto la ideologías, que lo que había muerto en el siglo XXI eran las ideas, y como consecuencia “quedan los fundamentalismos y el corleonismo”. “Los fundamentalismos se basan en Dios”, “en la privatización de lo divino”. “El corleonismo se basa en una privatización del poder. ‘El poder soy yo’, dice el corleonismo”. Para Feinmann el pilar del corleonismo en Argentina eran el PJ y la oligarquía -empresarios y la gran prensa-, pero “esa bruma”, ese “significante vacío” al decir de Ernesto Laclau, ese “poder sin ideología”, el “PeJota”, era el epítome del corleonismo, relleno de alacranes. El poder lo recibía del dinero, del “dominio de los territorios decisivos del país”. “Todos los feudos del interior son corleonistas”, observaba.

Una máquina diferente. Estructuras mas, estructuras menos, los reacomodamientos cíclicos del capitalismo liberal son sorprendentes. Como dice Eclesiastés 3, “Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo… un tiempo para plantar y un tiempo para cosechar; un tiempo para destruir y un tiempo para construir”, así que ese poder, que para Feinmann era el corleonismo pejotista empresario pero claramente por más que mude de piel lo que no cambia, lo que persiste y persevera, es lo “empresario”, tiene “un tiempo para amarrocar y un tiempo para fugar; un tiempo para juntarla en pala con un gobierno populista y un tiempo para dolarizarla y sacarla del país con un gobierno neoliberal”.

No es cierto que “ellos tienen el poder y lo van a perder”. Pierden un gobierno tipos de la talla intelectual y moral de Mauricio Macri, pero el poder lo siguieron teniendo durante la Década Ganada, hicieron negocio mientras el resto se perdía en discusiones laterales sobre el relato y la grieta, y pasaron a una etapa posterior mientras el resto se la pasaba hablando de la culpa del gobierno anterior y de las fotocopias de los cuadernos del chofer. Y ahora la culpa es del gobierno que viene. No dejan el poder: van, hibernan y vuelven.

Y mientras tanto fijate cómo no bajan la guardia y la semana termina con: bacanal de Alberto Fernández en Tucumán mientras el congreso debatía la emergencia alimentaria. Sergio Massa acusado de realizar al menos 290 vuelos en aviones y helicópteros de los empresarios procesados Brito, Clarens y Corcho Rodríguez (en TW se preguntan #DeQueViveSergioMassa). Magario revolotea en el avión sanitario de Tucumán. Cuatro millones costó limpiar el basural que dejaron los piqueteros tras el Acampe en CABA. Uno de ellos, del movimiento Teresa Rodríguez, fue denunciado por Patricia Bullrich por instigación a la violencia y amenazas, porque dijo que si el gobierno no cumplía con la entrega de partidas alimentarias irían a buscarlas a las góndolas de los supermercados. A Pichetto lo inquieta el silencio de la Iglesia, “que no haga una reflexión de la violencia en las calles y los shoppings”. Y Campanella “sueña” con un debate presidencial entre candidatos a vice. Según Fox News, Argentina es “otro ejemplo de cómo el socialismo destruye a los países”.