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“Desalojen a los negros”: cuando el GPS de la política se llama Facebook

Por Cristian Muriel | Casi todos los políticos en campaña se pusieron a tono con el “clamor popular” de mano dura contra las usurpaciones, que en la lógica desde la que analizan el problema es más o menos lo mismo que un corte de calle, un desborde piquetero o una pelea de trapitos en una esquina: clientelismo que hay que erradicar.

Algunos de esos candidatos no ofrecieron en toda su carrera una sola respuesta al problema habitacional y menos al problema clientelar ni desde la gestión ni desde la legislación, pero son rápidos para pedir el chicote y hacerse los patrones de estancia, como Ángel Rozas en 2007, que prometía gobernar con la fuerza de él.

En honor a la verdad, la política pública más importante en la materia, al menos de las últimas décadas, la impulsó el gobierno de Néstor Kirchner con el Plan de Desarrollo Territorial que se inició en 2003, y que durante el gobierno de Jorge Capitanich tomó impulso en el marco del Plan Quinquenal 2011-2015. La creación del Ministerio de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial, que atravesó la gestión de Domingo Peppo y se articuló con la herramienta del Concejo Municipal de Resistencia, Equipo Hábitat, para la resolución de la situación dominial de cientos de familias que habitaban desde hacía años terrenos privados, villas y asentamientos, permitió avances significativos.

Pero el problema habitacional del Chaco tiene escala de catástrofe humanitaria y no va a terminar porque un vecino reciba un título de propiedad o ingrese al Registro Único de Beneficiarios del Hábitat. Menos, mientras algunos vivos trabajen desde el Estado codo a codo con la Patria Agrimensora para favorecer negocios inmobiliarios para ellos y sus amigos, o despotriquen contra los piqueteros mientras impulsan el armado de cooperativas para cubrir el ciclo completo del apriete, institucional y para-institucionalmente. ¿Entonces la solución es la mano dura?

Los promeseros que buscan complacer a los fachos de Facebook con sangre de negro deberían contar cómo ingresaron por concurso a la administración pública, cómo le dieron la espalda a la tentadora oferta de entrar por una ventana gracias a un dirigente amigo… ¿O sólo es clientelismo cuando los que exigen son piqueteros y todavía no adquirieron el estatus de empleados públicos?

La hipocresía de la dirigencia política y de parte de la dirigencia sindical y de parte de la sociedad civil, que viven de apretar y ser apretados, de pisar y ser pisados, de matar o ser matados, es transversal a la realidad política que nos toca afrontar. Condenan los males del neoliberalismo mientras compran dólares y se anotan en el curro; o condenan los males del peppismo y son producto de las mismas prácticas político-empresariales que atacan, pero están momentáneamente del otro lado del mostrador.

Hace diez días el presidente del bloque de diputados nacionales del Pro se despachaba con una frase legendaria: “Hay gente que la está pasando mal, pero la palabra hambre es muy fuerte”. Entre ese argumento y la decisión de desalojar compulsivamente a cincuenta personas que tomaron un predio no hay solución de continuidad.

“La palabra hambre es muy fuerte”, pero lo que hay es hambre. Si querés la tapamos con un meme, o decimos que acá no trabaja el que no quiere, y que los alemanes plantaban lechuga en las macetas y mirá cómo se hicieron potencia. Según el Indec, Chaco tiene unos 490.000 pobres y 125.130 indigentes. Con 41,4% de pobreza, la provincia está tercera después de Corrientes y Entre Ríos en el podio nacional, y para ilustrarlo baste señalar que en agosto una familia tipo necesitaba casi $34 mil mensuales para no ser pobre. ¿Qué clase de logi agita las políticas represivas contra cerca de la mitad de los habitantes del Chaco para complacer al cero coma algo por ciento de tilingos que pide garrote desde Facebook? Eso no es ser demagogo, es otra cosa.