Press "Enter" to skip to content

Preámbulo

Por Cristian Muriel | La concejala Emeté Celada posa con un cuadrito de Raúl Alfonsín para denotar su indignación ante la “osadía” de “personajes como Capitanich” que usan “sus palabras, sus ideales y su esencia” para sacar rédito político. Cuesta dejar de mirarle el flequillo. La Juventud Radical se hace eco del repudio. Y todo porque Coqui recitó el preámbulo de la Constitución en un discurso, igual que lo hizo Alfonsín en 1983.

Pero ni Coqui ni Alfonsín escribieron el Preámbulo y ciertamente todo el mundo debería leerlo de vez en cuando.

Lo que sí apoyó Alfonsín fue la reforma constitucional de 1994 a pesar de estar en contra, por necesidad política, por instinto de conservación: “Llegué a la conclusión de que (…) se iba a ir a un plebiscito que nos mataba”, contó años después en una entrevista con Pepe Eliaschev. Ergo: el Pacto de Olivos no sólo es el resultado de necesidades históricas y del oportunismo menemista: también es hijo de la picardía de Alfonsín para evitar que por sus divisiones internas la UCR estallara en mil pedazos. Política pura y dura, de barricada, sin arreglos corales de fondo.

Y la Constitución pactada, con sus “coincidencias básicas” y sus debates, tampoco es la panacea: es la Constitución de los DNU, de los consejos de la magistratura politizados, del Parlamento cediendo soberanía al Ejecutivo; es la Constitución del “debilitamiento paulatino del sistema republicano”, como dijo el especialista en Derecho Constitucional Félix V. Lonigro.

Este radicalismo licuado en una papilla macrista, clasista, antiabortista y manodurista es incapaz de mirar a través, por encima o más allá de la bruma de la Historia. Como en “Trydno byt bogom” (“Es difícil ser un dios”, la película del ruso Aleksey German) una dirigencia olvidada en un planeta marginal deambula sin rumbo abrazada al tótem que “es de todos pero a cierta clase dirigente le queda grande”. Y llama la atención que se enojen con Capitanich y no con ellos mismos por haberse arrodillado ante el empresariado para terminar como subalternos de Elisa Carrió.

Le reclaman a Capitanich y no a Peche ni a Rozas ni a Macri. Ni a Alfonsín, que por impedir que el radicalismo volara por los aires en los noventa, termina arrastrándose agónicamente hacia el dosmil veinte.

A merced de los improvisados

Mientras tanto Domingo Peppo administra la cosa pública -puntualmente el conflicto social y salarial- con la mano maestra y el equilibrio de los elefantes persas en los acantilados de las Termópilas (según Zack Snider en “300”). El último conflicto salarial de los colectiveros, a pocos días de haberse levantado el paro más largo del sector en toda su historia, lo certifica.

“Durante toda la semana nos estuvimos reuniendo con el subsecretario de Transporte, Roberto Medina, y nos dijo que no había un peso”, reveló Raúl Abraham, secretario general de la UTA. Por eso el viernes, vencido el plazo para que la patronal depositara los sueldos, el gremio decretó un paro por tiempo indeterminado que arrancaría este lunes.

La llave para destrabar el conflicto era que aparecieran los sueldos de septiembre. Pero el viernes no había terminado. Por la noche Peppo anunció que el lunes a primera hora iba a transferir los $60 millones que faltaban. ¿Por qué esperó a que se anunciara el paro?

Imposible para el hombre común concebir cómo se obtienen sesenta palos entre el viernes a la noche y el lunes tempranito: ¿levantando un teléfono y hablando con un amigo rico?; ¿abriendo el homebanking gubernamental? Lo cierto es que la plata -aunque se reduzca a asientos contables y una sucesión de unos y ceros en una base de datos- en alguna parte está disponible, y sean cuales fueren las partidas que se hayan redireccionado, ya estaba disponible antes de que la UTA anunciara la medida de fuerza.

Prefirieron esperar y el resultado fue que el gremio los mandó a freír churros, y les anunció que no tiene ningún problema en levantar el paro… una vez que la plata esté en los cajeros. Ergo, el lunes por la mañana no habrá colectivos.

Por último, el bueno del ministro de Seguridad de la Provincia, Daniel Chorvat, propuso un pacto social con las organizaciones piqueteras, en el entendimiento de que “es el momento oportuno” para evitar males mayores, represiones y esas cosas. Ya lo dijimos en otra parte: excelente medida para el próximo gobierno.