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Ataque a Yadón y Olivares, y los que quedaron en off side: la estupidez mata

Por Cristian Muriel | El atentado contra el diputado nacional riojano Héctor Olivares y su asesor catamarqueño Miguel Yadón, en el que el legislador resultó gravemente herido y su compañero murió, paralizó al país. El arco político condenó el hecho y reclamó su esclarecimiento. Y algunos hablaron de más.

Desde un primer momento el gobierno de Mauricio Macri quiso instalar la idea de un crimen mafioso contra un legislador de Cambiemos, para que en el imaginario colectivo la responsabilidad recayera sobre el peronismo. Hasta propuso el móvil: la oposición de Olivares a la re-reelección de Sergio Casas en La Rioja.

Durante la conferencia de prensa, con el video de las cámaras domo de fondo, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich habló de “la constatación de las mafias que trabajan en nuestro país”, y sus amanuenses de Infobae en todo momento se refirieron al atacante como “sicario”. ¿Cuánto tardarían los dirigentes radicales chaqueños en subirse a la fake news?

La concejala macrista de Resistencia Teresa Celada fue una de las dirigentes que primereó en los medios proclamando el “Nunca Más” al “crimen organizado y la corrupción”. En el colmo del paroxismo habló de un asesinato político y decretó: “Este no es un hecho aislado, seguramente es producto de un trabajo legislativo serio y profundo que molesta a determinados sectores de la sociedad; indudablemente la corrupción mata”.

¿En qué se basaba Celada para afirmar semejante cosa? ¿Era una fiel seguidora de la carrera legislativa de Olivares? ¿Manejaba información privilegiada? No, simplemente daba rienda suelta a la impunidad que le otorgan los fueros para decir lo primero que se le cruce por la cabeza. En este caso, un pálpito.

Con el correr de las horas el presunto ataque del crimen organizado devino en un asesinato vulgar en el que el diputado radical Héctor Olivares la ligó de rebote, porque el objetivo del tirador borracho era su asesor, Miguel Yadón, con el que tenía cuentas pendientes. En el revoleo Celada hasta había condenado la tenencia de “armas ilegales”. Irónicamente, se descubrió que el arma homicida calibre 40 estaba registrada legalmente a nombre del atacante, igual que el auto desde el que disparó. Vaya sicario.

DIPUTADOS, TAMBIÉN
Algo más prudente, un grupo de diputados del interbloque Cambiemos pidió al Poder “expresar su consternación y preocupación por el gravísimo atentado”. Evitó los juicios de valor y se ahorró el papelón. Pero no por mucho tiempo.

Un rato después el Comité Provincial de la UCR metía la pata hasta el caracú. Primero, aportaba un móvil extra al asesinato: Olivares había participado de una reunión informativa por la ley “antibarras”, con lo que cabría imaginar que por su oposición a la re-re de Casas, o por su coraje para enfrentar a los barras, fue baleado. Y si bien reconocían que los funcionarios fueron atacados “por causas que aún se investigan”, aventuraron que dichas causas “parecieran estar muy lejos de ser parte de un acto delictivo”.

Hasta tal punto compraron el relato del crimen mafioso, que adoptaron el lenguaje de los medios antichavistas para que el homicidio perpetrado por un borracho contra un asesor legislativo se viera como una amenaza a la democracia: “Queremos hacer llegar a todo el pueblo argentino un mensaje de unidad, de fortaleza, son tiempos de profundos cambios en nuestro país, y cuando esto ocurre de verdad (…) indefectiblemente se interfiere con conductas corruptas enquistadas desde hace décadas en nuestro país”.

La sentencia del final, ya en pleno frenesí patriótico, es para ovacionar: “Este ataque no nos hará bajar los brazos, todo lo contrario, renueva nuestra fuerza para seguir luchando por el país y la provincia que nos merecemos”.