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Me entrevistó la gente de Fix (y pegué corte de pelo gratis): In your face, Sergio Schneider

Por Cristian Muriel | No fui a la barbería de Oscar y Darío (Echeverría 134) a cortarme el pelo ni a hacerles una nota, pero terminé haciendo un poco las dos cosas: un corte pipí cucú (por suerte no me cobraron por metro cuadrado; en realidad no me cobraron) y un pequeño reportaje mientras el equipo de Fix, “la revista gráfica que vas a querer coleccionar” (también tiene su web) me entrevistaba a mí. Por el Día del Periodista. Tomá, Sergio Schneider, con tu pluma y tu trayectoria. Tomá, Bruno Martínez, con tu tatuaje de Walsh y tus libros.

Mientras nos acomodábamos en el salón para hacer la nota, que resultaría una video nota (filmaba –¿todavía se dice filmaba?- mi amigo y productor de Fix, Rubén Cabrera) Oscar me contó que corta el pelo desde hace cuarenta años, hace veinte tiene el boliche en la calle Echeverría y desde hace algunos menos labura junto a Darío, su hijo. Atienden de 8 a 12 y de 16 a 20, “sin turno, por orden de llegada, como era antes”.

Si tuviera que describirlos de acuerdo a mis referencias estéticas, te diría que el papá parece un barber de Brooklyn y el hijo es una mezcla de hipster de Philly y músico de ZZ Top. El salón, que es chiquito, está muy bien ambientado, tiene una paleta de colores de un lado azul y del otro mostaza o desert storm, si no me engaña mi capacidad para bautizar ‘tonalidades’, y una tele en la que se puede ver y escuchar un poco de jazz para amenizar la espera.

Las anécdotas de Oscar son un pedazo de historia de esta ciudad: es de los tres o cuatro barberos que quedan de una época en blanco y negro. Arrancó cuando Argentina acababa de ganar su primer Mundial de fútbol y estaban de moda las melenas de Mario Alberto Kempes y Leopoldo Jacinto Luque. En las etapas más complicadas tuvo que pedir un lugarcito en un salón ajeno para cortar a sus fieles clientes dejando una comisión a los dueños. Sobrevivió a todo, porque, por suerte, el pelo sigue creciendo.

Y hablando de eso: la entrevista y el corte de pelo empezaron simultáneamente. Una idea rara que a la periodista Patricia Muñoz le parecía muy divertida, y a mí, que sentía el ronroneo de la maquinita y el sibilante movimiento de la navaja muy cerca de las orejas, me asustaba un poco.

Confieso que soy muy miope, y como el barbero me hizo sacar los anteojos sólo veía figuras borrosas. Detrás de Rubén aparecía y desaparecía, contorsionándose, Fede, el fotógrafo, y Daniel Gaúna, Gerente de Fix, se asomaba de vez en cuando para controlar que todo saliera como estaba previsto. Fui una celebrity durante una hora. Una celebrity casi ciega.

Pero que no pueda ver no significa que no pueda hablar. No señor. Hablé de periodismo, de periodistas, de formatos y de plataformas. Hubiera querido tener el don del laconismo, por piedad con Patricia y Rubén que tendrán que desgrabar y editar todo ese ramble tamble, pero me encontré -lo confieso- poniendo en palabras por primera vez algunas ideas sobre una profesión en la que desde hace más de una década toco de oído, y que a Dios gracias me da de comer, y el precio de ese insight fue la verborragia. Además no salgo mucho.

Pero vamos a lo que importa: me preguntaron por algunos referentes del periodismo chaqueño, vacas sagradas y agnus dei, desde Miguel Ángel Fernández, Julio Wajcman, Eduardo López, Pedro Teruel y Pedro Cáceres, hasta José Viñuela, Vidal Mario, Alejandro Rubiolo y Sergio Schneider. Lo que dije de ellos es imperdonable, pero lo vas a tener que leer en la edición de junio de Fix (ayer salió a la venta la primera, a cien pei, con una calidad gráfica que sorprende gratamente) o ver en el canal de YT de Fix una vez que esté on line.

No te la pierdas, chamigue.