¿A quién tenemos en la mira? | Por Marcos Cáceres (*)

Opinión Política

Por

¿Qué es lo que nos lleva a elegir tal o cuál candidato? ¿Miramos los debates? Probablemente un poco los escuchemos hablar ¿Nos informamos adecuadamente? ¿Hace falta? Por qué no oír la palabra que trae convicción, observar si quien lo dice lo siente. La palabra que se sabe próxima y quizás acertada a lo real ¿O preferimos la palabra guiada desde un dispositivo? ¿Nos puede conducir alguien que necesita que le dicten en vivo y directo lo que ha de modular? ¿Qué hay detrás? ¿Coaching? ¿Un ventrílocuo? ¿Nos condujo estos últimos años una marioneta? Qué horror.

Cualquiera atinaría a objetar: los demás candidatos también son marionetas del poder y otros etc muy similares. Claro que un candidato electo ha de estar al servicio del capital, pero no siempre del poder. El poder viene enquistado en la concentración del capital. Por ejemplo, que un servicio que atraviesa toda producción, y toda forma de vida en la sociedad (está en todos lados, omnipresencia, me suena Dios) sea cobrado de manera exagerada. Pero si la demanda es total. Todos quieren luz. ¿Es correcto elevar las tarifas? Abuso del poder, abuso de saber que se necesita luz de manera indispensable. Si o si, no queda otra, acorralado, no salís, no te vas a zafar; a menos, claro, que elijamos el correcto. Quien apela a los derechos y no los privilegios.

La capacidad de uso de una empresa es algo instalado e inamovible. ¿Si no se pagan las elevadísimas tarifas, una hidroeléctrica, por ejemplo, desmantela su mega infraestructura? No, claro que no. Imposible. Eso es como un meteorito. Donde cayó, donde llegó, se queda. Y más vale que funcione, porque eso vale millones y también se ha construido en cooperación con el Estado ¿y de dónde saca el dinero el Estado? ¿De los impuestos? Entonces, debemos estar pagando no solamente un aporte a la alguna vez creada mega infraestructura, sino que además, nos parece correcto pagar sus tarifas elevadísimas. Pido disculpas, pero nos vieron la cara.

Los medios se ocuparon de construir sentido, y no cualquier sentido, sino el común, el que va por todos. Sentido común es cuidarse de no morir, de sortear el peligro. Eso tiene un sentido común a todos. Las construcciones son ficciones, ni más ni menos. Pero una cosa es que nos digan que la luz es un servicio y no un derecho. Nosotros elegimos la ficción: que la luz es un derecho.

A saber, el conocimiento de la producción eléctrica es un triunfo de la humanidad, y ni por asomo se trata de la victoria del capital en cooperación con el Estado. Cuando reclamamos que la luz eléctrica, que atraviesa absolutamente todo sector en su total integridad, es un derecho y no un privilegio, se vuelven la victoria y el triunfo algo nuestro. Desintegramos el poder, lo diluimos, pero nadie jode al capital, nadie interviene en el trabajo realizado.

¿Por qué tienen poder? Porque deciden sobre algo que atraviesa el planeta tierra. Como si el internet tuviese la misma tarifa, algo que se usa en todo momento, pero claro, no tendrías derecho sobre el servicio de internet si el costo fuese elevadísimo.

Un privilegio es el último iphon, no la luz, algo que se descubrió hace siglos. ¿En serio creen que está bien pagar un saber de siglos que nos lo cobran como si todos los meses comprásemos un iphon creado hace dos minutos? ¿No querrán también patentarla, no? Bueno, las marionetas no deciden. Vayamos por algún candidato aliado del capital, pero enemigo del poder. Votar con lo que traiga fuerza y no vulnerabilidad.

(*) Marcos Cáceres (28 años). Reside en Sáenz Peña Chaco. Estudiante de narrativa, periodista independiente, lector aficionado.