El amor la apuesta el azar | Por Marcos Cáceres (*)

Opinión Provinciales

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Las apuestas en el mundo son la inercia de lo imposible, y por imposible también increíble. Nadie gana en el azar. No es para eso. No sirve de tal modo. El azar es lo que se sucede, no es algo que pueda manejarse, excepto la obviedad de los mecanismos detrás de los casinos, claro.

Como el tiempo, es inevitable el correr de sucesos. Las apuestas son algo parecido. Querer un dinero para ganar más en cuestión de minutos. Por ejemplo las apuestas en riña de gallos. Pero ¿y si nos topáramos con un gallo de oro? ¿Si nos encontrásemos con un baluarte que nos permitiera apostar con más chances? Esto produciría que durante las apuestas se debilitara el componente azaroso.

Algo parecido le sucede a Dionisio Pinzón: un pregonero en los pueblos más desolados y pobres de México. Al final de una riña le regalan el gallo perdedor, que tiene un color de oro pero está herido; es que su dueño lo cree irrecuperable, y ahora pretende tirarlo como un trapo. Sin embargo, para Pinzón, todavía puede dar pelea a pesar de su herida. Entonces se lo queda.

Luego de una recuperación de las heridas del gallo, comienza Pinzón un peregrinar de ferias en ferias a lo largo de muchos pueblos, ganando las apuestas en las riñas con éste gallo de oro. Inmiscuyéndose tímidamente en éste mundo, descubre, que las apuestas muchas veces están rubricadas en ciertos mecanismos atenuantes del vector azaroso, están arregladas: No hay fuerza del destino, sino el destino de la fuerza.

Así el personaje principal se sumerge más en las apuestas, y no solamente cuenta con las riñas, sino que también experimenta el azar en juegos de cartas. A pesar suyo su fuerza sola ya no alcanza; no puede aceitar los engranajes como le enseñaron y lo hizo en las riñas. Ahora consigue otro baluarte: una mujer que le dicen La Caponera y que conoció y se enamoró durante sus viajes de ferias.

Desde que aparece Bernarda en su vida, conoció los trampas en la riña, y flujo a flujo del relato comienza por aumentar su suerte y con ello su fortuna. Dionisio sospecha en secreto que Bernarda Cutiño (La Caponera) es el baluarte: su presencia y compañía hace que las cartas correctas siempre le lleguen.

¿Es el amor un capricho por el azar? ¿Puede un amor mantener la suerte? ¿Puede la suerte soportar el amor? ¿Puede la apuesta al amor vencer la azarosa e inevitable muerte? ¿Pueden las peleas, el amor, la compulsión por vencer el azar, sosegarnos de la muerte, aplacar la soledad?
Muchas preguntas y más pueden hacerse a la tercer y última obra del escritor Mexicano Juan Rulfo, pero lo que no puede dejar de hacerse es leerla de un tirón, y descubrir que la muerte es una patada inmediata, agazapada bajo los albores de cualquier aparente fortuna.

Cierren las puertas de mi opinión abran ahora El gallo de oro: peleen la riña de la muerte.

(*) Marcos Cáceres (28 años). Reside en Sáenz Peña Chaco. Estudiante de narrativa, periodista independiente, lector aficionado.