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¿Coqui, el gran perdedor? | Por Cristian Muriel

La guerra sin cuartel entre Jorge Capitanich y Gustavo Martínez iba a terminar el domingo 10 de noviembre, pero las cosas no salieron como Coqui esperaba y el 10 de diciembre arranca una serie complicada si quiere garantizar la gobernabilidad durante los próximos -al menos- dos años: la pelea por la presidencia de la Cámara de Diputados.

El pan-radicalismo perdió por paliza en las legislativas del 13 de octubre: puso 7 bancas en juego y sólo pudo conservar 5. Tiene apenas 10 escaños y tiene, aunque parezca mentira, la sartén por el mango. No por mérito propio, se entiende, sino porque del otro lado el pan-peronismo es una bolsa de gatos producto del antes señalado recrudecimiento de la guerra entre los dos liderazgos que hoy ostenta el PJ.

Los peronistas de distinta laya y sus aliados de todo el espectro ideológico suman 21 bancas. Y no: no es exacto decir que tienen quórum propio o que ya se viene la reforma constitucional que prometió Capitanich, porque ese menjunje no podría ponerse de acuerdo ni para izar la banderita del Recinto.

El Cuerpo estará dividido más o menos en tres decenas entre radicales, coquistas y gustavistas, aparte de Aurelio Díaz, del PO, y de los dos líberos de Chiyo. Es como la división geopolítica del mundo distópico de George Orwell, e igual que en 1984, todas las disputas se resuelven cuando dos se juntan para reventar al tercero.

VENDETTA
La inclusión de Eli Cuesta como candidata a diputada en noveno lugar fue leída por los vagos como una perversión política: en vez de romper con Gustavo, Coqui eligió ningunearlo, dejarlo sentir el chasquido del látigo, y sentir también lo que es estar a un paso de entrar pero finalmente quedarse sin nada.

Porque era un hecho que la actual presidenta de la Legislatura y compañera del líder del CER se iría a la casa con las manos vacías. Eso y la posible derrota ulterior de Gustavo en Resistencia serían, como dice el chiste de los abogados, “un buen comienzo”, y el gozo de Coqui hubiera sido perfecto. Pero Cuesta entró y todo cambió. Todo.

El Coqui triunfante en las elecciones provinciales, desendeudado económica y políticamente, sufría el primer traspié y empezaba a pagar por adelantado ese centímetro de ventaja que le había dado a Gustavo. Mirando retrospectivamente la lista de candidatos a diputados provinciales del Frente Chaqueño, queda claro que ese noveno lugar era mucho más importante que el primero.

TOMA Y DACA
Con Cuesta de nuevo en carrera empezaron las apuestas. El radicalismo se mostró proclive a su continuidad en la presidencia, pero también con unas ganas apenas disimuladas de devolverle a Capitanich la gentileza por la jugada que en 2009 llevó a Juan José Bergia a encabezar el Cuerpo. Podría acompañar al gustavismo en la reelección de Cuesta o votar al representante de otra fuerza.

También el gustavismo expresó su postura a través del inefable Ricardo Sánchez, que no por estar con un pie afuera es menos vocero del CER. “No tenemos objeción ni hacia Ságer ni hacia ningún compañero, pero sí creemos que nuevamente se pretende incurrir en el error de pretender imponer candidatos sin hablar”, expresó, lo que en Ricardosanchismo básico significa: “Eli Cuesta sigue”.

Por supuesto que habrá mucho para discutir, para dar y pedir, y no son pocos los votos “volubles” que pueden sospecharse entre tanto dirigente diligente. En este escenario incluso no es descabellado apuntar que hasta los diputados del Frente Integrador, que estarán pisando el salón Deolindo Felipe Bittel por primera vez, tienen chances de presidir el Cuerpo.