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Sabadini: el fin de ciclo del fiscal conjetural | Por Cristian Muriel

El fiscal federal Patricio Sabadini tuvo en vilo al gobierno de Domingo Peppo durante cuatro años, pero en los últimos meses la suerte dejó de sonreírle. La jueza federal Zunilda Niremperger rechazó su pedido de avanzar contra la red prestacional Aclysa y contra el abogado José Sánchez por asociación ilícita y lavado; se negó a desalojar intempestivamente el expredio del Ejército sin antes hacer un abordaje sociosanitario, y rechazó su pedido para volver a meter preso al líder sindical Jacinto Sampayo. Aseguran que este martes sus seguidores marcharán para apoyarlo, y que habrá una contramarcha para apoyar a Niremperger.

TOCO Y ME VOY I
El nombre de Patricio Sabadini saltó a la fama cuando en octubre de 2012 se hizo cargo de la investigación por la muerte de la radióloga Tatiana Kolodziey, cuyo cuerpo apareció en un descampado en las afueras de la capital chaqueña. Sabadini creyó ver en la escena del crimen las huellas de un secuestro extorsivo que salió mal, pero se tuvo que declarar incompetente cuando se reveló que el asesino era un violador serial y no el captador de una banda de trata (el homicidio y sus agravantes no son de competencia federal).

Durante los días que condujo la investigación declaró que la aparición del cuerpo tuvo lugar gracias a una denuncia anónima, pero más tarde el diario Norte difundió fotos en las que se veía a los agentes policiales siguiendo al detenido, Juan Cabeza, quien les mostraba dónde, efectivamente, estaba el cadáver. Hubo por ello una denuncia radicada en la Fiscalía Penal Especial de Derechos Humanos, a cargo de Daniel Turraca, por la detención y los apremios ilegales que habrían facilitado ese hallazgo, hechos de los que, según la denuncia, Sabadini estaba al tanto.

Foto: Diario Norte. La imagen puso en duda la hipótesis de la “denuncia anónima” que expuso el fiscal.

El fiscal encabezó conferencias de prensa ante decenas de periodistas acompañado por autoridades de Seguridad de la Provincia y recibió cientos de llamados de medios locales y nacionales, al punto que a pesar de que su rol en la investigación fue producto de un equívoco que a la postre retrasó el desarrollo de la causa, para la opinión pública fue él y no la Justicia Provincial el responsable de mandar tras las rejas a Cabeza.

TOCO Y ME VOY II
Tras la muerte de Alberto Nisman, en 2015, fue convocado por Alejandra Gils Carbó para integrar el equipo de la unidad fiscal Amia. Lo más destacado de su paso fugaz por las oficinas ubicadas a escasos metros del Cabildo fue su salida precipitada después de pelearse con sus colegas. De nuevo en Resistencia, se dedicó al armado de la causa Lavado I.

EXTORNELLI
Este medio publicó hace algunos meses una serie de videos de cámaras ocultas realizadas a testigos e integrantes del equipo fiscal de Sabadini, que exponían cómo se estaba armando la causa, literalmente, para meter preso al entonces Secretario General de la Gobernación de Domingo Peppo, Horacio Rey. En un video hablaba un funcionario del gobierno provincial, el ‘testigo anónimo’ que le brindó a Sabadini una hoja de ruta para imputar a Rey; en otro un policía afectado al contacto con los testigos, cuya tarea era el ablande; y en el último el secretario de la Fiscalía, Juan Burella, que le ponía la frutilla al postre revelando que era Sabadini quien los había mandado a colectar pruebas y testimonios.

Más allá de la esperada reacción virulenta del entorno del fiscal después de la publicación de los videos, entre ellos algún “perro blanco” de pluma lobotomizada, lo llamativo fue la total ausencia de denuncias para saber si esos documentos eran causales de nulidad de las investigaciones en curso. No hubo un fiscal -naturalmente no Sabadini, que se dedicaba a monologar en el magazine del empresario hípico Julio Wajcman– ni abogado, ni dirigente, que dijera esta boca es mía. No pidió informes la jueza natural del caso, Zunilda Niremperger, ni lo hizo uno solo de los vituperados réprobos que hacían fila hacia el purgatorio.

META GUACHA
Sin tiempo que perder y con los planetas alineados a su favor, Sabadini siguió adelante en su cruzada contra el poder causando una crisis institucional como pocas en la historia de la Provincia. A pesar de que él mismo declaró que “ser fiscal hoy y desafiar al poder, tiene su costo”, no había funcionario que no anduviera, como reza el saber popular, con el culo contra la pared, aunque en rigor Sabadini ponía en práctica lo que el comisario catalán de los Mossos d’Esquadra, David Piqué i Batallé, denominó el “síndrome de Sherwood”, según el cual Robin Hood robaba a los ricos para darle a los pobres, pero él decidía a qué ricos robar y a qué pobres beneficiar, y por eso, como le cuestionan sus detractores, nunca tocó a Jorge Capitanich, a Gustavo Martínez ni a Mauricio Macri.

Sabadini no sólo metió preso al entorno de Domingo Peppo en Lavado I; también a los colaboradores de Aída Ayala -incluido el jefe sindical Jacinto Sampayo- en Lavado II, y encarceló al intendente de Villa Río Bermejito, Lorenzo Heffner, en Lavado III; además, cuando se le complicó la detención del escurridizo jefe comunal de Juan José Castelli, Alberto Nievas, recurrió a la ayuda de la presidenta del Poder Legislativo, Élida Cuesta, que impulsó la intervención del municipio como ya lo había hecho con Bermejito. El día que Nievas se entregó parecía que llegaba el turno de otros cuarenta intendentes y Chau tu Chaco, pero la fortuna empezó a hacerle a Sabadini alguna que otra mueca desagradable, como la liberación del propio Nievas sentenciada por Casación en un fallo con fuertes cuestionamientos a él y a la Cámara Federal de Apelaciones, que avaló la orden de arresto violando la inmunidad constitucional del castellense, o la revocatoria de las preventivas de Aída Ayala y los detenidos de Lavado II. Allí empezaría lo que para algunos es un fin de ciclo marcado por el “cambio de aire” del nuevo gobierno; si hasta el Congreso acaba de limitar la utilización indiscriminada de la prisión preventiva para evitar el riesgo procesal, herramienta que facilitó el increíble récord de Sabadini en materia de detenciones.

FIN DE CICLO
Sabadini también tenía en marcha una investigación a pedido del Pami por asociación ilícita contra los representantes legales y dueños de todas las clínicas y sanatorios de Aclysa en Chaco, y una contra el abogado José Sánchez, representante legal de esa entidad, por lavado de dinero. Mientras esperaba el visto bueno de la jueza para meterlos a todos presos, despuntaba el vicio presionándola desde la prensa para que desalojara a los ocupantes de los terrenos del expredio del Ejército, o para que metiera preso nuevamente al excarcelado Jacinto Sampayo.

Uno a uno la jueza rechazó esos pedidos. A la premura expresada en el requerimiento para desalojar el predio de Avenida Castelli interpuso el sentido común de dar primero intervención a los gobiernos provincial y nacional para que buscaran una solución política al problema; recién entonces se procedió a la liberación del lugar sin que se registrara un solo herido.

Para Jacinto Sampayo, corrió plata.

El no a la detención de Sampayo ya fue un cachetazo: “La particular característica conjetural de la solicitud no motiva suficientemente la privación de la libertad” del sindicalista, le espetó la magistrada y puso al fiscal otra vez a pergeñar apelaciones. Pero el golpe de gracia lo dio al rechazar el requerimiento de instrucción de las causas contra Aclysa y el abogado Sánchez, con quien Sabadini mantiene desde hace un par de años un enfrentamiento personal.

La respuesta a la presunta defraudación por parte de entidades de la salud privada del Chaco fue técnicamente la más dura, ya que luego de analizar en detalle el pedido, Niremperger vio que había clínicas que ni siquiera pertenecían a la red prestacional Aclysa, o a las que no se le imputaba más “irregularidad” que la “letra ilegible” de las historias clínicas, como si no fueran médicos los que las redactan. Niremperger rechazó el requerimiento pero no la investigación: sólo le reclamó a Sabadini que hiciera las cosas como corresponde, convocando a auditores imparciales para revisar las más de 300 mil prestaciones que se amontonan en 103 bolsas de documentación, y que después volviera con algo bien hecho. Atar cabos no es investigar.

Pero lo que más le dolió a Sabadini fue el rechazo a la instrucción contra José Sánchez por lavado de dinero. Niremperger calificó la presentación como “imprecisa”, con conclusiones sustentadas exclusivamente en “apreciaciones conjeturales y meramente subjetivas, pues no hacen foco analítico en los elementos probatorios”. Fue un cross a la mandíbula, seco, que lo dejó tendido en la lona.

OLOR A GLADIOLO
Públicamente la reacción de Sabadini fue informar que iba a apelar cada una de las decisiones de la jueza pero a través de los portales web que utiliza para operar en redes, la atacó con todo su arsenal de descalificaciones, recordándole que había luchado contra el mal en causas como Carbón Blanco, que había rechazado jugosas coimas, y que ahora no se entendía por qué se doblegaba. Lo bueno para ella es que ese arsenal tiene el poder explosivo de una cajita de Chasqui-Bum y la profundidad discursiva del loco motoneta. Lo malo es que a veces, en redes, con eso basta.

En tanto, en la red social más influyente para la psiquis de los argentinos, Whatsapp, circulan sendas convocatorias para marchar en apoyo a Sabadini en contra de la ahora execrable jueza, y marchas de apoyo a Zunilda y a Sampayo en contra de Patricio Sabadini. Dicen que son apócrifas, per codere, porque ambas facciones están citadas el mismo día, en el mismo lugar y a la misma hora.