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Vacaciones sexualmente insuperables | Por Analía Urretavizcaya

Cuando decimos vacaciones asociamos conceptos como bienestar, descanso, tiempo libre, diversión, placer. Estar de vacaciones implica un desorden del orden establecido.

Juego, libertad, perderse en los laberintos cotidianos y salir hacia otro lugar preferentemente sin reglas, sin la carga de lo normal, de lo habitual. Cortar la rutina del encierro y las obligaciones. Hay una ilusión de cambio, de barajar y dar de nuevo.

Las parejas -en vacaciones- suelen elegir un alojamiento extraordinario, un destino inspirador y ese efecto sorpresa que causa llegar a lugares que pocos conocen.

Los más jóvenes buscan encuentros de verano con diversos y extraños a su medio habitual. Esto es porque lo exótico, toma vigencia.

Por otra parte, cuando hablamos de sexualidad, uno asocia en la mente conceptos como sensualidad, sube y baja de emociones, estremecimiento, descarga de tensión acumulada, y lo prohibido.

Aquí, lo erótico toma vigencia.

Y así, vacaciones y sexualidad se entrecruzan en esta ilusión del porvenir de lo ajeno, de lo que nos puede sorprender y emocionar originalmente. Porque hay una condición tanto para la diversión como para el erotismo y es que se vislumbre algo novedoso, algo oculto, algo para develar, algo para descubrir.

Así como también hay una condición para la excitación y es que haya relajación.

Estar menos preocupados por ejemplo por el tiempo hace que podamos dedicarle más al encuentro sexual.

Los cuerpos están más expuestos, se muestra epidermis con generosidad y se sugiere con más o menos picardía. La ilusión que persigue con la mirada a esa piel al aire libre o al sol, que con calor brilla, busca develar un misterio que requiere acción. Hay un despertar de los sentidos que hace más probable que las parejas se encuentren. La suma de luz y testosterona, que es la hormona del deseo, provoca un aumento de la libido.

Vacaciones y sexualidad se condicionan mutuamente.

Si nos relajamos, divertimos, innovamos y nos sorprendemos vamos a poder experimentar tensión sexual. En vacaciones estamos menos nerviosos, más descansados y relajados. Este estado de ánimo favorece una actitud de búsqueda de intimidad y facilita el orgasmo.

Aunque por otro lado la buena sexualidad no debe ser como las vacaciones, solo una o dos veces al año. Lo soberbio sería practicarla en casa en lo cotidiano.

Blaise Pascal (matemático, teólogo, filósofo y escritor francés) se refirió a algo así, cuando dijo que la “infelicidad del hombre se cimienta en que no ha podido aprender a disfrutar de la paz de su habitación”.

(*) Psicóloga (UBA), Sexóloga (Universidad Favaloro).