Los mismos sectores, las mismas armas, los mismos intereses | Por Cristian Muriel

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Esta semana se vieron las dos caras de inmediata asimilación para la opinión pública de lo que tantas veces se denominó “la grieta”, esa narrativa que, debido a la posición política de sus creadores, nunca fue neutral.

Por un lado, la manifestación de Barrios de Pie para proponer como tarea colectiva el relevamiento de precios en hipermercados de todo el país (tienen experiencia con el Índice Barrial de Precios que elaboran a través del Isepci desde 2011); por otro, el intento de quemarle la camioneta a un productor y dirigente agropecuario en la localidad de Charata, que dio lugar a la denuncia de todo el arco opositor contra las retenciones a la exportación de granos.

La disputa por el sentido en las redes y en los medios hace a la pelea por los recursos, y por lo tanto a la definición del país que quieren los que están de uno y otro lado de esa línea imaginaria. Lo de Barrios de Pie puede leerse como una estrategia política para no quedarse afuera de un proceso del que salieron solos cuando eligieron apoyar la fórmula Lavagna-Urtubey para complacer su antikirchnerismo glandular, pero sería un error mirar la superficie y no reconocerles la acertada lectura de lo que está en juego.

Lo del presidente de la santiagueña Sociedad Rural de Sachayoj, Juan Monín, también es una estrategia política, pero de las bravas: un supuesto cóctel molotov que dañó la pintura de la caja de su Volkswagen Amarok detonó en pocas horas una embestida nacional de dirigentes, entidades ruralistas y legiladores macristas que mezclaban el pedido de apelar al diálogo con hashtags como #volvieronpeores y #violencia (esto no lo tuiteó el disparatado Fernando Iglesias sino el exministro de Agroindustria de la Nación, el formoseño Ricardo Buryaile).

Según los denunciantes, la causa eficiente del ataque fue la participación del dirigente en una reunión con diputados de la oposición para pedir que se quiten las retenciones a la exportación de commodities.

El endeudamiento sostenido y la fuga de capitales prohijada durante cuatro años por Mauricio Macri no promovió una sola denuncia por parte del cambiemismo, pero ahora, ante un hecho que ni fue lo suficientemente grave en sí mismo ni lo fue como parte de un escenario de creciente violencia social, instalan un discurso beligerante, se definen como víctimas de ataques mafiosos y reclaman que si quieren pagar la deuda, no toquen sus intereses.

Es importante retener que “la grieta” corresponde a una construcción no neutral, interesada, sobre la que durante los últimos años del gobierno de Cristina Fernández se apoyó una parte de la narrativa de la prensa hegemónica contra el “relato K”; la otra fue la corruptela kirchnerista en correspondencia con los lineamientos internacionales del lawfare contra los gobiernos populares.

Los mismos sectores están retomando las mismas líneas de acción, porque responden a los mismos intereses que antes.

Es casi un hecho que el país va por el camino del default; que en las actuales condiciones, sin un “reperfilamiento” adecuado, para el cuarto trimestre de 2020 estaremos en cesación de pagos.

Las medidas del Central para que los bancos privados bajen las tasas de interés y promuevan los créditos para personas y pymes no surten efecto alguno porque las entidades prefieren seguir apostando a las Leliq.

En las últimas semanas las operaciones de contado con liqui aumentaron 13 por ciento, lo que significa que la sangría de dólares no se detiene.

Además se espera para este mes una inflación no menor a 3 por ciento, con especial impacto en el rubro alimentos, lo que demuestra que los sectores formadores de precios también están jugando a sacar la mayor tajada posible en este momento de incertidumbre por más que se vaya todo al diablo.

Los bancos piden a la autoridad monetaria que no intervenga en sus negocios, los exportadores agropecuarios que no se les apliquen retenciones, los frigoríficos exportadores que no se toquen sus márgenes para desdolarizar los precios del mercado interno, los accionistas y directivos de las empresas petroleras de Vaca Muerta que les otorguen beneficios excepcionales para invertir, y los super e hipermercados, que no los regulen porque los controles de precios nunca sirvieron.

Del otro lado hay un gobierno popular recientemente electo que acaba de distribuir 66.499 tarjetas Alimentar sólo en Chaco, en el marco de un nada metafórico Plan Contra el Hambre, para inyectar en el mercado interno $ 4 mil millones por año sólo en alimentos de la canasta básica. Una forma apenas ordenada de hacerle frente al 46,9 por ciento de pobreza y 15,9 por ciento de indigencia del primer semestre de 2019, los niveles más altos en la provincia desde 2006.

Hay una búsqueda de recuperar la obra pública para activar la economía frente a una parálisis que significó el cierre de casi 20 mil empresas en cuatro años, causando una tasa de desocupación del 10,6 por ciento en el segundo trimestre de 2019. Hay un jefe de Estado recorriendo el planeta para que los líderes mundiales apoyen a la Argentina en la renegociación de la deuda generada por Mauricio Macri con el FMI.

La “grieta” no es entre la corrupción peronista y el republicanismo cambiemita. La grieta es entre los sectores concentrados de la economía y los sectores populares. Los que durante casi un lustro promovieron la búsqueda de culpables en el gobierno anterior, al final del gobierno anterior los buscaron en el gobierno que estaba por llegar, y ahora los encuentran nuevamente en el gobierno que no los deja seguir expoliando los recursos del país.