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Cambios en el Perrando: algo más que un sofocón | Por Cristian Muriel

La chicana del diputado macrista Aradas o de Livio o algún otro referente radical a mediados de enero respecto a la crisis en la salud pública precipitó el estallido del plan de Jorge Capitanich de pasar la seca sin sobresaltos (o el plan de pasarla con $160 millones, la mitad del pozo acumulado del Quini 6 para la próxima jugada, que es como querer cruzar el Sahara con media cantimplora).

Después aparecieron los hilos de la operación política, en este caso contra la ministra de Salud Paola Benítez, a quien el gobernador Capitanich terminó respaldando al nombrar nuevas autoridades en el Perrando.

El viernes, cuando ya el horno no estaba para bollos, un grupo de médicos se amontonó en el estacionamiento del nosocomio provincial “tratando de hacerle RCP a nuestro amado Perrando”. Parecía una protesta de Greenpeace; sólo les faltó disfrazarse de hospital. Pero no mentían: el Perrando está colapsado, abandonado, en ruinas, aunque no “desde hace un mes”, como dijeron algunos de los presentes, que hasta tuvieron el tupé de pedir una “intervención federal” del área.

Encolerizada, la titular de la cartera sanitaria declaró: “Es lamentable que muchos de los que antes cumplían funciones directivas no salían a manifestar las necesidades y dejaron caer el hospital, pero hoy salen a reclamar por mejoras que no sólo no las hicieron cuando debían, sino que además fueron parte del origen de la criticidad actual en salud”. En la misma línea pero sin diplomacia, Daniel Pascual identificó entre los firmantes a exdirectores y codirectores de gestiones anteriores, y los acusó de «cómplices del inoperante marca cañón de Peppo«.

La turbulencia que empujó al Gobernador a nombrar a las apuradas a los doctores Trejo, Pascual y Miranda (el miércoles había renunciado José Bolaño por motivos personales) no le impidió pocas horas después afirmar que directores de hospitales, centros de salud y jefes de servicios tendrían que ganarse el puesto por concurso de antecedentes y oposición, de lo que se deduce que el mandatario hubiera preferido otro desenlace antes que un decretazo entre gallos y medianoche.

Por último, este domingo el ministro Chapo hizo un refrito de lo que ya habían dicho el diputado Pedrini, la ministra Benítez y otros dirigentes sobre los cuatro años de criminal desfinanciamiento de la salud pública, letal degradación de Ministerio a Secretaría y desastrosa gestión de los funcionarios peppistas en la provincia. Cerró el capítulo con el siempre innecesario intento de confiscar a su adversario el derecho a la crítica: “Los radicales no tienen autoridad moral para hablar de la salud pública”.

NADIE SE HACE CARGO DE NADA NUNCA
No hay dudas de que la situación de la salud pública chaqueña es terminal, y que la pesada herencia tiene múltiples causas. Paradógicamente, el único funcionario que quiso ponerle el cascabel al gato durante el gobierno de Domingo Peppo terminó preso: el exSecretario General de la Gobernación, Horacio Rey, que impulsó la transferencia del sistema de compras a Fiduciaria del Norte recuperando hasta el 60 por ciento de lo que se gastaba en insumos y medicamentos. También fue artífice del malogrado intento de independizar el sistema de otorgamiento de licencias por enfermedad, un curro de larga data que le permitió a la Provincia ahorrar millones en suplencias de docentes y otros gastos concomitantes.

Quizás no haya sido culpa de Peppo que imputaran a Rey por asociación ilícita y lavado, pero sí fue el responsable directo de no sostener el cambio de matriz con el que se hubiera conseguido algo de transparencia y mejores resultados económicos. Peppo también acompañó con el silencio y los votos de sus legisladores la obediencia festiva de Macri al FMI y sus consecuencias para la salud pública mientras el macrismo vernáculo, cómplice militante de ese desaguisado, seguía con la chicana de asamblea estudiantil.

El último regalo del villangelense a la salud pública fue avalar, también en silencio, el criminal abandono de Pami a sus miles de afiliados chaqueños, lo que ocasionó muertes evitables y el colapso definitivo de hospitales como el Perrando y el 4 de Junio, que a falta de problemas se llenaron de viejos sin atención derivados de clínicas sin camas. Esto sin mencionar que mientras él armaba las valijas para mudarse a Paraguay, los pacientes de Terapia Intensiva del Perrando agonizaban con los respiradores corcoveando por problemas de la instalación eléctrica, sin aire acondicionado y con 40º C a la sombra.

Tienen razón Pedrini, Benítez y Chapo cuando hablan de la pesada herencia. Pero para enfrentarla está faltando muñeca, y por eso dos chicanas casi tumban una ministra.