A 12 años de la 125, el pueblo argentino ya no come soja… vidrio

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 A 12 años de la 125, el pueblo argentino ya no come soja… vidrio

Por Cristian Muriel | Hoy se cumple la tercera jornada de cese de comercialización de granos resuelto por la Coordinadora de Enlace de Entidades Agropecuarias (CEEA), en rechazo a la suba en las retenciones. También se cumplen 12 años de la Resolución 125.

Hay una parte de la sociedad que conmemora ese aniversario como si fuera la Guerra de Malvinas; que se emociona al ver a Alfredo De Angelis reaparecer no ya como senador sino como chacarero para pedir, a los gritos, que Alberto “pare de agredir al campo”.

Sí, el mismo De Angelis que en septiembre de 2018 dijo: “Las retenciones son perjudiciales, pero analizo el presente y la crisis que vive el país, por lo que me parece lógico y real lo que nos pide el Presidente, de hacer un esfuerzo entre todos los sectores”. Con Macri sí, con Alberto no.

12 años después la historia se repite como farsa. Los ideólogos de esta pelea, una vez más, echan mano de la rancia simbología de la argentinidad al palo, de escarapelas y feboasomas, del gaucho que madruga (aunque ese gaucho forme parte del 83% de trabajadores rurales en negro que relevó el Renaper el año pasado). En la ruta, entre dos postes, un pasacalle reza: “El pueblo y el campo unido por una Argentina federal”. Alrededor sólo hay algunas Hilux y dos tractores: no hay “pueblo”. Algo está cambiando.

Los dirigentes rurales llaman “confiscatorio” al sistema de derechos de exportación móviles para la soja (no lo llamaban así cuando Luis Miguel Etchevehere dejó la presidencia de la SRA para asumir como ministro de Agricultura de Macri); comparten intereses con quienes en general califican de “distorsivos” a todos los impuestos a la renta, y más allá de la chacra, por contagio, se suman los pequeños comerciantes que se oponen a que le saquen al que labura para darle a los vagos.

Ahí estamos jodidos. Si por una cuestión aspiracional, de clase, el bolichero que se beneficia de la actividad económica del mercado interno anhela un modelo que derrumba el poder adquisitivo de los ciudadanos al punto de forzar el cierre de más de 24 mil empresas en cuatro años, o de llevar la pobreza al 47% en el Gran Resistencia, será difícil cambiarle la cabeza. Por suerte no todos los argentinos piensan igual.

Mientras tanto la Mesa de Enlace sigue salmodiando que si en 2008, con “viento de cola”, se les hubiera permitido ganar todo lo que querían, hoy el país estaría mejor. Seguramente se habrían vendido muchas más Hilux y eso hubiese puesto en marcha el virtuoso círculo de la actividad pyme. (Igual se patentaron más chatas japonesas que cualquier otro vehículo, lo que refleja la dinámica del sector agropecuario, del sector minero, del sector energético y del sector público –sus principales clientes– mientras el resto de la economía se ahoga comprando en cuotas el segundo vehículo más vendido del país: las motitos 110 cc.).

Por supuesto que “el campo” no es todo lo mismo, y el ciclo dominado por la literatura camporista contribuyó a desdibujar las diferencias entre grandes y pequeños productores y las inequidades entre las distintas economías regionales. El primero en darse cuenta fue Julio Cobos, mal que nos pese. Por suerte Alberto entiende que de ésta o salimos juntos o no salimos.

En el nuevo esquema de retenciones, como graficó el productor agropecuario y ex director titular de Federación Agraria Argentina, Pedro Peretti, “la primera categoría de segmentación –la ofrecida hasta los mil quintales de producción– incluye a casi 13000 chacareros; éstos van a pagar 13 puntos menos de retenciones; al 70% de los productores sojeros la medida no los afecta ni los toca y, en cambio, los favorece. La suba de los tres puntos en la soja en cambio sí beneficia, y mucho, a otros 24 cultivos y economías regionales, a los que se les rebajan los derechos de exportación. No es poco ni es una segmentación simulada para ‘quedar bien’; tampoco es una medida recaudatoria sino claramente redistributiva intra-sector”.

Peretti también dijo que el nuevo lock-out tiene al tema agropecuario como excusa: “El verdadero objetivo es desgastar a Alberto Fernández. Comenzó a ejecutarse un mes antes de asumir, donde sacaron un video que se llama ‘Campo + Ciudad’; después hicieron vigilias en la vera de la ruta, asambleas y ahora decretaron este paro”.

No les importa el 40 por ciento promedio de la población nacional por debajo de la línea de pobreza, y no pueden explicar de qué forma no pagar retenciones va a beneficiar a esos millones de argentinos. Cuando pudieron tener el gobierno que anhelaban, el de Mauricio Macri, sólo contribuyeron a la destrucción del aparato productivo, de las pymes, de la industria, y a dejar el país en default.

Como dijo el Presidente, el actual Presidente: “A veces me duele mucho la intolerancia de los que no entienden y a veces hacen paros raros. Pero, paciencia, entenderán. Siempre digo lo mismo: no tenemos a los medios, pero tenemos la razón. Y si tenemos la razón, la gente nos va a acompañar”.

La historia se repite como farsa, pero el pueblo argentino ya no come soja. Perdón, vidrio.