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EEUU no pudo prevenir cientos de contagios de coronavirus por restricciones burocráticas

La ganadora del Pulitzer Sheri Fink y corresponsal del New York Times reveló este miércoles que el gobierno federal de Estados Unidos demoró las pruebas a potenciales pacientes y por eso no pudo contener el virus durante los primeros días del brote. Actualmente ese país tiene más de 1.700 casos confirmados y 40 muertes.

El primer caso de coronavirus confirmado en ese país, a fines de enero, fue en Seattle. La experta en enfermedades contagiosas de la zona, Helen Y. Chu, que hacía varios meses llevaba adelante un proyecto de investigación sobre la gripe –el Seattle Flu Study–, tenía gran cantidad de muestras de secreciones nasales recolectadas a residentes con síntomas del estrecho de Puget en el Estado de Washington.

“Para readaptar esos exámenes con el fin de monitorear el coronavirus, necesitarían el apoyo de funcionarios estatales y federales”, indica el artículo, pero como los laboratorios de investigación no estaban autorizados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) para realizar tests a muestras de coronavirus, Chu y su equipo estaban atados de pies y manos. Tenían las muestras pero tenían prohibido usarlas para buscar una enfermedad distinta a la del objeto de su investigación.

Decidieron que no podían seguir esperando, y el 25 de febrero empezaron a hacer pruebas a sus muestras sin autorización: “Los resultados confirmaron sus peores miedos. Rápidamente tuvieron un resultado positivo de un adolescente local sin historial de viajes recientes. El coronavirus ya se había establecido en suelo estadounidense sin que nadie se diera cuenta”.

El proceso administrativo para que decenas de laboratorios de investigación de universidades y privados pudieran sumarse a la búsqueda del virus era casi imposible de superar, incluso cuando las pruebas “oficiales” en muchos casos fallaban y había que descartar cientos de muestras y esperar semanas para volver a empezar. Mientras tanto los casos aumentaban.

Las restricciones formales eran mayoritariamente éticas y estaban relacionadas con las garantías y los derechos de los ciudadanos norteamericanos a que se respetara su privacidad y su consentimiento para estudiar muestras que originalmente fueron compartidas con otros fines. Ni siquiera la emergencia nacional flexibilizó esa normativa.

A pesar de los resultados positivos del laboratorio de la doctora Chu, los organismos de regulación estatales se negaron a aceptar sus muestras y el 9 de marzo les exigieron que detuvieran sus estudios por completo. Las pruebas a gran escala para detectar el virus que realizaban los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) en muchos casos fallaban. La enfermedad ya se había esparcido en al menos 36 estados y había llegado a Washington D.C.

A título de ejemplo, desde el inicio del brote los CDC tomaron unas 8500 muestras sanguíneas y nasales (son más muestras que personas analizadas, dado que se realizan varias pruebas por paciente), pero en Corea del Sur, que detectó su primer caso casi al mismo tiempo que Estados Unidos, se analizan pruebas a 10.000 personas por día.

Para colmo, el protocolo para hacerse estudios, es decir, para ser sujetos “aptos” para la prueba, eran muy estrictos –tener fiebre y problemas respiratorios y haber llegado de viaje del lugar de origen del brote: Wuhan, en China–. Justamente el primer paciente había estado en China, cerca de Wuhan, pero no en Wuhan, y por lo tanto no le quisieron realizar el estudio. Sólo accedieron a hacerlo por presión de los funcionarios del Estado de Seattle.

La respuesta de los funcionarios del Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Respiratorias de los CDC seguía siendo la misma: “Si quieres utilizar tu examen como una herramienta de detección, tienes que consultarlo con la FDA”. El problema es que “la FDA no podía otorgar la autorización, porque el laboratorio no estaba certificado como un laboratorio clínico bajo las regulaciones establecidas por Centers for Medicare & Medicaid Services, un proceso que puede durar meses”.

Para cuando las regulaciones comenzaron a flexibilizarse, la enfermedad ya no podía ser contenida como al principio. Ahora ya está secuenciado el genoma del virus y sus variaciones genéticas, pero el virus había estado circulando silenciosamente durante semanas. “La disponibilidad de análisis de coronavirus sigue siendo muy desigual: mientras hay personas que fácilmente encuentran pruebas en ciertos lugares del país, otras han sido rechazadas”, indica Fink.

Como puede advertirse, no sólo en Argentina se expone la incapacidad de los gobiernos para afrontar catástrofes sanitarias. La pandemia de coronavirus debería ser una buena oportunidad para reforzar, a futuro, mecanismos de detección temprana y protocolos de actuación ante brotes epidémicos conocidos o desconocidos.

Sheri Fink es corresponsal de la unidad de investigación de The New York Times. Ganó el Pulitzer en 2010 por reportaje de investigación y en 2015 compartió el Pulitzer en la categoría de reportaje internacional. Tiene una licenciatura en medicina y un doctorado de la Universidad de Stanford.