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Soy Hugo | Por Mónica Persoglia

Fue una noche de fiesta se inauguraba con una misa. En el templo muchísima gente vestía de acorde al evento. Se entregaban diplomas y certificados.

Al salir, un hombre se acerca a ella y le dice “Usted es…? Soy Huguito” La mujer no pudo en su asombro y alegría: Huguito!!!! Lo abrazó fuertemente.

Cambiaron una palabras y la acompañó a la mesa donde se desarrollaría la cena, junto a su esposa, una hermosa joven con sus tres hijos.

Huguito, ese hombre de ojos color miel, era el mismo que muchos años atrás había sido el lustrabotas que iba a su casa de pequeño , rozaría los ocho años. Se sentaba en el umbral y llevaba su cajoncito en el que tenía sus enseres.

Huguito para ella, Hugo para la sociedad. Usando sus fortalezas y cualidades puso una academia de artes marciales, con las que mantuvo su familia e hizo su casa.

Un día cualquiera, siendo aún adolescente, Huguito, (Hugo) le llevó a la señora una clavel rojo, sin fecha particular alguna, solamente para expresar su afecto a quien le había dado afecto

Quizás , ahora de hombre, tendrá niños como discípulos, dejará el recuerdo de sus ojos color miel, al darles el ejemplo de la constancia y la disciplina.