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No fuimos, no somos ni seremos Cambiemos | Por Jorge Wandelow

No fuimos, no somos ni seremos Cambiemos, así como criticamos muy duramente al kirchnerismo.

Somos la Unión Cívica Radical y estamos para servir al país, para eso nacimos hace casi 128 años.

Tenemos enormes diferencias con quienes gobiernan y dirigen. La dirigencia partidaria no puede seguir silenciosamente acompañando esquemas de corrupción y privilegios. Sentimos profundo dolor por quienes no tienen nada, o por quienes menos tienen.

Que nadie venga a darnos clases de principismo o de solidaridad social. Menos los que pretenden enseñar virtudes éticas y cívicas, o a hacer revoluciones desde una computadora.

Somos radicales y vemos la decadencia permanente de una democracia republicana que juramos mantener a toda costa, vemos la corrupción, la insensibilidad y la incomprensión que están destruyendo la nación y a nuestros propios partidos políticos que son quienes deberían dar sus propias respuestas para el conjunto.

Vemos la necesidad de darle sentido a una democracia que no da respuestas y que carece de representatvidad y credibilidad, pero que, aún así, sigue siendo el único sistema político aceptable.

Sistema que no debe ser aristocrático ni corporativo. Sistema que debe usar el poder para el bienestar, la paz, la dignidad y la justicia de todo el conjunto social. No puede seguir al servicio de pequeños privilegiados, a costa de las grandes mayorías nacionales, tal como viene sucediendo casi desde el principio de la recuperación democrática, que tanto nos costó recuperar y en la que depositamos tantos esfuerzos y sueños.

Sistema que está carcomiendo, con distintas violencias y desigualdades, las entrañas de la nación, comprometiendo gravemente su futuro.

Vemos, sentimos y sufrimos los enormes dolores y desigualdades. Vemos un Estado que funciona para servir a los acomodados.

Vemos gobernantes a quienes su única preocupación es el electoralismo y las artimañas que impidan los verdaderos cambios, esos que puedan perjudicar sus egoístas privilegios.

Somos la vida y somos la paz, asegurábamos en algún tiempo; somos la reserva moral de la nación, decíamos también. Hoy vemos una dirigencia venal que quita sentido a nuestra historia, a nuestras propias luchas, y sólo transmite incertidumbres y rencores.

Hay demasiadas cosas que transformar de verdad, nuestra propia UCR radical debe recuperar su identidad, darle sentido a esa democracia republicana que declamamos. ¿Se puede? ¡Claro que se puede! depende de todos, no esperemos que nos regalen nada quienes se han enquistado en el poder, deformando la democracia.

Depende de los partidos políticos, depende de nuestro compromiso, de no dejarnos engañar más ni por populismos corruptos, ni por «prolijos» también corruptos. Ambos vienen alternándose para saquear al país, para someter a su pueblo.

No son simples cambios los necesarios, debemos emprender todos juntos la verdadera revolución democrática y republicana que nos asegure bienestar general, igualdad, justicia, federalismo,seguridad, progreso, dignidad individual y social.

Lo importante no es el grito de los que someten, lo verdaderamente importante es terminar con el silencio de los sometidos.

Este Gobierno es del PRO, Cambiemos es una entelequia de dirigentes oportunistas. La UCR es lo que manda su historia y no sus circunstanciales y malversadas conducciones.

La UCR no puede seguir acompañando, ni siquiera desde los formalismos de sus sellos, a un gobierno que nos conduce a un precipicio social y económico, a más y nuevos enfrentamientos, a más pobreza y exclusión, mayor desempleo, más desesperanza, más endeudamiento.

No queremos volver al pasado, nos preocupa el presente y el futuro.

No somos eso que llaman Cambiemos, Los Radicales somos Radicales.

«Yo digo en nombre de la Unión Cívica Radical para ahora y todos sus tiempos: la bandera de la unión de todos los argentinos, la vida en paz, el trabajo remunerado, la empresa cierta, y, sobre todo, la defensa de las instituciones de la República, no serán abandonadas jamás por la Unión Cívica Radical». Ricardo Balbín.

(*) Escrito el 16 de marzo de 2017, muy pocos escuchaban.