El verdadero riesgo de la flexibilización es la reactivación del sector público

Editorial Política Provinciales Salud Tecnología y Ciencia
 El verdadero riesgo de la flexibilización es la reactivación del sector público

El 93 por ciento de los 462 casos positivos de Covid-19 está en el Área Metropolitana del Gran Resistencia, donde también se concentra el grueso de la infraestructura estatal y, por ende, la mayoría de los 80.788 agentes de la administración pública provincial. No por nada el Ejecutivo calificó la zona como “crítica”.

La cuarta etapa del aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) anunciada el fin de semana por Alberto Fernández y por Jorge Capitanich apunta a recuperar el 75 por ciento de la “movilidad” de la población dependiendo, en Chaco, de la situación de cada una de las 69 localidades.

Si para el 24 de mayo la tasa global de duplicación de casos se mantiene por debajo de 25,4 días, habrá “fase cinco”. Por supuesto que no hay manera de recuperar el 75 por ciento de la movilidad si el área que concentra a la mayor parte de la población sigue en cuarentena. Y tal vez sea lo mejor.

La “fase cuatro” fue hasta ahora la más arriesgada, la más “liberalizadora” desde que se declaró la cuarentena y la que, si sale mal, puede significar haber tirado por la borda los enormes esfuerzos hechos por la ciudadanía y por el Estado. Quizás muestra los primeros signos del desgaste ocasionado por la imposibilidad de mantener la economía a flote. Para colmo tiene que lidiar con el factor psicológico del encierro, que es como un depósito de TNT transpirando nitroglicerina, sacudido sin cesar por las usinas de propaganda de los grandes grupos económicos que reclaman una salida alla sueca.

Es necesario tener en cuenta que ni en el mejor de los casos la recuperación de la actividad superará el 70 por ciento, ni la caída de la economía, al término del ejercicio 2020, será inferior al 10 por ciento. Sólo con la herencia macrista y sin pandemia íbamos hacia el default; con pandemia y un estricto aislamiento no salvamos la economía pero al menos evitamos decenas de miles de muertes. Pero eso podría cambiar.

Como afirma el biólogo australiano Erin Bromage, la clave del contagio es la aplicación de la fórmula “exposición al virus x tiempo”, condiciones que se dan idealmente en ambientes cerrados en los que se amontona gente. Poco pueden hacer los tapabocas y el alcohol en gel si respiramos durante horas el aire contaminado por una persona infectada. Cualquier semejanza con una dependencia pública no es pura coincidencia.

La erosión de los ingresos de los monotributistas y las pymes genera presión de abajo hacia arriba. No son ya las multinacionales ni los tenedores de bonos. Ni siquiera los que, en el otro extremo de la línea, cobraron el Ingreso Familiar de Emergencia. Hay proveedores del Estado que ni están proveyendo ni están cobrando, y también hay abogados, contadores, escribanos, que en su actividad liberal requieren del funcionamiento del Estado para vivir.

Voluble ante la presión de esos sectores, la “salida administrada” podría enfrentar en la “fase cuatro” el momento de mayor tensión de todo el proceso: la reincorporación gradual pero forzada de cientos o miles de agentes de los tres poderes del Estado a lugares que no están preparados para impedir la propagación del Sars-Cov2.

Erin Bromage relata el caso de un hombre de Chicago, “Bob”, que tenía Covid-19 asintomático y contagió a 16 personas de entre 5 y 86 años; tres de esas personas murieron; el cuarto muerto fue “Bob”. Si cientos de empleados públicos vuelven a sus puestos de trabajo porque las autoridades no encuentran una estrategia para brindar servicios por vías no presenciales, la escalada de contagios podría ser escalofriante.

Bromage también reflexiona sobre la “curva” del coronavirus y la lenta, extensa y dolorosa salida. No hay forma de volver a abrir oficinas ni ministerios en lo inmediato, así que será mejor que entendamos que la solución estará dada por usos inteligentes de las tecnologías disponibles, aunque algunos funcionarios ni siquiera registren que ya se inventó el aparato de fax.

Por Cristian Muriel.