Fase Dos | Por Cristian Muriel

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Más quisiera el Sars-Cov 2 tener la capacidad de propagación y la virulencia de una fake news.

Hace algunas horas, una médica amiga me preguntó qué sabía sobre “cambios en el protocolo por Covid-19”, y me contó que una mujer policía les había dicho a sus hijas en la calle que “aumentó la curva de contagios” y se volvía a la “fase dos”. Véase el desaguisado: una médica le pregunta a un periodista si es cierto lo que dijo una policía sobre una epidemia.

Le dije que no había ningún informe oficial sobre eso, y que en todo caso lo de la “fase dos” era algo nuevo, porque si bien es cierto que a alguien se le ocurrió denominar “fase cuatro” a la actual etapa de flexibilización del aislamiento, las únicas “fases” reales que hubo fueron las definidas por las prórrogas del levantamiento de la cuarentena. La “fasificación” fue retroactiva, por lo que mal podríamos “volver” a una “fase” en la que nunca estuvimos, o por la que pasamos sin darnos cuenta.

Recién en la conferencia de prensa de Alberto Fernández del 8 de mayo, cuando se definió que estábamos en “fase cuatro”, se explicó grosso modo que los distintos niveles de cuarentena se denominarían fases uno, dos, tres, etcétera, diferenciados por el tiempo de duplicación de casos de coronavirus y el porcentaje de población que puede salir a la calle. CABA estaba en lo que ahora llamaban “fase tres” porque tenía más contagios que el resto del país, y el objetivo era llegar a la “fase cinco”, una “nueva normalidad”.

La fake news de “volver a la fase dos” que movilizó a mi amiga médica surgió de un mensaje viralizado por Whatsapp, de una persona que no se identificaba ni identificaba a su fuente, que afirmaba: “Recién me avisaron desde secretaria de gobierno provincial que mañana por la tarde Coqui anunciara que la provincia del chaco entra nuevamente en fase dos de cuarentena” (Sic) porque “tuvimos un retroceso notable y se aumentó la curva de contagios”.

Aclaremos: que sea fake news no significa que no sea cierto lo que dice, o que no haya algo cierto entre unas cuantas mentiras, sino que es incomprobable, y no sólo incomprobable como la frase del Sargento Cabral que agonizando en el refectorio de un convento susurró: “Muero contento, hemos batido al enemigo”; es incomprobable porque no debe ser comprobado: la fake news no se ganó el privilegio de ser chequeada.

Desde el punto de vista periodístico la fake news no puede ser refutada porque no alcanza el estándar de “objeto periodístico”. No es una noticia, no es un rumor. Para lo primero, debiera cumplir con requisitos básicos de validación sobre lo que se dice, quién lo dice, cuándo, cómo y por qué se lo dice; para lo segundo, tendría que llegar de una fuente confiable que habilitara el ulterior chequeo.

La verosimilitud no tiene ninguna importancia a nivel periodístico: afirmar que el Sars-Cov 2 fue creado en un laboratorio chino o yanqui, o que con un preparado de limón y jenjibre y un tratamiento homeopático se mata el virus, es verosímil, pero el periodismo exige algo más que afirmaciones plausibles.

¿Y por qué estamos hablando de esto? ¿Por qué le damos crédito a una fake news? ¿Por qué “alimentamos al troll”? Porque ya es tarde: la fake news se propagó. Como dije al principio: me enteré por una amiga médica a la que le contaron las hijas lo que dijo una mujer policía que leyó el mensaje en Whatsapp. Después supe que no pocos periodistas se habían acercado a funcionarios y autoridades sanitarias para saber si volvíamos a la “fase dos”.

Ahora veamos los hechos: según la publicación de la página oficial del Ministerio de Salud de la Nación, la “fase dos”, denominada de “aislamiento administrativo”, estipula que el tiempo de duplicación de casos positivos está entre cinco y quince días, y la “fase tres” de “segmentación geográfica” tiene una duplicación de 15 a 25 días.

Chaco pasó a la “fase cuatro” de “reapertura progresiva”, que supone una tasa de duplicación mayor a 25 días, pero si nos guiamos por el incremento diario de casos durante las últimas dos semanas, deberíamos seguir en “fase dos” (tasa de duplicación inferior a 15 días).

En efecto:

3 de mayo, 241 casos
4 de mayo, 249 casos
5 de mayo, 349 casos
6 de mayo, 361 casos
7 de mayo, 369 casos
8 de mayo, 395 casos
9 de mayo, 421 casos
10 de mayo, 421 casos
11 de mayo, 462 casos
12 de mayo, 479 casos
13 de mayo, 480 casos (duplicación de casos en 10 días)
14 de mayo, 507 casos
15 de mayo, 518 casos
16 de mayo, 556 casos

Pero la lista precedente tampoco alcanza para afirmar que estamos en una virtual “fase dos”, no sólo porque la duplicación de casos debe contrastarse con otras variables como la cantidad de casos por millón de habitantes, el incremento de los tests que se realizan, la forma en que se descargan los informes diarios, sino porque desde el 10 de mayo, cuando el gobernador Capitanich informó que arrancaba la “fase cuatro” en la provincia, ni pasó el tiempo suficiente como para medir las consecuencias de la apertura de rubros comerciales, ni se advierte un salto exponencial en la cantidad de casos informados con anterioridad: siguen al mismo ritmo.

El problema es que las autoridades sanitarias y el gobierno en general informan a contramano de las necesidades de la comunidad: no esclarecen. Claire Wardle, experta en “desinformación” de la Universidad de Harvard, dijo: “La mejor manera de combatir la desinformación es inundar el paisaje con información precisa que sea fácil de digerir, atractiva y fácil de compartir en dispositivos móviles”. Nada de esto se hace.

Además de la pandemia tenemos que cuidarnos de la infodemia, como dijo la OMS, pero tomando nota de nuestros propios hiatos y distracciones. Debería llamarnos a la reflexión el hecho de que un mensaje de Whatsapp desate una “infoxicación” entre los chaqueños y dos días después el gobierno todavía no lo haya refutado.