Remansos | Por Cristian Muriel

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Uno a uno, los primeros siete médicos y médicas de la Uncaus se acercan a recibir sus títulos de grado. Parado junto al rector de la casa de altos estudios, detrás de un barbijo que ya forma parte de su fajina, está Jorge Capitanich, que hizo aportes determinantes al sueño de la universidad propia.

Aplaude, Capitanich, en un salón medio vacío. Se saca el barbijo para hablar; se lo vuelve a poner. Sobre la mesita de los títulos también hay dos botellitas de alcohol. El ritual es sobrio, atemperado por el aislamiento obligatorio; la fiesta no es completa pero la ceremonia también se parece mucho a un alumbramiento: en plena pandemia de coronavirus, el Chaco está pariendo médicos.

El dato contrasta con el animado vituperio de los docentes terciarios, que acusan al mandatario de utilizar la crisis para destruir la educación superior o metamorfosearla en educación técnica, con un plan que arrancó con el nombramiento de una contadora pública como ministra de Educación. Para colmo, Capitanich había dicho, textualmente, “en la Era de la maximización de los sistemas de comunicación no nos vamos a dedicar a fomentar la producción artesanal de carretas”.

A los docentes los subleva el pragmatismo de Capitanich, la intempestiva porfía de querer transformar la educación por videoconferencia. Tienen razón, pero debieran reconocerle que sin sus esfuerzos de 2007 no hubiera sido posible tener médicos en 2020, ni que los estudiantes avanzados de la Uncaus hicieran sus prácticas en los hospitales públicos de la provincia, como ocurrirá desde los próximos días.

A Capitanich le cuesta abrir la jugada, sumar actores a la lucha contra el Covid-19, construir con las organizaciones de base, con los partidos de la oposición y hasta con el peronismo. Por eso el reproche cuando los números no acompañan es merecido: “si decide solo, que ponga el lomo solo”. Las jauretcheanas ‘señoras bian’ que recuperaron su derecho al shock de keratina en la peluquería, dicen que la culpa es de los indios del barrio toba que no respetan el aislamiento, y de Capitanich que no mete garrote.

Estamos llegando a la cima de una montaña que nunca quisimos escalar. Con más solidaridad de lo que creen algunos. El descenso será igualmente difícil.

Pero este miércoles, en un remanso en plena tormenta, el Chaco parió siete médicos y médicas. Nuestros propios “doctores”.

Algo estaremos haciendo bien como pueblo.