Medidas de guerra, sálvese quien pueda | Por Mónica Persoglia

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Sin menoscabar la gravedad del virus, las medidas enfrentándolo, son compulsivas como en una guerra, y no adiestrar para la conducta que todos sean los soldados de esa guerra virósica.

Queriendo salvar a la población, el aislamiento total abandono a los más vulnerables. Ante la imposibilidad de translado en transportes públicos, que también se llama comunicación, tampoco hay como acudir a ellos.

Estamos hablando de la gente mayor, aquella que es atendida por un familiar o por un cuidador. Se les niega el paso, el tránsito, así fuera un allegado o un asistente. Si los tomaran en cuenta habría un permiso y control diferenciado para ellos. Sin poner en riesgo ninguna de las partes.

Estas personas de edad, o discapacitados están a su suerte, de las que nadie sabrá sus necesidades ni los resultados de este situación.

Abundarán otros motivos de muerte o accidentes. Los servicios funerarios están dentro de las actividades esenciales.

Sálvese quien pueda.