Una rosarina y un genovés | Por Mónica Persoglia

Opinión Sociedad

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La madre de Pilar, vivía en Rosario casada con un noruego. Decía el relato que queriendo huir de su esposo alcohol, llegó desafiante a Asunción del Paraguay junto a sus tres niñas, Pilar , la mayor, Manuela y Ada.

Eran tiempos de oro para Paraguay, y abundaba el trabajo, pronto las mujeres se pusieron a trabajar, tapándose la cara, porque era vergonzoso en su género, verlas carpir o sembrar y comercializar sus verduras.

Pilar tenía sólo dieciséis años cuando se casa con Luis, un genovés, fornido, trabajador, de tan sólo diecinueve años. Los dos enamorados , se ubicaron en una predio donde sembraban y Pilar iba y venía de un lado a otro con una manta que le cubría la mitad del rostr-quedamdp al descubierto sus ojos grises.. Fueron años felices, nacieron tres varones y una niña, y su economía iba creciendo, hasta que un día Luis anunció que “quebraban los bancos de Paraguay” tendrían que marcharse antes de perderlo todo. Cargaron sus pertenencias en baules, e irían a Argentina via Corrientes en barco. Pilar estaba encinta.

Así se la ve en un foto antigua con Luis sentado, con gruesos bigotes, y ella redondita con un niño en brazos y los otros a ambos lados de su padre. Eran tiempos en que la mujer posaba de pie detrás del hombre,

Corrientes no fue su último destino, sino Resistencia, donde se instalaron en un terreno para hacer la huerta y comenzó a levantar lo que sería la carpintería.

Luis se dedicó a ser ebanista. Trabajador incansable. Los chicos sabían que los viernes había que darse una vuelta por la carpintería. Con las maderitas que sobraban Luis le hacía los baleros y los trompos. Quien no tenía un trompo hecho por don Luis?

Luego al atardecer se lo veía marcharse a su casa con su guayabera llena de viruta. Y allí lo espera la cena vegetariana de quien ahora era doña Pilar, que olía a orégano y todos los vegetales de su quinta.

Ambos murieron en avanzada edad.