Retrato de un banderazo contra el infecticidio | Por Cristian Muriel

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El análisis retrospectivo de la agresión a periodistas de C5N en la marcha anticuarentena alrededor del Obelisco, a partir del gesto vindicativo de comunicadores famosos en las redes sociales, aporta un dato luminoso: no se sienten culpables por fomentar el discurso del odio, la grieta. Al contrario: apenas disimulan el éxtasis, porque –piensan– la realidad los certifica. Y así funcionan las profecías autocumplidas.

“Repudio absoluto a la agresión que sufrieron los colegas de C5N. La libertad y las opiniones diferentes deben deben convivir en la democracia. Los periodistas solo hacen su trabajo. Que paguen los culpables”, tuiteó Roman Lejtman y sus seguidores lo putearon de arriba abajo porque después de tanto tirar tiros, resulta que entre el tiempo y la sangre elige el tiempo. El “yo te lo dije” que subyace el lamento de Lejtman sabe a poco para sus followers, odiadores de combis romper y de periodistas golpear, que marchan con mensajes como el de la chica de la bicicleta: “Argentinos los quiero libres, y a Cristina en la horca”.

Eduardo Feinmann se limitó a “coincidir” con tuits ajenos: repudio de Adepa, “coincido”; le doy RT a una carta del hijo de Leuco que acusa a Alberto de violento; repudio de Rodríguez Larreta, “coincido”, y así. Pero, como con Lejtman, sus seguidores estaban impacientes: “El periodismo siempre va más lento que las redes. Acá Feinmann de buena fe aún no sabe que fue una operación. En 2 días cuando se confirme oficialmente q lo fue, muy pocos saldrán explicarlo y repudiar a C5N”, le dijo “Lucho T”, y “Harry El Sucio” apostilló: “Los tendrían que haber cagado a palos. Vasta de ser los moderados y cuando son ellos te desovan” (Sic).

A Majul le pasó lo mismo: cumplió con el manual del buen colega, como si fuera eso, un colega, y sus seguidores, atentos al guiño, completaron la línea de puntos: “Repudio al periodismo militante que no para de atacar y fomentar el odio en los demás”, “Los ‘periodistas’ atacaron a un señor mayor. NO DEFIENDAS PATOTEROS”, etcétera. Incluso el autodefinido “anarquista pacifista” Juan Acosta, le respondió: “C5ñañaña nunca repudio tus amenazas que se vayan a cagar son agresivos que se jodan pena por los labradores los otros a patadas en el culo” (Sic).

Para Alfredo Leuco la agresión no pasó (hasta la publicación de esta nota). En cambio, celebró los banderazos y las caravanas libertarias y denunció “el desmesurado operativo de seguridad” policial en Avellaneda, Santa Fe, sede de Vicentin, como un amedrentamiento (nada que ver con la prohibición de aglomerarse en el contexto del ASPO). Tampoco dedujo que el movimiento de agentes era para prevenir desbordes de los manifestantes, como los que sí tuvieron lugar en la zona del Obelisco, donde periodistas podrían haber muerto. Su solidaridad y repudio ausentes tuvieron, no obstante, un gomoso mensaje de su hijo en TN que, en sustancia, dice así: “Las víctimas no son ellos, somos nosotros”.

La apelación a la autoridad de la víctima, sin embargo, tiene en nuestro país un registro cortante: víctimas del terrorismo de Estado fueron los desaparecidos y sus familias; fueron los exiliados; víctimas de la dictadura fueron los soldados de Malvinas; víctimas del patriarcado son las cientos de mujeres asesinadas en silencio mes a mes, con y sin aislamiento, por ser mujeres; víctimas del neoliberalismo son los poriajú con dengue y tuberculosis.

Ni los gerentes y accionistas de Vicentín son víctimas, ni los agentes y funcionarios y fiscales y jueces y periodistas que se prestaron a la realización de operaciones de espionaje ilegal son víctimas, y definitivamente no son víctimas, ni del Estado ni de ningún gobierno, los ciudadanos aislados por la cuarentena. Por eso revuelve la conciencia esa indignación olvidadiza de la Historia pero ahíta de rencores antiguos, que vuelca en las calles, por mor de un encierro que vive como un desborde tiránico, un banderazo cada dos o tres semanas.

Pero ojo: el ritual de indignados, que se arropa en la celeste y blanca mientras pide que se vaya el tipo al que votaron los demás y grita “libertad, libertad, libertad”, a veces se convierte en jauría, y muchos de esos “colegas” que “repudian” y se “solidarizan” son sus socios en la patriada. Citando a Navarro: “Que no te tomen por boludo”; citando a Majul: “No creas todo lo que te dicen los medios”; citando al Negro Jefe Obdulio Varela: “Los diarios sólo traen dos verdades: el precio y la fecha”.

Foto nota: Télam.