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Los fusilamientos como plataforma política de la marcha anticuarentena

Mientras este jueves una parte del periodismo celebraba con entusiasmo la desobediencia civil de la derecha en las calles de todo el país desafiando las restricciones impuestas por el ASPO, otra parte, la que cubría las incidencias de la marcha en el Obelisco porteño, era atacada a golpes por los manifestantes.

Las manifestaciones de repudio a esos hechos y la solidaridad con los “colegas” por parte de quienes soslayan su rol cotidiano de actores políticos enemistados con el gobierno, sonaron razonablemente artificiosas. Y si faltaba un botón de muestra, lo expuso abiertamente el portal Infobae.

Mientras golpeaban a los periodistas que cubrían la marcha, algunos vecinos mostraban carteles con leyendas como “Argentina los quiero libres, y a Cristina en la horca”, o “Fase 1: fusilar políticos, Fase 2: fusilar sindicalistas; Fase 3: Argentina despega”.

Justamente fue ese último cartel, pegado en la luneta trasera de un auto que avanzaba por Avenida 9 de Julio hacia el Obelisco, el que ilustró una galería de fotos del portal Infobae con el epígrafe: “Los mensajes contra la política y el sindicalismo estuvieron impresos en algunos de los afiches que mostraron los manifestantes”, en la nota “El banderazo en fotos: miles de personas se movilizaron en más de 70 ciudades del país”.

Para infobae, la apelación a los fusilamientos como herramienta política no pasa de una expresión de descontento ciudadano que no merece ni tan siquiera una referencia crítica, naturalizando el discurso de odio en una galería fotográfica.

Al tomar distancia, además, se ve la operación en toda su plenitud, la construcción de sentido: el brulote del hijo de Alfredo Leuco, que acusa al presidente de la Nación de “recurrir a las trompadas como símbolo y metáfora para responderle a un periodista”, la entrevista a Alfredo Casero que afirma que “esto es una dictadura” y que Alberto Fernández “va a hacerle daño a todos”, por nombrar algunos ejemplos.

Eso sí, sus columnistas no dudan en manifestar en la redes sociales su solidaridad con los «colegas» agredidos y pedir «que paguen los culpables».