Las dos caras de la grieta | Por Cristian Muriel

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Alberto le dio RT a un videíto “pugilístico”. Fernando Iglesias le dio RT a un fusil de combate con la leyenda “Es hora de guardar las cacerolas”. Veamos las dos caras de la grieta.

El retuit de Alberto es el pasaje de una entrevista del noticiero de Canal 13 al Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, reeditado por un tuitero que sobreimprime un guante de box cada vez que el funcionario refuta al periodista. En vez de un “chan” a lo Petinatto, un trompis a lo “Batman”.

El retuit de Iglesias, en cambio, es una placa fija ilustrada por una foto de un fusil FAL, que propone pasar de los cacerolazos a las armas, pero además es un símbolo de “nuestras” FFAA y no un fusil escogido al azar en Google. No invoca a la desobediencia civil ni a locos sueltos que disparan M-16 desde azoteas de Illinois, sino al golpismo castrense argento. El tuitero se llama “bayoneta007”.

ESCALA DE AMPLIFICACIÓN
Lo de Alberto lo publicaron La Nación, Infobae y toda la prensa alineada y satelital del país, y el Grupo Clarín armó un escándalo cuyo colofón fue una “carta abierta” del hijo de Leuco sobre la violencia ejercida por el mandatario, con réplicas en la tele y en la radio y de nuevo en las redes, coreografiadas de paso por los sacristanes Longobardi y Lanata.

Lo de Iglesias lo publicaron Ámbito, Télam y Página|12; y El Cronista y otros medios de nicho lo explicaron como un error involuntario del diputado cambiemita, siendo su justificación ulterior: “Sobre @bayoneta007, cuenta que bloqueé. Como siempre hago con estos mensajes, escribo ESTA CUENTA NO ACEPTA INCITACIONES A LA VIOLENCIA- ESTÁ BLOQUEADO. Hay muchos en mi TL. Se ve que en vez de apretar el botón RT-con comentario apreté RT. Repudio ese mensaje. Perdón por el error”.

Pero el error fue invitar al lector a recorrer su TL, porque es la prueba de su afán conspirativo. Sin ir más lejos, el 9 de julio tuiteó “Chorra, vamos por vos”, con una foto de la marcha “por la República”, lo que le valió una denuncia por daño agravado e incitación a la violencia compartida con la inefable Patricia Bullrich. Ese es Fernando Iglesias, el que llama al Golpe y después pide perdón por el error.

LA GRIETA
La grieta no es un invento del último tramo del gobierno de Cristina. Es real y expresa las contradicciones nunca resueltas de nuestro proceso de formación nacional y emancipación, proceso que también vivió EEUU, por ejemplo, y que dirimió en los sangrientos sucesos de la Guerra de Secesión de mediados del siglo XIX.

A falta de una guerra civil, en Argentina la perpetua lucha entre los intereses de los sectores concentrados y los de las mayorías populares nunca se detuvo y salpicó de masacres el siglo XX. 200 años después la confusión resultante muta en aberraciones ideológicas como envolver en una bandera argentina a los empresarios de la transnacional Vicentin.

EL GERMEN
Según el dogma de la argentinidad, de cara al cabildo abierto del 25 de mayo de 1810 los “600 de French”, jóvenes de la aristocracia porteña que no eran seiscientos, devinieron en “chisperos” de una civilidad que solicitaba ardientemente: “El Pueblo quiere saber de qué se trata” e inventaron la escarapela.

Pero al año siguiente, el 5 y 6 de abril de 1811, intuyendo que la Revolución se debilitaba, unos 4000 gauchos, orilleros, arrabaleros acompañados por los alcaldes de los barrios, se juntaron en la Plaza Mayor pidiendo “¡Cabildo abierto!”. Toda la clase gobernante, Cornelio Saavedra el primero, se espantó, y la historia lo sepultó o lo llamó un “hecho oscuro”. Fue un levantamiento popular cojudo que Salvador Ferla consideró “el primer 17 de Octubre”.

Ignacio Núñez, militante de la Sociedad Patriótica, reporta en ese entonces: “Este ejemplo que se tenía a la vista hizo temer en muchos el peligro de una sublevación en la esclavatura, o en los indios, cuyo número era considerable en el Alto Perú y en las provincias de abajo hasta la capital”.

Manuel Beruti, uno de los escarapelos, ironiza: “Suponiendo pueblo a la ínfima plebe del campo, con desdoro del verdadero, del vecindario ilustrado y sensato de esta ciudad que ha quedado burlado y no fue llamada para nada…”, y así.

Y enfrente el Martín Fierro, y el Gaucho Gil y Artigas y otros símbolos populares con un pie en la realidad y otro en la leyenda. Civilización y barbarie.

La grieta es parte de nuestra identidad histórica, no una distorsión sociológica ni un instrumento kirchnerista. Tanto Alberto como Iglesias representan los intereses colectivos de quienes los votaron, que son contrarios. Pero mientras el retuit de Alberto admite una forma ligera de confrontación política que no rompe ningún código, el de Iglesias expone la voluntad destituyente de su sector. Alberto apela a la retórica; Iglesias, al miedo inveterado.

Y EN CASA TAMBIÉN
Hace pocos días el ahora exjefe de la Policía del Chaco presentó su renuncia en el programa de Julio Wajcman. Con picardía aclaró que lo suyo (y de quienes lo secundaban) no era un apriete. Simultáneamente, familiares y entenados de policías se congregaron frente a la Escuela de Ídem reclamando –según el periodista Hugo Dellameala reincorporación del Jefe que nadie había echado. Mientras se multiplicaban en Whatsapp los audios anónimos llamando a un alzamiento para poner en valor “los huevos” del “Jefe” que “defendía a sus soldados” (policías imputados por allanamiento ilegal, torturas y abuso sexual), la amenaza se fue consumiendo y a la noche la avenida estaba desierta.

Pero en 2013 sí hubo un levantamiento, cuatro muertos y una cuarentena de imputaciones por sedición e incitación a la violencia colectiva agravada por la finalidad de aterrorizar a la población (en la Justicia Federal) e imputaciones en la Justicia provincial, que terminó, meses más tarde, con todos los sediciosos de vuelta en sus trabajos como si nada hubiera pasado.

Nos acecha un peligro que duele como una herida antigua. En Latinoamérica, en Argentina, en Chaco. Nunca dejó de acecharnos. El problema no es de Clarín, que nunca perdió de vista su rol histórico; ni de Iglesias.

Como escribió Sandra Russo: “En lo único q este país se parece a Venezuela es en la oposición” y como reza el ya clásico aforismo tuitero: “Cuando yo era joven los radicales eran radicales, los peronistas eran peronistas y los macri eran contrabandistas”.

El problema está de este lado. Se llama vergüenza política.