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Mi historia de… perros | Por Mónica Persoglia

Sería mi historia con mis perros, soy muy perruna. Cuando niña no me dejaban tener mascotas, y a mí me gustaban mucho.

De grande siempre tuve “mis perros”. Y cada uno tuvo su parte en nuestra historia familiar, y su temperamento. Si me dejan, lo comparto con Uds, es interesante.

El primer perro que tuvimos fue el del vecino, que se vino a vivir a casa, el Puqui, mi hijo Gabriel por las siestas se sentaba en el umbral de enfrente y le acariciaba la trompa por debajo de la puerta. El Puqui, venia a mirar televisión con él todas las tardes y luego se iba con su dueña, hasta que un día no se fue… se quedó y lo acompañaba a la escuela.

Luego tuvimos la Corbata, una perra pequeñita callejera, muy inteligente, me acompañaba al supermercado, a la cola del banco y un día se coló en la iglesia, y se ponía en dos patas para las canciones… perra cristiana.

“La doña”, era una que se instaló en casa, preñada, muy mala, lo obedecía a mi hijo, y era muy guardiana. No estuvo mucho tiempo. Pero una noche vino una sra amiga a casa y la “doña” no la reconocí y ella le decía “sra perrita… soy yo…”, se había olvidado el nombre.

El Pocho, ese era de la calle, de nadie, chiquito, retacón y chueco. Lo acompañaba a mi hijo al regregro de la casa de su novia. Pero no se quería “aquerenciar”, volvía a la calle.

Los perros de los otros vecinos, también venian, sus dueños eran estudiantes y cuando iban a sus casas, entraban, Yan, un lassy enorme y se colocaba debajo de la ducha por el calor, se desparramaba y resoplaba, regresaba cuando Alfredo, su tutor llegaba.

También lo hacia el Chegue, que era de Lizy, la hermana de Alfredo, estudiante de arquitectura, nosotros sabíamos que cuando él llegaba, Lizy había salido, y su instinto hacía que regresara justo en el momento que ya su dueña estaba en su casa.

Luego vinieron tiempos de alcurnia, tuvimos una ovejera alemán y luego su hija Grisú. Ya teníamos perros de raza. Con las once crias de Grisú pagamos el viaje a Bs As. Cuando mi hijo partía a Suecia.

La Jazmina!!!!! Una pequinesa mezcla marca perro. Con ladrido agudo, mimosa pero histérica.

Y cuando me roban a Grisú me regalan a CANELA, una bóxer, cariñosa, caprichosa, con aspecto de identidad de género. Ella estuvo diecisiete años.

Ahora, luego de mucho pensar, la traje a Diana. Habían mil excusas para decir NUNCA MAS, pero la conclusión que saqué es que , las mascotas para la niños y adolescentes desarrollan el cariño, sentimiento de pertenencia. En los adultos, pueden “usarlos” como perros guardianes solamente, pero en los Adultos mayores, son las mascotas que brindan cariño, son las conversaciones solitarias, miman, cuidan, y son los porteros sin honorarios.