Costumbres y nuevos vínculos | Por Mónica Persoglia

Opinión Provinciales

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Conocidos los latinoamericanos por la efusividad en sus expresiones, su forma de relacionarse, dar un abrazo, un saludo, uno , dos o tres besos, la pandemia obligó a un distanciamiento que provocó sentimiento de abandono, angustia.

Comenzaron a explotar las redes, las llamadas telefónicas, las fotos , los videos, y formas virtuales de comunicación, donde hubo necesidad de cambiar el modo de expresar los afectos, los apoyos, las confirmaciones y modos hasta creativos para dar consuelo.

La palabra se transformó en una herramienta donde el tono de voz debe tanto abrazar, como separar, responder u ordenar. El gesto adusto tuvo que moderar sus formas atraves de la pantalla para mostrar autoridad, como consenso.

El lenguaje de los ojos, la parte libre del rostro, por el obligado tapabocas, comenzaron a sonreir, como también dejar aparecer la humedad de sus lágrimas. Los ojos aprendieron de decir “amor”, como afirmar “un te quiero”.

Quizás esto también haya ocurrido antes, pero ahora se valora sus parpadeos voluntarios.

Pero los niños están absortos tratando de traducir esos lenguajes, están acostumbrados al vínculo tibio del abrazo, al beso, a la caricia. Ellos todavía no lo han ejercitado, y ojala no les quede herende como cultura, sino sólo una experiencia de la niñez, en algo que esperamos algunas vez deje de azotar la tierra, este Covid 19.

El hombre aquí aprendió, que tenemos muchas maneras de expresarnos, que nuestro cuerpo tiene todo un lenguaje, aunque extrañemos, todavía ese contacto afectuoso, esa palmada alentadora, esa forma de desordenarnos el cabello dando ánimo, ese “abrazo de oso”.

Tené una palabra a mano, quizás tengas que dar y la devolverán con un sonrisa Vale.