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Diecisiete reflexivo | Por Cristian Muriel

Disclaimer: no es objeto de esta columna analizar el Día de la Lealtad como mito de origen, ni con la primera oración del 18 de brumario de Luis Bonaparte, ni como la teatralización de una teatralización en el sentido del Tema del Traidor y del Héroe. Menos que menos blandir el peronómetro. El PJ tiene un líder: Jorge Capitanich.

De abajo arriba, la estructura de la pirámide la forman intendentes con sus bases territoriales; ‘Chiyo‘ y ‘Mingo‘, que conservan espacios de poder y lazos corporativos, y por encima Gustavo y Hugo Sager, que tienen un poco de todo, es decir, suman “volumen político”. En la cima está Coqui, y alrededor, la argamasa: militantes y aventureros. Eso es todo. Eso es el 17 de Octubre sin un fenómeno de masas que lo respalde. Que nadie se ofenda.

SIGNOS DE LOS TIEMPOS

El PJ chaqueño (y por metonimia su frente electoral de ocasión) se quedó sin pata izquierda hace ya un buen rato. Todo él es hoy derecha pura y dura, y por lo tanto Jorge Capitanich conduce un espacio de derecha. Salvo que alguien crea que las oenegés que brotan como esporas –incluida la ya antológica Cámpora– son peronistas de izquierda. En todo caso, no piensan arriesgar un solo contrato por zonzeras, lo que explica la gozosa suficiencia con la que Gustavo Olivello les moja la oreja (el sargento ayudante es un catalizador de la hipocresía de la militancia millennial: no hubo renuncias tras su polémico nombramiento, ni cuando le tiró el carro encima a Nayla Bosch, por aquello de que la batalla hay que darla desde adentro. Jipis con InSSSeP. Y los boludos debatiendo si Olivello sí u Olivello no).

Pero el objetivo de esta columna no es reflexionar sobre los problemas del tercer sector.

Por cierto, no hay desavenencias con los aliados de la izquierda y el progresismo que no se arreglen conversando. Por ahora no se oye el clamor ni el rumor ni nada; nadie se va del Frente. Ningún espectro recorre Europa, salvo cuando las organizaciones piqueteras o las autoconvocatorias libertarias patean el microcentro, únicas masas críticas que hoy por hoy desafían la pandemia. Votos que no son de nadie y cabezas que son de derecha hasta cuando son de izquierda.

Ejemplo. Militantes del MTH, acaso el espacio más combativo de los últimos tiempos, con dirigentes formados en las entrañas del PO, hace algunas semanas provocaron a un puñado de policías frente a Casa de Gobierno con un recurso humorístico que desnudó el discurso subyacente: ofreciéndoles bizcochitos. No los increparon por ser agentes de un sistema represivo sino por comer bizcochitos, vale decir, en su condición de laburantes pobres. Compraron el discurso de la derecha que pide achicar el gasto público. Sí, el MTH, un movimiento de mayoneros, planeros y poriajú.

EN CAÍDA LIBRE

La voz “política” del PJ hoy es Juan Manuel Pedrini, que pide la palabra en el Recinto para vindicar a Olivello. Lógicamente deja sin asunto a sus adversarios, que como a la derecha de Pedrini no tienen más lugar se ven obligados a ir hacia abajo, a hundirse en el discurso del odio y la provocación abyecta.

No es que lo necesiten a Pedrini para eso: es una línea política que el Departamento de Estado yanqui viene aplicando con éxito en Medio Oriente y en Sudamérica desde hace unos cuantos años entre invasiones, ahorcamientos, golpes blandos y lawfare; un discurso que propone el solipsismo para evitar la perspectiva, la mirada que desnude la sistematicidad del programa a nivel continental.

Igual impresiona que la UCR que hace un cuarto de siglo dejaba perplejos a propios y extraños con el carisma de Ángel Rozas, hoy tartamudee envenenada a través de los posteos insalubres del ‘conejo’ Aradas y el ‘zorro’ Zdero. Intoxicados, sus followers putean contra Argenzuela al ritmo de un “Olajá q se muera viejo hdp deja el circo albertitere !” (Sic) como signo de su nivel de reflexión y debate, y de su relación con la lengua de Cervantes. Así entrarán al cuarto oscuro en unos meses. Bendita democracia.

Por eso, cuando Aradas denuncia que el gobierno quiere encarcelar al pueblo que lucha por la libertad pero que no hace lo mismo con los piqueteros, más allá de la mendacidad (porque los piqueteros sí fueron encarcelados) le está hablando a un público talibanizado que no necesita que lo convenzan, sino que lo sigan alimentando con sangre fresca.

Mientras el gobierno hace malabarismos para que esos furios cobren en tiempo y forma, IFE incluidos, los Aradas y Peches y Zderos cuera viralizan videítos en los que proponen que un Coqui exhausto fuga a Nación, Analía Rach Quiroga se va al Congreso, Hugo Sager toma el poder y ‘Chiyo’ se apropia de la Cámara de Diputados para seguir haciendo el mal. No tiene ningún sentido, pero ¿qué más da en un mundo en el que las dos verdades inobjetables de los últimos meses son que el Sars-Cov2 no existe y que la Tierra es plana?

Ok: tampoco es objeto de esta columna reflexionar sobre el relato apocalíptico y cómo éste encarna en la sociedad en tiempos de pandemia.

Sobre lo que sí intenta llamar la atención, y con esto terminamos, es sobre la necesidad de recuperar la iniciativa en el nivel del discurso como camino hacia la reapropiación del sentido y la materialización de un proyecto nacional y popular.

Dejar de avergonzarse por la narrativa peronista, por el mito del Ser nacional y popular. Terminar con la comunicación experimental edificada con emojis y posteos promocionados por chiques que creen que Cristina no garpa, o que ilustran un flyer del 24 de Marzo con una foto del golpe en Chile. No darle pelota al verso derechoso. Dejar de mover el aparato de propaganda para responderle a un posteo con veinticuatro visitas y un Me Gusta. A la gilada ni cabida.

El 17 tiene que ser reparador. El 17 se ratifica la lealtad al líder, pero también se le exige lealtad. Se le pide -o este servidor le pediría- recuperar la iniciativa, retomar el timón, reconquistar los sueños, no achicarse y devolverle al Pueblo lo que es del Pueblo: la palabra dicente. Que el 17 vuelva a ser un día para poner el mate…. y las masas.