La Novena | Por Cristian Muriel

Opinión Política Provinciales

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La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional. He aquí la Novena Verdad Peronista que José Luis Espert, en su libro “La sociedad cómplice”, refuta así: “No es casualidad que gran parte de la falacia populista gire en torno a la idea de que el peronismo aboga por ‘la felicidad del pueblo’”, ya que de esta forma se refuerza “la mística”, pero “en términos de política pública” la “felicidad de los hijos del pueblo” no significa nada.

No hay sociocrítica ni lingüística ni semiótica ni nada. Espert es como si no tuviera lado B. Eso sí: no para de reproducir, con ideologemas propios de su tradición ultraliberal y antinacional, la mitología friedmaniana. La conclusión natural de su pensamiento “libertario” no podía ser otra que: “No siempre lo que resulta óptimo para el crecimiento del PBI resulta igualmente óptimo para la autopercepción del bienestar por parte de los individuos”, lo que equivale a decir que la felicidad de tener un sistema público de salud o educación universal y gratuita importa la disminución del PBI y por lo tanto un futuro aciago, mientras un buen ajuste pone a prueba la “autopercepción” de felicidad, pero en el mediano plazo le hace bien al PBI (y a la grandeza de la Patria).

Eudemonismo. En lo que a nosotros respecta, pensamos que las únicas acciones de un gobierno que dan razón de su existencia son las virtuosas, las que apuntan a la felicidad del pueblo. Las de corto, mediano y largo plazo. Claro que en la realpolitik hay que hacer de todo: tapar agujeros (default, inactividad, inflación, devaluación y consecuente pérdida de poder adquisitivo del salario, pandemia), y también encender la chispa de la actividad económica antes de que el pueblo elija un cambio de rumbo porque la felicidad se hace esquiva.

Una y otra vez el que suscribe vuelve sobre la hoja de ruta de Jorge Capitanich, puesta a consideración de la ciudadanía el 13 de octubre de 2019, porque si en 2011 su entusiasmo era contagioso, en 2019 era conmovedor: nadie se animaba a decirle, como Drew ‘Bunini’ Brown a Muhammad Ali antes de la pelea con Foreman, que de nada serviría “bailar” ante esa bestia. Pero Capitanich siguió adelante, porfiado, proponiendo ingenios tribuneros y también cambios estructurales. Por si acaso: en esta columna también se dijo, y no pocas veces, que el montenegrino ha jugado con fuego acercándose peligrosamente a aquello de lo que intenta prevenirnos la Séptima Verdad.

Volviendo a los cambios estructurales propuestos, que en rigor son la continuidad del proceso de transformación que se inició en 2007: entendemos que son su legado y una muestra de coherencia. Si en 2007 hacía falta infraestructura para soñar con un Chaco agroindustrial, en 2020, tras un hiato de cuatro años, hay más caminos, redes eléctricas y de fibra óptica, mayor acceso al agua potable, gas natural, una matriz productiva en la que la soja y el maíz pasarán a jugar un papel determinante; en definitiva, mejores oportunidades para la inversión.

Por eso, cuando esta semana Capitanich cerró un trascendental acuerdo comercial con la firma Feng Tian Food para producir y exportar carne de cerdo a China, con la puesta en marcha de tres criaderos industriales y frigoríficos, el diseño de un circuito para abastecer localmente a esos establecimientos con 32.300 toneladas de soja y 87.400 de maíz por año (ni siquiera hace falta importar el alimento), la creación de más de 1000 empleos directos y la búsqueda de inversores locales para sumarse a la aventura, no pocos pensaron que esto no es casual; y no lo es: la partitura de la obra lleva su firma.

De paso, también obtuvo el apoyo del Banco Nación para revitalizar en los próximos 18 meses el ciclo completo de producción avícola, asimismo asociado a la producción de maíz y soja. Es, como dijo el propio Capitanich cuando se reunió con funcionarios nacionales y el CEO de Granja Tres Arroyos, “transformar cereales en carne” y, con los chanchos, transformar la carne en divisas.

Estas políticas están atadas a la reestructuración de deudas de la provincia, a la reactivación de obras de infraestructura y al financiamiento de proyectos productivos, pero vislumbrar dichos avances en plena pandemia es alentador. Y demuestra que todavía puede haber políticas públicas como medio para la felicidad del Pueblo.

Foto nota (sin editar), Jorge Tello.