Dicen que ganan | Por Cristian Muriel

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

En trece años de gobiernos peronistas la UCR chaqueña ha remitido hasta convertirse en un partido vecinal que, no obstante, conserva una estructura capaz de mantener a diez legisladores en el parlamento provincial, y otros cuatro en el Congreso, lo que no es poco teniendo en cuenta que el peronismo a duras penas logra contener, negociando ley por ley, a la propia tropa.

Con el tiempo la dirigencia radical le perdió el pulso a gobernar más allá de los límites del ejido municipal de sus bastiones. De la sensación embriagadora del poder omnímodo y fiestero de los noventa, de esos doce años de gloria, sólo quedan recuerdos borrosos.

Resignada a su rol decorativo en las decisiones trascendentes, esa dirigencia ahora se dedica a comparar los montos de fondos recibidos de Nación informados en las gacetillas de prensa del propio gobierno, a quejarse por los 250 proyectos de ley que presentaron y nadie aprueba, y a machacar con las ideas-fuerza de toda la vida: el que gobierna (siempre que no sea Macri) es, por definición, corrupto.

Pero si, por así decirlo, perfeccionó su capacidad de hacer oposición, revisando los resultados de las elecciones de esta década y pico, incluidos los cuatro años de gobierno macrista, todo indica que fueron los errores ajenos, y en todo caso su pericia de partido vecinal (porque los partidos vecinales ganan elecciones, y un racimo de ellos constituye un polo de poder regional) los que mantuvieron a flote el Partido.

Entonces, ¿qué peregrina posibilidad hay de que con ese palmarés el año que viene, en el mejor de los casos en tiempos de pospandemia, den vuelta la relación de fuerzas en la Cámara de Diputados del Chaco, de cara a recuperar, en 2023, el poder provincial? Según esa dirigencia “resignada”: una enorme posibilidad.

En lo que va del año la Legislatura sesionó sin parar. Consiguió, en parte por la capacidad de Hugo Sager de acercar posiciones y lograr consensos, en parte por la madurez de todos y todas los y las diputados y diputadas, un índice formidable de apoyo al gobierno provincial en la gestión de la pandemia.

En cuanto a su conducta legislativa, no se le puede reprochar a la oposición haber puesto palos en la rueda. Sus modestos y teatrales abandonos del Recinto nunca pusieron en peligro una votación importante.

Y el acompañamiento al gobierno no sólo se mide en la ratificación de decretos de emergencia sino en la elaboración de nuevas leyes y en el aggiornamiento de normas existentes para que no perdieran operatividad durante la cuarentena. Hubo mucho trabajo en comisiones, mucha cooperación por el bien común.

Pero esto nada tiene que ver con lo que pasa en la calle.

El agobio por el encierro y los permanentes operativos sanitarios para mantener al Covid-19 a raya, sumado al deterioro de la situación económica, le borraron la sonrisa al pueblo chaqueño. Y no hay excusas: el Chaco lo tiene a Coqui, y Nación los tiene a Alberto y a Cristina. Pero la “Década ganada” también es un recuerdo borroso. El presente es un virus contra el que todavía no hay vacuna. Y darse una y otra vez contra una pared.

Para colmo el gobierno se pelea con todos los sectores: a los comerciantes les impone restricciones por vía judicial, a los movimientos sociales les manda a Olivello, a los docentes terciarios les propone eliminar sus carreras y toda una serie de acciones que parecen pensadas por el enemigo.

Finalmente, el ASPO y el DISPO que impiden que la gente salga de su barrio o de su pueblo, cambian también las coordenadas del poder político: las depositan en los intendentes, que están más cerca que nunca de sus vecinos. En esa licuación del poder, la UCR devenida en “partido vecinal” tiene más para ganar que para perder.

El partido vecinal agencia su renovación de autoridades, prepara candidaturas, conversa con potenciales aliados y se convence de que el 2021 es su año. Si no aparece la política de este lado, no será tan difícil que lo consiga.