No militan y después se quejan

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

Cuando un político presenta un libro es para militar. No importa si adentro hay un programa de gobierno, los hitos de una gestión o crucigramas: desde sus páginas reforzará las ideas de quienes piensen igual y provocará a sus adversarios. Además el objeto-libro es un talismán para hablar con la gente en un centro cultural o en un comité en plena villa.

Es lo que está haciendo la exministra de Seguridad de Macri y actual presidenta del Pro, Patricia Bullrich, con “Guerra sin cuartel”, su colección de memorias que también pueden encontrarse en las páginas de Clarín y La Nación entre 2015 y 2019.

Pato milita en Villa Gesell y también en los barrios humildes del conurbano bonaerense sabiendo que la inseguridad es una preocupación transversal. No batió al enemigo chorro ni al enemigo narco pero los enfrenta con la sinhueso. Y labura. Se hace saludar por policías en la Costa, “estallan las redes”; encabeza reuniones con los vecinos en el Segundo Cordón y no le importa si se la morfan los mosquitos. Meta guacha. Palo y a la bolsa. Pato quiere ser presidenta de la Nación.

Naturalmente, una vez que pasó el huracán Bullrich arranca la tarea militante de los referentes de base. A sumar gente organizando debates o brigadas patrióticas o campañas tipo ‘Taser Para Todos’. Después reperfilarán, para los sectores medios, para los aristócratas aspiracionales, el discurso. En Clarín y en Twitter hablarán como si no fueran dirigentes de ningún partido político y como si no hicieran política. Todos serán Milei o Favaloro o el señor con sombrero de las cajas de Quaker.

Pero está claro que para ser presidente de la Nación con los libros solamente no alcanza. Entre 1997 y 2018 Jorge Capitanich escribió dieciocho libros e hizo todos los deberes militando sin parar para ganar lo que se le pusiera enfrente a nivel local; paradójicamente, desde el Chaco, más allá de su polémico paso por la Jefatura de Gabinete de Cristina, no pudo llegar ni al segundo round de la presidencia del PJ nacional. Se entiende, entonces, que si lo llama la Jefa y se corta la señal porque está inaugurando un centro de salud en El Sauzalito, los compañeros en CABA lo cocinan.

Así que Capitanich, hoy por hoy, más que militar, y haciendo abstracción de la trabajosa gestión de gobierno que le toca, lo que está apurando es el lobby para irse a Nación. El panorama no es malo: preside el Consejo Regional del Norte Grande que le otorga visibilidad nacional; con Gildo acorralado es el principal referente del peronismo del Norte Postergado, y su figura se agiganta si se lo compara con tres o cuatro ministros de Alberto que no están ni para subsecretarios de un municipio.

Eso sí, al mostrarse prescindente en las disputas de cabotaje del corto y mediano plazo, acá deja el tendal. A saber: en orden a garantizar “gobernabilidad”, al “nuevo” PJ provincial lo une el espanto, que será también la argamasa que unifique la lista del Frente para octubre, ya quizás con un Jorge Capitanich organizando conferencias de prensa en la Rosada. Y sin oposición fuera ni dentro del PJ, mirando hacia 2023, los nombres para sucederlo ya están definidos. O, mejor dicho: el nombre y el apellido. Y eso pasa cuando, a diferencia de lo que está haciendo la Pato en Provincia de Buenos Aires, la militancia no milita y los dirigentes no dirigen. Al parecer, con el tiempo la imbatibilidad de Coqui enfrió la sangre de los compañeros que, eso sí, se quejarán despechados cuando los dejen afuera.