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El hombre parado en la grieta | Por Cristian Muriel


Gustavo Olivello logró en cuarenta y ocho horas lo que decenas de asambleas y plenarios no consiguieron en años: juntar a todos los movimientos piqueteros chaqueños en una marcha multitudinaria (a todos menos al Movimiento Evita, cuyo jefe, Osvaldo Chiaramonte, es funcionario provincial) y en plena pandemia. Hoy podría haber habido cientos de heridos; mañana quizás haya un brote de Covid-19 que nos haga volver a Fase 1.

En el campo piquetero y de la izquierda, como en otros territorios en disputa, las organizaciones no siempre se llevan bien, pero cuando ocurre un hecho represivo como el del martes pasado en la Plaza España contra el Movimiento Barrios de Pie (por cierto, una marcha a favor del gobierno), convergen hasta los que se odian. Hoy estaban el espacio de Emerenciano Sena, provida, y los aborteros del Movimiento 20 de Diciembre; estaban el PO, el PTP y BDP; había troscos, maoístas, peronistas y comunistas. Todes.

Insólitamente, a las 08:10 de este jueves, ya en conocimiento de que miles de personas se estaban concentrando rumbo al microcentro para repudiar la represión del martes y exigir su renuncia, Olivello hizo un encendido descargo en Facebook Live desde la fan page de su portal de noticias parapoliciales. No profetizó su salida, pero casi.

A lo largo de 18 minutos justificó la metodología utilizada para dispersar a los manifestantes en la Plaza España (horas antes el subjefe de Policía, David Vega, había felicitado a los efectivos “por su profesionalismo”); caracterizó a los referentes piqueteros como “burgueses disfrazados de dirigentes sociales, que se visten como pordioseros y viven como reyes”, y trató de “tontos útiles” a quienes los siguen, porque “viven en casitas precarias mientras sus jefes viven en mansiones y tienen camionetas de cinco millones de pesos”. La semejanza con el discurso del exvicegobernador Juan Carlos Bacileff Ivanoff, casi punto por punto, es asombrosa.

También escrachó al exdiputado Carlos Martínez, referente de Barrios de Pie, quien –sostuvo– el día de los incidentes en Plaza España había estado declarando ante la Justicia en una causa en la que está imputado por extorsión, por quedarse con la plata de la gente del movimiento. Finalmente instó a los ciudadanos que no comparten la metodología del apriete “a manifestarse para que se oigan las dos voces, porque hoy se está oyendo una sola”.

El todavía subsecretario de Prevención y Seguridad en Abordaje Territorial recordó que su renuncia está a disposición del gobernador. Unas horas antes, su jefe en el gabinete, el ministro de Gobierno Juan Manuel Chapo, había renunciado, pero a su cargo como consejero suplente en el Consejo de la Magistratura, por razones aún no comunicadas oficialmente.

Para algunos analistas, si no había presencia policial para contener la multitudinaria marcha que este jueves llegó hasta la plaza 25 de Mayo, significaba que el gobierno “había sido derrotado”, y que la renuncia de Olivello o la de Chapo estaban al caer. Lo cierto es que no sobraban opciones una vez hecha la macana: redoblar la apuesta de la Plaza España y reprimir a escala total hubiera sido sumar heridos y tal vez muertos a los brotes de contagios que indudablemente ocasionará la marcha.

Ante ese panorama, el video soliviantando a sus seguidores, convocándolos “a manifestarse” y seguir provocando divisiones en una sociedad que ya está dividida, es una estupidez política y una irresponsabilidad civil. Y Olivello lo hizo en cuarenta y ocho horas, y lo defiende a capa y espada, parado arriba de la grieta.

Mientras la economía cruje y el sistema sanitario se tambalea, el policía devenido funcionario civil avisa que no va a parar. Permanezca en el gobierno o desde el llano, va a seguir agitando divisiones porque se alimenta de ellas, y tal vez en 2021 se suba a una lista de manodurismo y se siente en el parlamento (si lo están midiendo ya deben saber que en un mano a mano electoral a Carlos Martínez se lo come crudo).

Lo que en este momento no es posible dimensionar es la magnitud del daño que Gustavo Olivello le hizo a la sociedad chaqueña al provocar, sin ayuda, una crisis política y sanitaria donde no había nada. Alguien tendría que preguntarle qué entiende por «prevención» y «abordaje territorial».

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