“Inseguridad jurídica”, el argumento de Fechaco para embestir contra la Justicia, los diputados y los ambientalistas

Editorial Gremiales Medioambiente Política Provinciales
 “Inseguridad jurídica”, el argumento de Fechaco para embestir contra la Justicia, los diputados y los ambientalistas

Por Cristian Muriel | La Federación Económica del Chaco difundió este domingo un documento en el que cuestiona las “campañas ambientales, de bosques y de la justicia que apuntan contra la producción”, además de los proyectos de ley que afectan la ejecución de permisos forestales. El tono adoptado para el informe es el de la víctima, los argumentos son los del verdugo.

El texto elaborado tras el encuentro del 20 de noviembre entre directivos de Fechaco, dirigentes empresariales, productores del Grupo Agroperfiles, agrónomos y funcionarios de Producción asegura que “algunas agrupaciones ambientales en los últimos meses se ensañaron contra el sector productivo, específicamente el forestal”.

Dice que la actividad “se ve amenazada por acciones judiciales, e incluso por proyectos de ley provinciales afectando de manera directa la ejecución de permisos forestales para transferir de manera intempestiva el área de bosques a otro organismo, provocar una situación de inseguridad sin escuchar al productor y al Estado ni medir las consecuencias económicas ni sociales”.

“El ambiente y la producción no se contraponen: se complementan y son aliados estratégicos para el desarrollo”, observa el texto que busca llamar a la reflexión. Y ahí empieza la mentira: es exactamente lo opuesto: el ambiente y la producción no se complementan y son enemigos jurados: se anulan mutuamente. Vale decir: a más producción, peor ambiente.

Según Grain.org, “el sistema agroalimentario global actual es responsable de cerca de la mitad (entre 44 % y 57 %) de todas las emisiones de gases con efecto de invernadero producidas por actividades humanas. Es abrumadora la bibliografía que lo respalda: altas concentraciones de dióxido de carbono por el uso de combustibles fósiles; metano y óxido nitroso por la agricultura. Además, conforme la actividad avanza sobre los bosques nativos, destruye ecosistemas y contribuye a la proliferación de enfermedades como el Covid-19.

Si entendieran esa premisa –que producción y medioambiente se contraponen–, en lugar de estar quejándose por las medidas judiciales y los proyectos de ley para parar el desmonte, avanzarían en consensos básicos para producir más y mejor con el menor impacto ambiental posible, pero sabiendo siempre que el ser humano, por ser humano, tiene impacto ambiental. Por eso son importantes los controles y las audiencias públicas: es ese el verdadero sentido de “seguridad jurídica”, y no la impunidad que reclaman.

Aferrados a la misma línea argumental, luego señalan que “el sector de la producción, la industria, comercio y de servicios representa el 48% del sostenimiento de la masa de trabajadores de la provincia”, con lo que los ataques de ambientalistas, diputades y jueces también estarían poniendo en peligro las fuentes de trabajo y el funcionamiento del Estado al socavar la recaudación tributaria.

Pero los datos duros los desmienten nuevamente. Según la Administración Tributaria Provincial, el Impuesto Inmobiliario Rural es el gravamen con mayor porcentaje de evasión del Chaco, al punto que ha tenido que evaluar “intimaciones masivas o un cobro compulsivo” para recuperar millones de pesos que los “chacareros” se niegan a pagar. Como señalaba Ricardo Pereyra en el Boletín Tributario Nº 8 de abril de 2011: “Es el único impuesto que tienen que pagar los propietarios de campos ya que están exentos de pagar Ingresos Brutos”. Sí, son evasores.

Tampoco son un gran dador de empleo: desde hace años menos del 10% de los trabajadores ocupados de Argentina lo hacen en el ámbito rural. Y a fines de 2019 el 83 % de los trabajadores rurales de las actividades forestal, ganadera, hortícola, frutícola y citrícola relevados por el Renatre, estaban en negro. Además de darse casos de trabajo infantil y trata de personas.

Respecto a las fuentes de trabajo en peligro, según el Indec en el primer trimestre de este año cayó el número de trabajadores en blanco un 1,5% interanual, y subió 1,3% la masa de trabajadores en negro, que ahora es del 31,6%. En la cima de los sectores con trabajadores en negro están la agricultura, la ganadería, la caza y la silvicultura.

Por lo tanto, sin negar la importancia económica de la cadena forestal, afirmar que “es el principal motor de generación de empleo privado”, es falso. Un dato más: según la Unión de Sindicatos de la Industria de la Madera de la República Argentina, hay 52 mil trabajadores registrados en el sector, y un promedio de 41% de trabajadores sumergidos en la informalidad, el doble que en la década de 1980. El nivel de cinismo del documento es escandaloso.

Aún así, los autores proponen invertir la ecuación: primero la “seguridad jurídica”, es decir, que ninguna ley los detenga, que ningún magistrado les ponga límites, que ninguna oenegé llame la atención sobre el impacto ambiental de la actividad; luego llegarán las inversiones para “sostener el empleo privado, incorporar tecnología para mejorar los estándares del ambiente, conservar superficie de bosques y producir energía limpia”.

Y por las dudas aclaran que no les gusta nada la mala prensa: “No tiene para nada un impacto positivo la información en los medios que puedan llegar a interrumpir las exportaciones, y así la viabilidad de exportar desde el Chaco se reduce”. O sea: también son víctimas de los medios de comunicación, responsables de que la sociedad desconozca “lo que hace el sector productivo por la conservación del ambiente y de los bosques nativos”.

El documento, publicado íntegramente aquí, expone un problema real, pero con un diagnóstico que sólo lo aleja más en la consideración de la opinión pública, que ve a la humanidad doblegarse ante una pandemia ocasionada por la prepotencia del hombre sobre la naturaleza, que ve inundaciones y sequías acentuadas por el desplazamiento de la frontera agropecuaria, que se ha acostumbrado a los incendios forestales y a los desmontes, y que ha llevado su umbral de desesperanza a niveles históricos.

Lamentablemente, Fechaco vuelve a perder una buena oportunidad de transformarse en una entidad representativa de toda la economía chaqueña, y no sólo de un puñado de empresarios.