A 30 años del último alzamiento militar contra el orden democrático en Argentina

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 A 30 años del último alzamiento militar contra el orden democrático en Argentina

Argentina cumplirá mañana 30 años libre de alzamientos o planteos militares contra el orden constitucional, después de que el 3 de diciembre de 1990 fuera sofocada a sangre y fuego una sublevación liderada por el coronel Mohamed Alí Seineldín tras 17 horas de combates y con un saldo de 14 muertos.

“Fue un hecho que marcó un punto de inflexión en la historia argentina porque permitió la consolidación del sistema democrático y el fin de las intervenciones de las Fuerzas Armadas en la vida institucional”, señaló el general Martín Balza (subjefe del Ejército cuando se produjo la rebelión y quien más tarde sería designado comandante de la fuerza por el entonces presidente Carlos Menem), consultado por Télam con motivo de la efemérides.

El de 1990 fue el cuarto motín que estalló en la entonces joven democracia argentina.

Liderados por el teniente coronel Aldo Rico, la fracción rebelde del Ejército que actuaba con el mote de los “carapintadas” se alzó contra el gobierno de Raúl Alfonsín en Semana Santa de 1987 y luego en febrero de 1988 en la localidad correntina de Monte Caseros.

En diciembre de 1988, Seineldín se alzó en Villa Martelli, en una sublevación que terminó con siete muertos como consecuencia de una represión policial contra grupos que manifestaban en la avenida General Paz contra los amotinados.

“En esas tres rebeliones hubo negociaciones con el poder político. Incluso en la sublevación de Villa Martelli hubo apoyos de sectores vinculados a lo que entonces era la oposición al gobierno de Alfonsín. Pero en diciembre de 1990, la decisión fue la de reprimir ese alzamiento sin hacer ninguna concesión”, recordó Balza.

A poco de asumir, Menen indultó a los carapintadas que se habían alzado en Villa Martelli y eso fue visto por algunos analistas como una comprobación de los vínculos que había tenido con Seineldín y su grupo.

“En los hechos de Villa Martelli (Dic 88) se materializó un pacto de honor entre algunos políticos que usted conoce, asumido también por los generales Caridi y Cáceres, los coroneles Toccalino y Díaz Loza (…) Mi objetivo era unir al Ejército, que Alfonsín y sus generales han dividido y humillado”, escribió Seineldín en un carta que dirigió a Menem en octubre de 1990, y que le valió un arresto en una unidad militar de San Martín de los Andes.

El grupo ligado a Seineldín comenzó a conspirar, algo de lo que tuvo conocimiento el Gobierno que, sin embargo, no actuó para abortar la rebelión que se inició en la madrugada del lunes 3 de diciembre.

La operación rebelde se denominó Virgen de Luján y el objetivo era la creación de una nueva institución que se denominaría “Ejército Nacional” para forzar cambios políticos en las Fuerzas Armadas y en el Gobierno.

El primer objetivo de los sublevados fue la toma del regimiento de Patricios en Palermo, donde murieron acribillados el teniente coronel Hernán Pita, el mayor Francisco Pedernera y el cabo primero Rolando Morales.

El jefe del Ejército Martín Felix Bonnet, con el aval del poder político, ordenó la inmediata represión de la rebelión e impuso un cerco en torno a la unidad donde se encontraba detenido Seineldín.

Rico, que había liderado dos alzamientos previos y apoyado el tercero, se mantuvo al margen de este intento, con el argumento de que coincidía con los objetivos que los carapintadas tenían en esta oportunidad.

“Sabíamos que teníamos que jugar una carrera contra el tiempo. Debíamos sofocar la rebelión antes de que llegara la noche y tratar que no se prolongara más allá de ese día, porque el 5 de diciembre llegaría el presidente de estados Unidos, George Bush, a Argentina en visita oficial”, repasó Balza.

Además, hubo otros seis focos de sublevación: dos en la provincia de Entre Ríos, uno en Olavarría, otro en la fábrica de tanques de Boulongne, en El Palomar, y en el edificio Libertador.

En Entre Ríos, los carapintadas mataron al soldado Javier Gómez y en Boulongne, un tanque conducido por un amotinado chocó contra un colectivo de la línea 60 y fallecieron cinco personas.

La situación comenzó a ser dominada por los efectivos leales al Gobierno y los pedidos de negociación por parte de los rebeldes fueron rechazados.

Los focos carapintadas cayeron y con la caída del sol, solo resistían los amotinados que se encontraban en el edificio Libertador, que era sobrevolado por aviones Skyhawk de la Armada.

Tras una serie de disparos de artillería a modo de intimidación, los rebeldes, cerca de 400, al mando del capitán Gustavo Breide Obeid, depusieron las armas y quedaron detenidos en la sede del Comando Antártico.

Hubo 14 muertos, más de 100 heridos y cuatro prófugos, uno de ellos, el oficial Rodolfo Barrios Saavedra, que terminó como general del Ejército Croata en la guerra contra los Serbios durante la sangrienta disolución de la ExYugoslavia.

Los responsables de la rebelión fueron condenados y Seineldín estuvo en prisión hasta 2003, cuando, en el final de su presidencia, Eduardo Duhalde le concedió el indulto.

“El fin de ese levantamiento permitió la consolidación de la democracia y el fin en Argentina del golpismo que padecimos desde 1930”, subrayó Balza, que al año siguiente fue designado jefe del Ejército, cargo en que permaneció hasta 1999.