La antipolítica en la TV pública chaqueña

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

Un avance millennial en Chaco TV ha ocasionado algún chisporroteo en el círculo rojo.

Vamos a hablar de eso.

Pero antes, unas precisiones de Sexto Grado: Chaco es un Estado autónomo dentro de la Argentina que, igual que el Estado nacional, tiene tres poderes. Para integrar dos de esos poderes, la Constitución “reconoce y asegura la existencia y personería jurídica de los partidos políticos, como orientadores de la opinión pública encaminados a intervenir legalmente en (su) formación”.

Los partidos políticos son instituciones fundamentales de la República: de ahí salen los candidatos a ocupar todos los cargos electivos. Ahora bien, si no te gustan los que hay, siempre podés votar a otro o formar un nuevo partido y presentarte a elecciones.

Lo que no podés hacer es eliminarlos; o eliminar un Poder del Estado. Eso hacen las dictaduras. Pero es, curiosamente, el camino sinuoso que recorre la antipolítica al legitimar, desde la iconoclasia millennial, la descalificación de la política organizada como estructuradora de la polis.

Todos se saben la teoría, pero pasa como con la Ley Nacional de Tránsito: se la aprenden para sacar la licencia de conducir y después salen a la calle, manejan como quieren, chocan y matan gente. Una encuesta a los y las chaqueñas sobre quién tiene prioridad de paso al llegar a una avenida zanjaría para siempre este debate.

Por eso sentimos un escalofrío cuando advertimos que los medios de comunicación pública se internan en esos laberintos. En un debate político de factura prolija esto no pasa, pero en un análisis de Chaco TV, el canal público provincial, la cosa se pone millennial y sabés dónde empieza pero no dónde termina. Ni siquiera lo sabe el columnista legislativo del magazine informativo “Toda la info”, Josías Abregú, protagonista de esta columna.

En un reciente “informe” que se vio más en Whatsapp que en la tele, Abregú quiso contar quiénes son los y las dieciséis diputades cuyos mandatos vencen en diciembre, y cuántos proyectos presentaron este año y el año pasado. Como decíamos: la cosa arrancó por ahí pero terminó en cualquier lado.

Por empezar no se entiende el objeto de la cuantificación, pero acá vamos: la peronista Elda Insaurralde presentó ¡cero proyectos en 2021!, y 24 el año pasado (de esos 24 posiblemente la mayoría fueran firmas de acompañamiento a proyectos ajenos, según Abregú). Al radical Alejandro Aradas le fue mejor: 63 proyectos en 2020 y 11 en 2021, aunque se llevó el sambenito de “denunciador serial”. Aurelio fue masacrado por presentar “proyectos de usurpación” de terrenos.

En un programa anterior Abregú había reconocido que en materia de leyes no estaba bien poner la cantidad sobre la calidad, ya que muchos malos proyectos no eran lo mismo que pocos buenos. Quizás hubiera sido razonable agregar el ratio de aprobación de cada legislador, porque no es lo mismo presentar 250 proyectos que terminen cajoneados, que uno que se convierta en ley provincial. Así de paso se hubiera entendido por qué el Presidente del Poder presenta menos proyectos que muchos de sus pares, pero su intervención es determinante para la aprobación de casi todas las leyes que salen de un parlamento.

Lo que sí dejó en claro el columnista fue que varios de esos dieciséis que se van probablemente quieran seguir atornillados a sus bancas, y por mucho que el electorado no quiera votar candidatos improductivos, hay que “hacer hincapié en la fuerza que tienen las estructuras políticas para determinar quién va primero, segundo, tercero. Capaz que no le vote la mayoría pero por alguna especie de algoritmo electoral pueda terminar ingresando”. Sí: para Abregú la Constitución y la Ley de Partidos Políticos son “una especie de algoritmo electoral”.

A esa altura el programa ya era una montaña rusa de improvisación. Entusiasmado por el tema analizado por Abregú, el panel se animó a sugerir que éste sería un buen momento para decretar el fin de las reelecciones indefinidas, entendiendo que no hay nada mejor que un año electoral para encarar una reforma constitucional y la modificación de las leyes de Partidos Políticos y Electoral.

Y así siguió la cosa, con un derrotero de interpretaciones hilarantes sobre el funcionamiento de los Cuerpos legislativos y los bloques unipersonales, hasta llegar al corolario de que no hay que angustiarse por quienes no consigan ingresar nuevamente en una lista porque terminarán ocupando algún cargo público en un instituto, organismo descentralizado o área del gobierno.

La antipolítica es un peligro para las democracias modernas, y en especial para las más frágiles, que hay que afrontar desde el Estado haciendo escuela, militando proyectos republicanos. Chaco TV, como canal público, no lo estaría entendiendo.