La app del enano fascista que todos llevamos dentro

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Por Cristian Muriel

Desde que se declaró la pandemia, hace un año y un mes, se acumularon 42.768 casos de coronavirus en Chaco, de los cuales 39.273 se recuperaron. De 1.200.000 habitantes, menos del 3% tuvo coronavirus, más del 97% no lo tuvo.

La “segunda ola” ha duplicado y hasta triplicado los casos diarios. Hoy hay unos 250 nuevos contagios cada 24 horas; en total son 2.486 casos activos. 2.382 personas cursan la enfermedad sin síntomas o con síntomas leves. Oficialmente las cepas de Manaos y de Río de Janeiro son cinco personas.

Ante este panorama, el gobierno provincial resolvió desarrollar una app denominada “Pasaporte Covid”, e “invitar” a 1.200.000 chaqueños y chaqueñas a bajarla de Google Play o de la Appstore. La app centraliza toda la información sanitaria del usuario, y reúne los permisos y trámites que hasta ahora estaban dispersos. Pero lo más importante, según el video de difusión, es que servirá “para circular”. Como un pasaporte de verdad.

En un zoom con la prensa que se llevó a cabo este miércoles, los técnicos de Ecom explicaron su funcionamiento y la denominaron “herramienta”. La pregunta es: ¿herramienta para qué?

Entre otras cosas, dijeron que buscan hacer un seguimiento de los casos activos y evitar que salgan a contagiar. ¿No era más lógico desarrollar una app para 250 contagiados por día (y sus contactos estrechos) con el consentimiento explícito de los mismos en vez de obligar a 1.200.000 personas a someterse a la tiranía de los geeks de Ecom? Incluso podrían llamarlos por teléfono al azar para confirmar que están en casa. Como decía el Viejo Vizcacha, “entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem”.

¿Qué aporta esta “herramienta” en una posta de control interprovincial? Nada: todas las comprobaciones que tenga que hacer la Policía las va a seguir haciendo con los sistemas de comunicación que ya tiene. Para acceder al PCR negativo de un ciudadano o al permiso de circulación ni siquiera necesitan que éste los lleve impresos o cuente con un código QR: alcanza con verificar su identidad mediante el único “documento” que la acredita, el DNI, y consultar la base de datos. Lo mismo se puede aplicar a las escuelas.

Pero el verdadero objetivo de la “herramienta”, confesaron, es que los propios ciudadanos controlen a los potenciales portadores del virus. O sea, transferir una función policíaca a la sociedad civil. Dieron el ejemplo del comerciante que después de tomarle la temperatura a un cliente y pedirle que se frote las manos con gel y se acomode el barbijo, usa la app para saber si aquél es “covid positivo” y está violando la cuarentena: en ese momento se dispara una alarma. No sabemos qué ocurre luego.

El problema de fondo, como se ve, no es ni el desconocimiento de los geeks sobre la universalización del acceso a Internet en los parajes de El Impenetrable (o a quince cuadras del microcentro de Resistencia), ni la inversión del principio de economía al desarrollar una app para 1.200.000 usuarios cuando sólo necesitan controlar a 2.400 familias, sino la audacia y la ligereza con que se llevan puesto el Estado de derecho.

El “Pasaporte Covid” no muestra una sola ventaja respecto a las “herramientas” que ya hay disponibles para prevenir, controlar y contener el coronavirus (una de las cuales es sin dudas la responsabilidad y el compromiso ciudadano) y sí una gran cantidad de dificultades operativas, además de su condición de panóptico. Ojalá se pusiera la misma enjundia para desarrollar una plataforma eficaz para que miles de pibas y pibes puedan hacer frente a un nuevo año sin presencialidad en las escuelas, ya que la experiencia de la educación a distancia en 2020 fue lamentable.