A 102 años de su nacimiento, Evita persiste como mito en sus valores, acciones y advertencias

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Por Martín Piqué

Al cumplirse hoy 102 años de su nacimiento, la figura de María Eva Duarte de Perón, nacida en Los Toldos el 7 de mayo de 1919 y recordada para siempre como Evita, condensa un poder simbólico que, en palabras del artista plástico e intelectual Daniel Santoro, puede definirse como un “ícono imposible de obviar” o como “una especie de dínamo que sigue funcionando más allá de su presencia”.

Esa persistencia propia del mito explica la capacidad para representar a través del tiempo valores, identidades y conflictos que están vigentes de la sociedad argentina, incluso en la segunda década del siglo XXI y el segundo año de la pandemia.

Son cuestiones profundas que una serie de hombres y mujeres que abordaron desde distintos planos la biografía de Evita resumieron, por pedido de Télam, en la igualdad, la entrega, la distinción entre justicia social y beneficencia, el renunciamiento -o corrimiento del ego, desprendimiento personal- y la reivindicación del fanatismo como fuerza colectiva de los pueblos.

La biografía de Evita, con su punto de inflexión en aquel festival del 22 de enero de 1944 en el Luna Park para recaudar fondos por el terremoto en San Juan, donde conoció a un coronel del Ejército de apellido Perón, también quedó asociada a la lealtad popular, a una religiosidad plebeya generada por el amor y la devoción de millones, aunque irritante para otros, a la pasión política, y también al antagonismo y el odio encarnado en las pintadas “viva el cáncer”.

Esta combinación de representaciones, de controversias sociales y fieros antagonismos, fue abordada en diálogo con esta agencia por intelectuales como Santoro, pintor y ensayista, quien en sus obras retrató las paradojas del peronismo, o la doctora en Sociología y rectora de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) Ana Jaramillo.

Lo mismo hicieron la diputada nacional Cristina Álvarez Rodríguez (Frente de Todos-Buenos Aires), sobrina nieta de la propia Evita, o el concejal de Hurlingham Damián Selci (también del FdT), autor de varios ensayos, como también el exlegislador y gremialista Lorenzo Pepe, histórico del peronismo, de 89 años, que preside de modo honorario el Instituto de Investigaciones Históricas “Juan Domingo Perón”.

Desde el mundo del cine aportó su mirada la realizadora Paula de Luque, quien en 2011 estrenó la película “Juan y Eva”, sobre la relación entre Eva y Perón, film que utiliza el recurso de la ficción para imaginar la intimidad de la pareja que fundó uno de los movimientos populares más importantes de América Latina.

Santoro, quien diseñó las dos gigantografías de Evita forjadas en hierro por el escultor Alejandro Marmo que fueron colocadas en las dos fachadas del edificio de 9 de julio y Belgrano, describió al peronismo como “una máquina de poder” pero al mismo tiempo (en referencia al momento de su irrupción, octubre de 1945) como “una novedad en el mundo de la política”.

En ese marco, siguió Santoro, “Eva Perón es una de las principales piezas de todo el mecanismo de construcción de esa invención política, que es una invención política de Perón”, aunque a partir de ese punto de partida Evita “se despliega y expande con una presencia” tan fuerte que el peronismo, al menos hasta su fallecimiento, el 26 de julio de 1952, adquiere una forma “bicéfala”.

“Eso le dio (al peronismo) la potencia definitiva, histórica, y claro, la forma en que Eva Perón hizo que eso pudiera funcionar es impresionante”, subrayó el artista plástico y ensayista, para quien Evita puso en práctica con muchísima fuerza algo que está “en el corazón del peronismo” y es la “donación simbólica”, por el acto en el que anunció su renunciamiento a la candidatura a vicepresidente, en agosto de 1951.

“Cuando Evita se define como un soldado fiel a la conducción de Perón, de ser ella misma una construcción de los deseos del general Perón, esa postergación, ese corrimiento de su ego, que tiene un carácter casi oriental, esa potencia, produce un hecho histórico que a través de los años la convierte en un ícono inviolable”, analizó Santoro, quien a lo largo de su obra aplicó conceptos de la historia del arte y de las imágenes, particularmente del historiador alemán Aby Warburg, para revisitar la potencia icónica del peronismo.

Para Santoro, la figura de Evita, al igual que todo el peronismo, está asociada a un humanismo que históricamente puso en el centro al ser humano y a la vida, aunque en el caso de la experiencia actual del Frente de Todos la necesidad de cuidar la salud frente a la segunda ola de la pandemia “entra en colisión con otro componente del peronismo, cierta cosa rebelde, cierta apuesta vital, una apuesta de riesgo de las cosas”, y esa contradicción -argumentó- causa una “encerrona” que en cierto modo “incomoda” a los peronistas.

“De pronto tenemos un rasgo nuevo, y es estar en una posición conservadora: la de cuidar la vida. Por eso yo creo que lo que viene diciendo (el presidente estadounidense Joe) Biden es muy útil para nosotros”, completó Santoro y, sobre ese punto, recordó un libro escrito por Perón pero firmado bajo el seudónimo de Descartes que compilaba artículos publicados en el diario Democracia y que lo mostraba elogioso deDwight Eisenhower y del New-Deal de Franklin Delano Roosevelt.

En el caso de Jaramillo, académica y autora del prólogo del libro “América latina, ahora o nunca”, escrito por Perón y editado en 2019 por Punto de Encuentro, una de las claves de la historia y la vigencia de Evita está concentrada en una frase que la mujer nacida en Los Toldos: “No habrá paz en el mundo mientras no exista justicia para los trabajadores”. “Nosotros, que somos educación para la paz, lo decimos también: con tanta desigualdad no hay posibilidad de paz”, insistió la rectora de la UNLa.

Jaramillo también puso el foco sobre el rencor y el enfrentamiento de parte de sectores del país que acompañó a Eva Perón tanto en vida como luego de fallecida, y sobre ese drama de la historia argentina contó que en la casa de estudios que dirige atesoraron a modo de símbolo un busto de Evita “roto, escondido, enterrado” que muchos años después, planteó, aún simboliza “el odio virulento”.

Desde el ámbito partidario, la diputada Álvarez Rodríguez aseguró que Eva Duarte encarna un “legado vivo” sobre el cual priorizó tres aspectos: el concepto de la “comunidad organizada” enarbolado por Perón, la idea de que el Estado tiene que reparar las desigualdades porque “donde hay una necesidad nace un derecho” y, por último, el protagonismo de las mujeres. “Hoy más que nunca Evita vive en el feminismo popular”, remarcó.

Otro protagonista de la política cotidiana, Selci, titular del Concejo Deliberante de Hurlingham y autor de los libros “Teoría de la militancia” y “La organización permanente”, recordó los planteos que hizo Evita en su obra “Mi mensaje” y destacó esa “defensa apasionada de la pasión, la defensa incluso fanática del fanatismo” como claves para entenderla y para entender, marcó, qué debe ser un militante político.

“Evita decía que los pueblos no le deben tener miedo al fanatismo, porque es una fuerza que pueden poseer para llevar adelante lo que quieren”, apuntó Selci,

Desde el ámbito gremial (durante muchos años fue el 2 de la Unión Ferroviaria) y con la experiencia de cuatro mandatos en el Congreso, el veterano Pepe eligió recordar el amor del pueblo por Evita, para lo cual se remontó a un viaje a las afueras de Añatuya, Santiago del Estero, en 1963, cuando ingresó al rancho de paja con piso de tierra de Doña Pancha (Francisca), que le iba a cocinar un cabrito y entonces observó en un rincón, casi escondida, una pequeña vela encendida dentro de una lata.

“¿Y por qué la vela, Doña Francisca?”, preguntó Pepe entonces y la respuesta, que rememoró decenas de veces hasta no olvidarla nunca, estuvo cargada de sentido: “Ah, la Iglesia nunca la va a reconocer, pero para nosotros Evita fue una santa”.

Según la cineasta De Luque, Evita “representó los buenos valores” que siguen en debate y puja en la sociedad argentina, ya que, para la directora de “Juan y Eva” en la actualidad, a partir de la pandemia, el país atraviesa una controversia en torno a “dilemas morales”.

Fuente: Télam.