Viviendo en la burbuja

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Por María Elina Serrano

Aunque estemos solos, estamos conectados. Aunque estemos rodeados de gente, estamos solos. Decimos “todo el mundo” cuando hablamos sobre lo que piensan, sienten, conocen, esperan, desean… los demás. Seamos realistas, nuestra burbuja personal y social… es “todo el mundo”.

Comunicarse con los demás se ha convertido en un gran desafío. Parece un contrasentido en tiempos de la hipercomunicación, pero a la velocidad que se vive, y con las posiciones tan radicalizadas que tienen distintos sectores sociales, la comunicación real se hace muy difícil. Conversar es un arte que cada vez se cultiva menos. “Decí lo que tenés que decir y listo. Nadie puede perder tanto tiempo con eso” dicen los menores de 40. Todo es veloz, breve, instantáneo. La charla también.

Generalizamos cosas. “Nadie”. “Todo el mundo”. Nuestro conocimiento se circunscribe perfectamente a un grupo finito de personas. “Todos” significa entonces “todos con los que me comunico”. En este grupo, no solo se incluye a la familia: pareja, padres, hijos, sino también a los amigos, compañeros de trabajo, contactos de las redes sociales, conocidos.

Perfectos desconocidos

Viviendo en la burbuja construimos nuestra propia realidad. Hoy es común conocer el interior de una casa donde jamás hemos estado, aún con personas que conocemos desde hace años. En el video chat vemos (y mostramos) bastante de la intimidad, estilo de vida, escuchamos los ruidos de la casa: alguien que esta cocinando, los ladridos de las mascotas, el llanto de un bebé o la ruidosa risa de los más chicos.

La comida en familia dejó de ser el momento de comunicarse. Compartir la mesa sin miar el teléfono, parece ser una misión imposible. Muchos padres intentan hacerlo para dar el ejemplo. Y cuando el primero toma el celular, significa que la comida finalizó. De nuevo cada uno, en su burbuja.

¿Dónde estamos en realidad? Donde está el cuerpo físico, o dónde está nuestra mente?

Nuevas necesidades

“Todo el mundo” conoce la pirámide de Maslow, una teoría psicológica sobre las necesidades humanas, desarrollada por  Abraham Maslow en 1.943. Realmente, es muy difundida en el ámbito empresarial, del marketing y la publicidad. Maslow expresa una jerarquía de necesidades humanas y establece que en la medida que se satisfagan las necesidades más elementales, las personas desarrollan necesidades más complejas y deseos más elevados. Estas son, desde abajo hacia arriba, en la pirámide:

  1. Necesidades fisiológicas:   necesidad de respirar, alimento y bebida, sueño, sexo. Están vinculadas a la supervivencia.
  2. Necesidades de seguridad: Son las producen el deseo de estar seguro y protegido, de los peligros externos y fenómenos meteorológicos. Seguridad de empleo, recursos, salud, propiedad privada.
  3. Necesidades sociales: son las de afiliación, la necesidad de pertenecer y tienen que ver con la naturaleza del hombre como ser social: amor, amistad, pareja, colegas, familia. Necesidad de pertenecer a algún colectivo social.
  4. Necesidades de reconocimiento: es la necesidad del reconocimiento propio y el de los demás, sentirse valioso, necesario, importante. Necesidad de éxito, respeto, confianza, prestigio.
  5. Necesidad de autorrealización: éste es el último nivel y actualmente se trata de la creatividad, motivación de crecimiento, la necesidad de ser, el liderazgo, trascender.

Actualmente hay otras necesidades, muchas veces tomadas en broma, que no dejan de ser reales. Para los habitantes de los nuevos años 20, son necesidades básicas: la disponibilidad de energía, la conexión wifi y el teléfono móvil con su cargador de batería. Es que sin eso, no es posible existir. La seguridad es la mensajería instantánea (Whatsapp) y el entorno de Google. Las necesidades sociales se satisfacen con las redes, el reconocimiento se logra con cada “me gusta”. En fin, la pirámide de Maslow adaptada al siglo XXI.

Vivir en la burbuja

Durante el 2020 a pesar de la crisis económica, las conexiones a internet, no descendieron. Para mantener la burbuja es posible renunciar a muchas cosas, pero no a estar conectados.

Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del último trimestre de 2020, se registró que el 63,8% de los hogares urbanos accede a una computadora y el 90%, a internet. En Argentina, 88 de cada 100 personas emplean teléfono celular y 85 de cada 100 utilizan internet.

La virtualidad también hizo que la edad del primer teléfono celular se reduzca considerablemente.
¿A qué edad es conveniente que un niño tenga su propio teléfono? Se aconseja después de los 14 años, pero la COVID vino a cambiarlo todo. En muchos hogares hay más personas que teléfonos, eso significa que los niños acceden al dispositivo de los adultos. Esto no es seguro para los niños, y los adultos deben decir adiós a la privacidad.

Leído en las redes

“Quiero trabajar y no saber más nada de nadie, vivir en la burbuja del trabajo a la casa y viceversa, nada más“. Agustina (20).
“Es lo mismo de siempre: vivir en la burbuja del privilegio, sin molestarse en estudiar otras culturas o formas de pensar”. Ricardo (38).
“Quiero vivir en la burbuja en la que vive Ivana Nadal”. Lourdes (34).
“Hay que vivir en una burbuja muy grande como para no darse cuenta las cosas que realmente ayudarían con la pandemia”. Emilia (26).
“Vivir en una burbuja amable e inclusiva es una utopía inventada en redes sociales”. Walter (48).

Twitter es la red social que más utilizan los políticos, periodistas y comunicadores. También se usa para la descarga furiosa y los comentarios ácidos. Otros escriben para sí mismos, una especie de Diario Íntimo, un registro on line en 280 caracteres por posteo.

A esta red pertenecen las frases anteriores. Seguimos cada uno en nuestra propia burbuja.
Y como todo el mundo sabe, confinamiento no es desconexión.

María Elina “Mali” Serrano es ingeniera, exministra de Ambiente de la Provincia y Vicepresidenta del COFEMA. Publicado primero en El País Digital.