Un chiste conocido por varios

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

No la desafortunada frase de Alberto sino la fórmula original, cuenta la escritora Alma Delia Murillo, está compilada en el libro de Cortázar “Clases de literatura. Berkeley, 1980”, y era “un chiste conocido por varios” con el que el autor de Rayuela respondió a una alumna que quería saber si era tan alto por tener ascendencia inglesa: “Como todo argentino (…) soy una especie cóctel genético porque ya lo dijimos en esta clase… ¿De dónde vienen los mexicanos? Vienen de los aztecas. ¿Y de dónde vienen los peruanos? Vienen de los incas. ¿Y de dónde vienen los argentinos? Vienen de los barcos”.

Alberto Fernández atribuyó la frase a Octavio Paz (que al parecer sí la dijo, con ironía igual que Cortázar) pero se le entreveró con el estribillo de la canción de Litto Nebbia “Llegamos de los barcos”, de 1982:

“Los brasileros salen de la selva
Los mejicanos vienen de los indios
Pero nosotros, los argentinos
Llegamos de los barcos”.

Por lo visto Nebbia también interpretó mal el chiste.

Carlos Fuentes, en “Nuevo Tiempo Mexicano”, de 1994, apunta: “Recientemente, el periodista Raúl Cremoux nos preguntó a un grupo de mexicanos: ‘¿Cuándo empezó México?’ Un tanto perplejo, consulté mi respuesta con un amigo argentino, toda vez que la Argentina es, en América Latina, el polo opuesto de México, tanto geográfica como culturalmente. Mi amigo, el novelista Martín Caparrós, me contestó primero con el famoso chiste: ‘Los mexicanos descienden de los aztecas. Los argentinos descendimos de los barcos’. Y es cierto: el carácter migratorio reciente de la Argentina contrasta con el perfil antiquísimo de México. Pero Caparrós me dijo algo más: ‘La verdadera diferencia es que la Argentina tiene un comienzo, pero México tiene un origen’”.

Nótese que mientras el “chiste conocido por varios” (por lo menos por Cortázar y Octavio Paz) es ingenioso, y su deriva compleja y rica, el estribillo de la canción de Litto Nebbia es burdo y etnocéntrico; le da la espalda a América, la des-civiliza, y a la Argentina no portuaria, es decir a toda la Argentina excepto ese solar de 203 kilómetros cuadrados que mira hacia el Atlántico, la des-habita, la transforma en yerma extensión de nada.

Pero toda esta especulación no tendría lugar si Alberto hubiera recordado la frase en su debido contexto y, al darse cuenta de lo polémica que podía resultar, se hubiese llamado a silencio. Porque a fin de cuentas estaba avanzando en la relación comercial bilateral con España y no era momento para asociaciones libres con el delegado del antiguo imperio conquistador.

El incómodo sincericidio presidencial, con el que secretamente convienen sus detractores, va en línea no sólo con la frase de Mauricio Macri al hablar en el Foro de Davos, en 2018 –“En Sudamérica todos somos descendientes de europeos”– sino con la mirada del “colono” que echó al indio de todas partes.

Sin ir más lejos, cada 2 de febrero la ciudad de Resistencia (que según la teoría más aceptada se llama así por la resistencia que los colonos opusieron a los constantes ataques indígenas) conmemora la llegada de los primeros inmigrantes friulanos en 1878, pero no celebra ningún hito de los tres pueblos originarios.

La bandera chaqueña tiene un arado y algodón, pero ninguna flecha o cuero de guazuncho; el verde representa al monte, no a quienes lo habitaron desde tiempos inmemoriales. En la canción oficial de la provincia, “Canta tu canto Chaco”, dedicada a los precipicios de guitarras, los campesinos y los arados, aparece una vez la palabra “lanzas”, en un contexto poco feliz, casi arqueológico. Y eso para no mencionar que Chaco tiene un “Instituto de Colonización”.

En los actos oficiales a ningún mandatario se le escapa el reconocimiento a los gringos que edificaron algo donde no había nada, y la canción más representativa del pueblo qom, “Antiguos dueños de las flechas”, la escribió el historiador porteño Félix Luna.

Alberto y miles de argentinos y argentinas necesitan deconstruirse para entender que el país que hoy abrazamos nació como tierra arrasada por ejércitos de ocupación. Y que vindicar el mestizaje como acto de penitencia, la “miscigenación”, como decía Jorge Amado, no es suficiente.