Ricardo el marino

Opinión Provinciales

Por Mónica Persoglia

Matilde era una mujer elegante, fina, aunque su profesión de cosmetóloga no le permitiera vivir con holgura. Era altiva, orgullosa. Fabricaba sus productos, y tenia una selecta clientela, allá por los años 50. Había enviudado muy joven con un solo hijo: Ricardo.

Ella, obsesiva de la pulcritud, no permitía al niño ensuciarse ni jugar con otros si su ropa luciría arrugada. Ricardo, siempre vestido de blanco, jugaba en soledad en un estrecho patio de su departamento.

Al cumplir 14 años, Matilde lo hizo ingresar en la Escuela de Marina. Ricardo lucía feliz. Era buen alumno. Entre los entrenamientos había que cursar natación, donde fue que en un episodio se hundió, creyeron que se había ahogado, porque tardó en volver a respirar.

Esto motivó primero, días de reposo, luego de encierro, Ricardo había entrado en pánico. Y el pánico se convirtió en un cambio de conducta, a la que llamaban “locura” por la falta de conocimientos, Ricardo ahora era “raro”.

Matilde se avergonzaba de ello, entonces estaba recluido en su habitación, donde sólo entraba Felisa, la sirvienta santiagueña, que lo atendía amorosamente.

Ricardo se hizo hombre, y se iba de la casa caminando hasta el puerto y se quedaba mirando los barcos. Podía quedarse hasta dos días y volver desaliñado, con la barba crecida, a lo que acudía Felisa con rapidez y lo higienizaba y llevaba su comida. A lo que Matilde trataba de no ver ni oír.

Un día cualquiera Matilde enfermó y debió ser internada, fue agravándose hasta que murió.

¿Qué hacer? Felisa acudió a unos vecinos para pedir ayuda y consejos. Ricardo único heredero y solo.

La acompañaron y orientaron y ella, Felisa, le compró una casita en una localidad bonaerense, donde llevó las pertenencias de Ricardo. El viviría allí, tenía 51 años y ella tres veces por semana lo visitaba para limpiarle la casa y llevar los comestibles. Se hizo cargo de él hasta el día de su muerte, en que apareció un hombre en el muelle, parecía dormido, era Ricardo, sin vida.

Antes se los ocultaba. Ricardo logró salir de su escondite y respirar el aire del mar.