El giro del círculo verde

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Por María Elina Serrano

Mientras el círculo rojo del poder político se encuentra ocupado en el cierre de listas, el ministro Matías Kulfas lanzó el Plan de Desarrollo Productivo Verde, una iniciativa para incorporar una visión sostenible en toda la producción argentina. Se propone articulación entre el Estado, el sector privado y la sociedad. Fomentar inversiones y transformaciones productivas, con foco en la economía circular. ¿Se podrá?

Tenemos un sueño

Quienes trabajamos desde hace años en las temáticas ambientales, recordamos con nostalgia esos momentos donde nos sentíamos los últimos románticos. En la Argentina, la formación profesional y académica ambiental a fines de los 80, era una disciplina extraña y novedosa. Biólogos, químicos, ingenieros y abogados comenzaron a interesarse por estos temas, presentes en la agenda internacional.

Para los jóvenes que vimos caer el Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989 ya no había imposibles. El fin de la muralla que había dividido al mundo durante casi 30 años, nos hizo imaginar que podríamos derribar otros paradigmas, como la antinomia producción – ambiente.

“Queremos transformar la crisis ambiental en una oportunidad para promover una transición ecológica hacia sectores productivos basados en la economía verde, debemos retomar un sendero de crecimiento con mirada integradora. La sustentabilidad ambiental debe trabajarse con sustentabilidad macroeconómica y social, eso es el desarrollo productivo verde. Cuidar el ambiente, creando empleo y protegiendo las variables macroeconómicas” dijo el ministro Kulfas el martes. Una historia que se remonta al siglo pasado.

Rio de Janeiro, Ciudad de Dios

La expresión sustentabilidad ambiental se popularizaba y ganaba adeptos, consolidándose con la Cumbre de la Tierra (Rio de Janeiro,1992) expresando “Todos los Estados y todas las personas deberán cooperar en la tarea esencial de erradicar la pobreza como requisito indispensable del desarrollo sostenible, a fin de reducir las disparidades en los niveles de vida y responder mejor a las necesidades de la mayoría de los pueblos del mundo.”

Entre sus 27 principios aparece el Principio 10, que busca asegurar que toda persona tenga acceso a la información, participe en la toma de decisiones y acceda a la justicia en asuntos ambientales.

Después de veinte años, mucho voluntarismo y pocos resultados reales, en la Cumbre Rio+20 (2012) se definen los derechos y obligaciones de los Estados en materia de ambiente y desarrollo, destacando: el derecho soberano de aprovechar sus propios recursos, la obligación de cooperar para erradicar la pobreza como paso indispensable para el desarrollo sostenible o que “la paz, el desarrollo y la protección del ambiente son interdependientes e inseparables”.

Tenemos un Plan

A pesar de los esfuerzos globales, ante la degradación ambiental el mundo necesita avanzar hacia una economía baja en carbono. Es urgente acelerar la acción climática, implementar políticas y programas que reduzcan los gases de efecto invernadero, destinando recursos a la innovación en la tecnología de la matriz productiva, así como a medidas de adaptación y mitigación del cambio climático.

La Argentina tiene mucho para aportar en esa transición ecológica: energías renovables, equipamiento, hidrógeno, minería de litio, cobre y plata, fabricación de baterías y vehículos eléctricos, entre otras iniciativas. La industria nacional puede aportar a estas soluciones y también renovar sus propias tecnologías para hacerlas compatibles con los desafíos ambientales.

En la presentación del Ministerio de Desarrollo Productivo, se mencionó que el Plan de Desarrollo Verde incluirá leyes, programas, nuevas líneas de financiamiento, capacitaciones y asistencia técnica, basados en cuatro ejes:

  • Industria nacional para la economía verde. Se incentivará la movilidad, las energías renovables, la industria del conocimiento, y la renovación de los sectores industriales hacia actividades verdes.
  • Transición hacia una economía circular. Se promoverá una mirada circular de la producción desde el diseño hasta el reciclaje de los productos, pasando por su consumo.
  • Producción sostenible para más competitividad. Se impulsará la adecuación de la producción, y así volver más competitivos a nuestros productos.
  • Industrialización sostenible de los recursos naturales. Se integrarán a los actores locales, las economías regionales y la industria nacional para el desarrollo verde de la economía argentina.
  • Para lograrlo, se utilizarán como instrumentos: aportes no reembolsables, financiamiento subsidiado, capacitaciones, asistencia técnica, rondas de negocios, sellos de buen diseño, ferias comerciales y reglamentos técnicos.

El resumen de los programas a implementar a corto y mediano plazo, prevé una enorme movilización de recursos en diferentes líneas, incluyendo:

  • PyMes Verdes (3.300 empresas)
  • Programa de Desarrollo de Proveedores (20 empresas)
  • Soluciona Verde (25 empresas)
  • Desarrollo industria solar térmica (25 empresas)
  • Integración nacional de bicicletas eléctricas (15 empresas – 20 mil usuarios)
  • Programa de Desarrollo de Economía Circular (40 cooperativas)
  • Clúster Renovables (100 empresas)
  • Industrialización Verde (12 empresas)
  • Pilotos de reciclado y disminución de residuos plásticos (10 empresas)
  • También se propone una iniciativa legislativa, la Ley de Movilidad Sustentable que crearía un régimen especial de fomento para tecnologías de movilidad no convencionales, con rol preponderante del transporte público de pasajeros y foco especial en los vehículos con baterías de litio.

El arte de lo posible

Nada se logrará si no se puede armar un espacio sólido de articulación entre los programas gubernamentales de distintos ministerios, el apoyo de los organismos internacionales, la sociedad civil y los actores clave de todo el territorio nacional: gobernadores, intendentes, legisladores, empresarios, organizaciones y la academia, que preparará a los protagonistas de los nuevos empleos.

Si cada cual atiende su propio juego, este plan ambicioso quedará sepultado bajo el manto de buenas intenciones e ideas creativas. La innovación y la sustentabilidad también deben llegar a la gestión pública: no hay sostenibilidad ambiental si las políticas no tienen en cuenta la sostenibilidad macroeconómica y la sostenibilidad social.

Que la unión sea más que una palabra, que sea una bandera y que nos envuelva a todos, sin mezquindades. Difícil, pero no imposible, que el círculo verde pueda comenzar a girar.

María Elina “Mali” Serrano es ingeniera, exministra de Ambiente de la Provincia y Vicepresidenta del COFEMA. Publicado primero en El País Digital.