Segundos afuera

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

Ángel Rozas retomó las riendas del armado político radical cuando vio que su prole estaba tirando por la borda todo lo que había edificado. Las conductas tribales posteriores a la derrota de Macri, el enfrentamiento judicial por una banca entre Claudia González y Gustavo Corradi, el pedido de expulsión del concejal Ortiz Melgratti y las embestidas contra Aída Ayala, fueron un punto de quiebre.

Pero el exgobernador no se limitó a la redacción de una lista de candidatos sino que se metió de lleno en la campaña, tras sentenciar que al espacio liderado por Jorge Capitanich le queda poco hilo: “Después de tantos años están en proceso de agotamiento, de fin de ciclo”, le dijo a Canal 9. No fue una chicana, fue un diagnóstico.

Estrategias. Así como Jorge Capitanich apuesta a derramar sobre la lista grande del Frente de Todos sus logros de gestión, Rozas se pone al hombro la campaña de Yo Cambio exhibiendo destellos de su mito algo oxidado. Ambos, apenas involuntariamente, invisibilizan a sus candidatos para que el eje pase por cualquier lado menos por las listas y los proyectos.

Y no es que las listas sean malas (siempre pueden ser peores) o que no haya proyectos (siempre se puede homenajear al Profesor Jirafales). Es que la política no encuentra, aún hoy, cómo justificar una elección legislativa ante la opinión pública. No por nada una de las propuestas más duras de la reforma política de Jorge Capitanich en 2019 fue bajar el número de diputados provinciales. Hay en la sociedad la convicción de que el rol de los parlamentos es “dar fe”, convalidar transas, y no es momento de poner eso a prueba.

Como en el barrio. En vez de alejarse discursivamente de las demandas sociales provocadas por la crisis y la pandemia, Jorge Capitanich y Ángel Rozas llevan la pelea al terreno que más les gusta. Parados en el centro del cuadrilátero, solos –segundos afuera–, hacen política “de los ochenta”, analógica. El jefe del PJ se jacta de haber construido casas, caminos y cloacas, y cada acto político tiene o un corte de cinta o una entrega de vehículos; Rozas, entretanto, lo acusa de levantar obras faraónicas y olvidarse de la gente, y de ser el responsable de la pobreza en Chaco.

Pese a que Rozas no tiene mucho que ofrecer porque su único capital en la historia reciente son las bancas, el que parece perturbado e irritable es Capitanich, y sus motivos no están del todo claros. Para colmo, la filtración de la insólita falla en la logística y la seguridad de su custodia personal, que permitió que una docente le cierre el paso y lo increpe en plena vía pública, le propinó al Frente de Todos el peor golpe político en lo que va de la campaña. Sin contratar a ninguna agencia ni poner un peso, una cadena de Whatsapp le hizo más daño que todos los ataques del radicalismo por los bajos salarios y el costo de la factura de luz.

El episodio es menor pero evitable, y también expone la ausencia de una táctica de mitigación de daños en el oficialismo. Nadie hizo nada, nadie supo por dónde salir de la encerrona. Los candidatos a diputados y diputadas del Frente de Todos, como en una realidad paralela, siguieron desparramando consignas ligeras como el aire de la montaña, como si no hubiera pasado nada.

“Es difícil porque todos los políticos tendemos a creernos medio imprescindibles, estamos llenos de egos y creemos que si nosotros no estamos, las cosas no funcionan, y no es así”, reflexiona Rozas con sabiduría “de viejo”. El “fin de ciclo” que menciona el caudillo radical remite a otros fines de ciclo de grandes liderazgos, como el de Perón o el de Cristina, en los que a falta de “herederos naturales” lo que vino después fue el abismo. Y Rozas quiere aprovecharlo.