Picarones de cabotaje

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Por Cristian Muriel

Polini, el candidato del radicalismo chaqueño, le escribe una carta a Alberto. Allí, en un ejercicio falaz, le enumera casos de personas a las que las autoridades impidieron despedirse de sus muertos. Le dice que mientras él festejaba un cumple a hurtadillas, la gente se moría o se hacía pobre o cerraba sus negocios. La canallada consiste en oponer “La Foto”, en una relación supuestamente causal, a diversas tragedias.

Mientras afirma que habla en nombre de la mayoría de los argentinos, Polini se para no sólo en un lugar no neutral por ser un dirigente opositor, sino en uno profundamente hostil. Siente que no tiene que dar explicaciones; sólo pedirlas.

En ese lugar están él y casi todos los dirigentes radicales del país, hoy arrodillados ante la majestad de Pato Bullrich, que también se contagió coronavirus por violar la cuarentena; de Macri, que volvió al país y violó el aislamiento que él mismo se había comprometido a cumplir, y de otros “halcones” del Pro que son libertarios contra la “infectadura”, pero en cuanto el presidente se saca el barbijo en su residencia se vuelven obsesivos de los cuidados sanitarios y del alcohol en gel.

Este radicalismo fagocitado y regurgitado por el Pro, sentenciado a bailar al ritmo de “La Piba”, también está guionado por los diarios de Magnetto y Mitre. La Nación, aparte de “La Foto” (once notas sólo en la portada de hoy, y así día tras día) y de noticias como el enojo de Lanata con Longobardi por haberle entregado tarde el programa, tiene poco y nada para agregar.

“La Foto” sintetiza el clivaje de esta corruptela que es necesario explotar desde todos los ángulos posibles. Si estuvo bien o si estuvo mal (a Alberto le recomendaron que pida disculpas, que diga que estuvo mal) es otro cantar. Cuando un hecho se califica editorialmente como “polémico” o “escandaloso” en un diario que hegemoniza la palabra, ya está todo dicho.

Días atrás un compinche de derecha me preguntaba con sarcasmo si iba a escribir algo sobre “La Foto” en la Quinta de Olivos. Le dije que si no había escrito sobre las decenas de visitas de jueces a Macri para perseguir opositores, que terminaban sistemáticamente procesados y con prisiones preventivas, menos iba a escribir sobre esta auténtica pelotudez. Pero me equivoqué.

Aunque irrelevante en sí misma, “La Foto” sí amerita alguna apostilla, porque es utilizada por tipos como Polini para la canallada que mencioné más arriba (el uso de la falacia no formal, el “yo cambio corrupción por honestidad” y otros pases de magia para marcar una presunta oposición entre vieja y nueva política) pero también para ocultar la tragedia que ellos mismos le vendieron a los argentinos y argentinas, en nombre de quienes ahora dicen hablar, en 2015.

Polini habla de empresas cerradas y de aumento de la pobreza, y ahí mete la pata, porque aunque pesque en la pecera del antiperonismo, carecer del menor registro autocrítico por haber contribuido a que una casta de empresarios fugaran US$ 86 mil millones creando un ciclo fatal de endeudamiento en un país que no terminaba de levantar cabeza, lo convierte en cómplice. “La Foto”, por lo tanto, es un instrumento de impunidad para estos picarones de cabotaje.