Ser o no ser… Chiyo

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

El discurso de la oposición chaqueña afirma que el “kirchnerismo” gobernó durante quince años y no consiguió sacar adelante la economía, no por incapacidad sino por vandalismo. El clivaje identitario que propone es “modelo serio” versus “asociación ilícita”, y por supuesto se caracteriza a sí misma como la opción seria, mientras señala con el dedo la herencia cercana del peppismo judicializado.

De la herencia que no se hace cargo es de la macrista. Por eso Zdero y Polini hablan del gobierno nacional como una lejana y borrosa entidad que envía dinero para que los peronistas chaqueños se lo patinen, y enseguida se ubican en la pelea local: “Es el tiempo de ponerle un freno al gobierno y a su mayoría absoluta en la Legislatura”, claman caracterizando a las mayorías como un rasgo negativo de la democracia.

Y ahí justamente radica la verdadera agenda de la oposición: lo que está yendo a buscar es el voto furioso no republicano, por eso apunta al pathos de un electorado “harto” y construye sus argumentos a partir de indicadores económicos y sociales negativos. Lo que está yendo a disputar, en suma, es el voto a la familia Bacileff Ivanoff, que invita a pasar la escobillada, vital para al menos conservar las seis bancas que pone en juego.

Y es allí donde lo tienen difícil, porque lo que les demanda ese “decil” para ganarse su voto no es ser menos radicales o ser antiperonistas: es ya no ser; ya no ser lo que son, lo que representan; ya no ser políticos. Juan Carlos Bacileff Ivanoff lo era y dejó de serlo: se purificó por el fuego, construyó con perseverancia y un poco de locura la imagen de un outsider.

El recuerdo de las calles tomadas, del miedo en la noche, de los oficiales de policía haciendo frente a hordas de saqueadores dispuestos a arrasar con la civilización; las zonas liberadas por los suboficiales en rebeldía, los comerciantes atrincherados en sus negocios, armados y decididos a defender a los tiros sus cuatro cajas de mercaderías; la policía y el gobierno negociando salarios a punta de pistola con un ministro secuestrado en una comisaría; él mismo, Chiyo Bacileff Ivanoff, destrozando en TN a Jorge Capitanich y a Parrilli; él mismo amenazando con revelar la identidad de los dirigentes piqueteros que vivían en el microcentro…

La capacidad de responsabilizarse y des-responsabilizarse como si no hubiera una sola certeza en el mundo y las palabras sólo sirvieran para obtener algún consuelo momentáneo, en un tiempo en el que la oposición y la prensa hegemónica se habían pasado de rosca y conspiraban abiertamente contra el gobierno de CFK, quizás explique cómo Chiyo pasó de ser a no ser; del sentido al sin-sentido. Y por eso es tan difícil para la oposición, para Polini y Zdero, ir por ese voto.

Dicen que son la alternativa para una sociedad que quiere cambiar “un gobierno que está agotado” tras quince años de hacer mal las cosas, obviando que esa sociedad votó al actual gobierno hace tan sólo dos, y de manera mayoritaria. Tampoco aciertan a convencer a la derecha eléctrica que quiere a Chiyo El Segador arrancando de cuajo hasta el último rastro de la “vieja política”. Están complicados.