La mentira radical del “equilibrio” legislativo

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

Si el hashtag del Frente de Todos (#DefenderChaco) es inexplicable, la agenda de campaña de la oposición es peor: errática, por momentos vergonzosa, y ahora también falaz.

Que Leando Zdero, ante la evidencia de que el acueducto está llegando a zonas urbanas, diga que “están los caños pero el agua no aparece”, es para preguntarse si contrató a un comediante en lugar de un asesor político. Ni qué decir de Polini criticando la inflación y los negocios cerrados por la crisis, o de Livio culpando a Capitanich por el elevado monto de la deuda pública que él mismo votó.

Ahora se suma Jessica González, prosecretaria del Comité Provincial de la UCR, al desempolvar un eslogan de Zdero de unas semanas atrás y afirmar que la Legislatura necesita recuperar el equilibrio de fuerzas para dejar de ser “una escribanía en la que se aprueban o cajonean leyes de acuerdo al interés y conveniencia del oficialismo”.

A diferencia del chiste de los caños y de la inmoralidad de desconocer la responsabilidad macrista en la crisis, el planteo de González es “político”. Por un lado, pide “memoria”: una revisión meticulosa de la actividad del Cuerpo en los últimos cuatro años (no sabemos por qué no en los últimos dos). Por otro, pide paridad político-partidaria (que haya más diputadas y diputados radicales, y menos peronistas) para jerarquizar el rol “fiscalizador” del parlamento.

Si es por cantidad de leyes, desde marzo de este año hasta el pasado 23 de agosto la legislatura chaqueña fue récord a nivel nacional (también lo fue en 2020) con 119 normas sancionadas, de las cuales 68 están vigentes. Esto se dio con un bloque radical de tan solo 10 representantes sobre un total de 32 diputades. En Corrientes, donde la proporción es inversa (el macrismo-radicalismo tiene 20 diputados y el PJ sólo 9) se sancionaron apenas 25 leyes, y las vigentes son 14.

Pero el problema, según González, es cualitativo: las leyes aprobadas son sencillamente malas. Da algunos ejemplos: Ley de Educación Digital, autorización para la venta de inmuebles del Estado provincial, etcétera. La pregunta es: ¿cómo se explica que pese a la férrea oposición del radicalismo, esos proyectos hayan prosperado? Según González, “la práctica indica que el justicialismo cuenta con el bloque mayoritario y con varios aliados que le proporcionan el quórum necesario para tratar los proyectos que desean”.

Pero esto es inexacto. Lo que en realidad indica la práctica es que en debates importantes el oficialismo no contó con el voto aliado, ni con el voto del CER, y mucho menos con el del interbloque radical. El mejor ejemplo son las últimas dos sesiones ordinarias caídas por falta de quórum, en las que el Frente Chaqueño no consiguió transferir tierras provinciales a la Municipalidad de Resistencia. Es exactamente lo opuesto al concepto de “escribanía”, donde los levantamanos avalan cualquier capricho del Ejecutivo. Fueron, lisa y llanamente, las reglas de la democracia. Y en esa categoría ingresan “los cerca de 200 pedidos de informes bloqueados”, mal que le pese a González.

Pero al pedir “memoria” se hunde más y más. “Si en 14 años no lograron consensos (se refiere a los consensos entre el PJ y la oposición) es porque no dieron buenos ejemplos”, dice. Pero sí lograron consensos, porque fue el radicalismo (Carim Peche, Leandro Zdero y Roy Nikisch, entre otros) el que aportó los votos que necesitaba Domingo Peppo para aprobar el “arreglo” con CAMMESA por $ 4.200 millones. Y antes, más o menos con los mismos votos, el que avaló el endeudamiento por $ 4.500 millones para pagar la deuda a los judiciales. La deuda pública por la que hoy Livio Gutiérrez acusa a Jorge Capitanich es justamente la que él votó, cuando Peche dijo: “Nos vamos a hacer cargo de algo que no pudieron resolver desde 2013”.

Que el radicalismo, que llegó a tener quórum propio en los 90 y votaba lo que Ángel Rozas le ponía adelante, y que acompañó con su voto el mega-endeudamiento de Peppo impulsado por el gobierno de Mauricio Macri, argumente que hay que equilibrar la balanza para controlar al Ejecutivo, no sólo es falaz sino caradura.

Sorprende el intento de convertir su fracaso político en un rasgo positivo de la oferta electoral, así como sorprende que Macri, que perdió las elecciones por endeudar al país, haga campaña diciendo que se endeudó poquito.

En lugar de proponer mejores leyes para revertir su ya histórico fracaso y para que chaqueños y chaqueñas tengan una mejor calidad de vida, la invitación de Jessica González y de la UCR es dedicarse al control cruzado. “Esta vez no se trata de mejorar el modelo de gobierno, ni de administrar la gestión; se trata de poner un freno a tanta impunidad”, concluye empeñada en lograr un triunfo histórico, categórico, del peronismo.