Después del silencio

Opinión Política Provinciales

Por Cristian Muriel

Esta semana la prensa hegemónica y sus coreutas volvieron a encontrar un tópico para llenar los pocos y valiosos minutos que tiene la gente para informarse antes de caer en un estado de saturación catatónica. Nada, ni siquiera el atentado contra un legislador correntino a la vista de todo el mundo, movió un milímetro la agenda del frente mediático opositor.

Cuando la epopeya de los carpinchos tomando Nordelta había perdido seriedad (especialmente porque la opinión pública se puso de lado de los roedores) se viralizó la grabación de una profe de Historia, Laura Virgina Radetich, de 59 años, defendiendo enfáticamente la gestión de gobierno del kirchnerismo.

Los medios antiperonistas locales, opositores durante gobiernos de ese signo político y revisionistas de las atrocidades peronistas durante los gobiernos liberales, se entusiasmaron: “El polémico video que causa indignación”; y desde luego se solazaron cuando se supo que la docente había sido suspendida.

“Sacados”

Según el especialista en salud laboral Jorge Kohen, la pérdida de la función pedagógica formativa de las escuelas para volver a ser ámbitos alimentarios y de contención social de los sectores de menores ingresos, profundizada durante el macrismo, es la causa principal del estrés laboral en los trabajadores de la educación. A esto hay que sumar la pandemia de coronavirus.

“La violencia penetró desde el 2016 aún más en la trama del proceso educativo y en la escuela, transformándose en el factor psicosocial más importante del proceso de trabajo docente, y los docentes quedaron expuestos a las muy diversas formas de manifestaciones de la violencia laboral”, señalaba Kohen en una entrevista a Rosario|12 el año pasado. Las principales causas de pedidos de licencia: variantes de fatiga crónica, Burnout, depresión, trastornos osteomusculares, trastornos ginecológicos y manifestaciones patológicas de la voz.

Pero el beneficio de la locura no es un buen argumento para explicar lo que pasó con la profesora Radetich. Se merece más que la condescendencia de, por ejemplo, la ministra de Seguridad de la Nación, Sabrina Frederic, que pontificó: “Si hubiese estado más calma, hubiera sido hasta más fácil discutir y argumentar”.

El que sí entendió fue el presidente Alberto Fernández, que además lleva años como docente de la UBA: “Que haya tenido ese debate es formidable. Es un debate que abre las cabezas de los alumnos, es una forma de invitar a discutir, de invitar a pensar y de abrir la cabeza de la gente”. ¿El problema es que defendió su postura con apasionamiento?

Detrás del silencio

En la coreografía de nado sincronizado contra la profesora Radetich –y contra el kirchnerismo– hay un componente ideológico subyacente que reviste auténtica gravedad, y sobre el que es necesario alertar.

La campaña de memes que las usinas de propaganda opositora desplegaron en Whatsapp y redes incluyó un fragmento de la película “Después del silencio” (1956) de Lucas Demare, en el que se ve a una maestra que insta al alumno a decir que “el creador de la nueva Argentina” es Juan Domingo Perón. El chico, asustado al principio, finalmente clama: “¡La Argentina es una sola, nació el 25 de mayo de 1810 y nadie podrá dividirla!”.

En el intento de comparar el retrato grotesco de una maestra del primer peronismo con la profesora de Historia que defiende al kirchnerismo, es decir, de exponer el supuesto rol de los docentes como agentes de adoctrinamiento peroncho, la oposición se desentiende de un dato clave: “Después del silencio” es un consciente instrumento de propaganda de la dictadura militar autodenominada “Revolución Libertadora”, que busca desesperadamente ocultar su propia ilegitimidad.

Apenas unos meses antes, el 23 de septiembre de 1955, el proceso encabezado por los generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu había derrocado al gobierno democrático de Juan Domingo Perón bombardeando la Plaza de Mayo con la Fuerza Aérea, para inmediatamente cerrar el Congreso y deponer a todos los miembros de la Corte.

Durante la filmación de esa película el gobierno de facto estaba persiguiendo y asesinando opositores, como lo testimonian Salvador Ferla en “Mártires y Verdugos”, y Rodolfo Walsh “Operación Masacre”. De allí la sustitución de “libertadora” por “fusiladora” al recordar esa “revolución”.

El profe

La actitud irreflexiva, acrítica de la oposición, no es nueva y apela insistentemente al sentimiento antiperonista de una parte de la sociedad, aún a riesgo de agitar fantasmas temibles. Es una oposición que condena a una docente que defiende un gobierno democrático popular, pero calla cuando otro docente, con mucho más predicamento no sólo en el alumnado sino en la sociedad, defiende a un gobierno de facto y sus atrocidades.

En efecto, ninguno de los indignados con la profesora de Historia emitió la menor queja cuando en 2008 el entonces profesor de Derecho Penal y Vicedecano de Derecho de la UNNE, Jorge Eduardo Buompadre, asumió la “defensa técnica” de los genocidas Juan Carlos Demarchi y Rafael Barreiro en el marco de la causa por crímenes de lesa humanidad cometidos en el Regimiento de Infantería 9 durante la última dictadura.

El apasionamiento con el que Buompadre cargaba contra los fiscales, tanto en el Tribunal Oral Federal de Corrientes como en la prensa, estaba lejos de asimilarse a la mera garantía de defensa en juicio: era un militante de la causa, lo mismo que la mediática defensora de los derechos de los genocidas que visitó Corrientes esos días, Cecilia Pando.

Frente al Tribunal, de un lado concentraban las organizaciones de DDHH que esperaban una condena ejemplar; del otro lado, “la popu” de los genocidas, un extracto de la rancia oligarquía correntina que metía miedo. Y es que el capitán De Marchi (“El Electricista”) había devenido empresario ganadero y hasta había presidido la Sociedad Rural de la provincia. Era uno de ellos. Como Buompadre.

Ni siquiera las condenas a los imputados, que no serían las últimas, hicieron cambiar de opinión a la clase tilinga y la prensa que pensaba igual que ellos.

Todavía no se filmó una peli que retrate a un profe como Buompadre, que pierde un juicio pero no ceja en su verdadera misión, que es seguir formando, como docente de Derecho Penal, a generaciones de futuros abogados.