Gracias, Mario

Opinión Provinciales Sociedad

Por Mónica Persoglia

En general los agradecimientos u homenajes se los hacen a los maestros o profesores. Pocas veces un docente a un alumnos. Yo tengo mucho que agradecer porque ellos me ayudaron a crecer y conocerme y mejorar como persona.

Trabajé en un establecimiento destinado a adolescentes en riesgo. La mayoría tenía experiencia con la policía, muchos no tenían familia constituida, La tarea era poder ganarse la confianza de ellos para aconsejarlos y guiarlos, además de enseñarles un oficio. Eran hoscos. Me costaba cuatro meses me permitieran ponerle la mano en el hombro. Rehusaban al contacto físico.

Me acuerdo de Mario. Me miraba de lejos y me saludaba con una sonrisa. Con el tiempo esperaba la hora de visitarme en el Gabinete para contarme cualquier banalidad. Yo a veces le convidaba con algo porque sabía que estaba en ayunas.

Nuestras conversaciones cada vez eran mas largas, lo que me permitía aconsejarlo. Lo que yo no me había dado cuenta que mientas hablábamos yo me sacaba un zapato y ponía mi pie sobre el piso.

Un día, luego de llenar unos papeles me quiero levantar… me faltaba un zapato… rengueando voy a un aula y lo veo a Mario abrazado a mi zapato!!!!

Me acerqué, se lo pedí, me lo dio con una sonrisa pícara… No me enojé… era una manera de llamarme la atención. Entonces, todos los días yo le llevaba torrejitas para la media mañana. Y me seguía visitando en el Gabinete de Orientación.

No olvidaré el cambio de su rostro, ya no era hosco. Me miraba a la cara. Me sonreía.

El me enseñó que con paciencia, cariño se gana la confianza.

Mario, terminó herrería. ¿Qué será de él ahora?

Me enternece su recuerdo.